Capítulo 9
Meredith se desplomó en una silla. Lo que su hermano le decía había acabado con ella. Estaba devastada.
—Pero si ha sido un accidente. Ese caballero es inocente de cualquier cosa —contó Meredith.
—Lo sé, Meredith. Si yo lo hubiese visto en lugar de lady Kirby, créeme que no estaríamos en esta situación, pero fue ella quien los vio.
Ella lo único que quiere es que te cases y colocará tu nombre y el de la familia en boca de todos.
No podrás salir a la calle porque dirán que tienes la falda ligera y una gran afición al alcohol.
—Todo es tu culpa. ¿Por qué no me dijiste aquí lo de lord Abingdon? ¿Por qué arruinaste la noche más importante de mi vida?
—¿Sabes por qué? Porque no quería que apareciera y comenzaran las habladurías sobre ti, pero por tu tontería todo salió mal, Meredith. ¿Cómo se te ha ocurrido beber de esa manera?
Ella no tenía justificación. Había sido por liga de Imogen, pues su amiga estaba muy comprometida con su dolor.
—Fue por accidente.
—Para ti todo se soluciona diciendo que fue un accidente.
Una seguidilla de accidentes te ha puesto contra la espada y la pared.
No quiero que te cases sin saber con quién.
En todo caso, si quieres permanecer aquí y aceptar a ese poco educado caballero como tu esposo, lo conocerás antes de contraer matrimonio.
No enviaré a ninguna de mis hermanas sin asegurarme de que serán bien tratadas.
Una vez que te cases, dejarás de ser mi responsabilidad y mi deber ya no será velar por ti.
Lamento que esto tenga que ocurrir, Meredith.
Si no quieres responder ahora, te daré un par de días y si no respondes, tomaré la decisión por ti.
Evaluaré el nivel del escándalo para no apresurarnos.
Dios permita que lady Kirby no haga una tontería.
—¿Y si hablamos para que no se lo diga a nadie?
—Es una esperanza para ti, pero no puedo asegurar nada sobre los demás que vieron el asunto desde el salón. La situación es complicada, Meredith, y no hay mucho que se pueda hacer para salvarte.
—Pero, Spencer, no quiero separarme de mis hermanas.
Spencer cerró los ojos. Se sentía tan quebrantado por lo que ocurría con su hermana, que no tenía claridad en ningún aspecto de su vida en aquel instante. Lo único que deseaba era mejorar la situación.
—Entonces entiendo que prefieres casarte con ese individuo.
—No, pero no pierdo la esperanza de que lady Kirby no diga nada por el bien de mi reputación. Si es una dama casadera, deseará conservarla. Además, la anfitriona del baile no querrá que su buen nombre esté embarrado por un hecho tan lamentable.
—Si esto escapa de la boca de lady Kirby, nadie más te invitará a ninguna velada... Tu opción si no quieres casarte es irte de Londres.
—Esa no es una opción para mí.
—Piensa bien en todo, Meredith, y dame tu respuesta pronto, pues como he dicho antes, puedo tomar la decisión por ti y prefiero que estés al tanto.
—Lo haré, Spencer.
—Ahora ve a hacer algo, no sé qué, pero el jardín sigue estando prohibido. No quiero que ese sinvergüenza aparezca en tu momento más vulnerable y terminemos arrepentidos.
Meredith acató la orden de su hermano y salió del despacho. Spencer se quedó sentado en su asiento y la señorita Harting comenzó a caminar por el sitio.
—Señorita Harting, me está mareando —contó Spencer.
—No puede dejarle opción, lord Nottingham. Debe obligarla a casarse. Esto es un asunto importante.
—Lo sé, señorita Harting, pero quiero que todas mis hermanas sean felices. Si Meredith se casa con alguien que no la ama y ella no lo ama, la infelicidad será insoportable.
—Milord, ella tendrá toda su vida para conocer al caballero. Si es un hombre honorable, tendrá que asumir las consecuencias de un lugar inoportuno. Comprendo que existen posibilidades de inocencia, pero nadie juzgará eso, sino que lo harán por las palabras que una matrona puede decir.
—¿Me recomienda que converse con lady Kirby?
—Si usted cree que podrá conseguir algo, hágalo.
Spencer tenía en mente aferrarse a la mejor forma de salvar a su hermana de un inminente matrimonio.
Apelaría a la buena voluntad de la mujer para que Meredith continuara con su vida normal.
No sabía quiénes eran los otros nobles que presenciaron el escándalo y no creía que aquellos se quedaran callados, pero si conseguía que lady Kirby negara todo, estarían salvados.
Meredith solo pudo refugiarse en el pianoforte de la casa.
Su situación era incierta y deseaba echarse a llorar con amargura, pero no pasaría nada, su realidad era que se había quedado con el corazón partido y un escándalo en puerta.
Sus años de estudio y buen comportamiento no le habían servido de nada.
Sería marginada hasta en su propia casa.
¿Qué ocurriría con ella? Casarse era la meta de su vida y tenía una oportunidad de hacerlo, pero no quería que fuera de esa manera.
Ella había soñado con el amor, al menos con el amor de Dimitry.
Las parejas a su alrededor se amaban y ella quería algo parecido para su vida.
Sin embargo, sus sueños se desvanecían con una rapidez impresionante.
En un día, tanto su amor, como sus oportunidades de ser una mujer respetable, cayeron en un abismo.
—Me duelen los oídos, milady —expresó la señorita Harting, insinuando que Meredith estaba torturando al pianoforte.
—No sabe cuánto lo siento, señorita Harting —se disculpó.
La institutriz se acercó a ella y se sentó a su lado. Tocó algunas teclas para que Meredith siguiera el ritmo.
—Lamento que una joven tan brillante termine casada con alguien que no está a su altura, aunque eso es más prestigioso que ser una mujer soltera. Sacrificarse por sus hermanas es la forma de enmendar sus errores.
—Pero ese caballero sobre el que caí es inocente, no quiero obligar a nadie.
—Milady, muchas veces justos pagan por pecadores. La inocencia no es suficiente cuando se trata de la reputación de una dama y más cuando existen testigos.
—Quiero volver a tener once años, no haber salido de Yorkshire y que mi padre no muriera. —Ella recostó su cabeza en el hombro de la señorita Harting.
—El tiempo no corre hacia atrás, hay que enfrentar los hechos y tratar de vivir... —La institutriz acarició los cabellos de la joven, mientras que esta se arrimaba a ella.
***
Esa misma tarde, Spencer fue a la residencia de lady Kirby para conversar sobre la confusión que había ocurrido. Quería tratar de limpiar la imagen de Meredith ante alguien que no estaba dispuesta a perder la puja por tener la razón.
—Lord Nottingham, créame que no lo esperaba aquí —saludó la dama.
—Supongo que sabe a lo que vengo —dijo entregando su sombrero al sirviente de la mujer.
—Creo saberlo. Pase, por favor —concedió con un gesto de la mano.
Spencer accedió a tomar asiento.
—¿Té, whisky o brandi?
—Ninguno, milady. Lo que me trae aquí es el delicado asunto de mi hermana.
—Comprendo, lord Nottingham. Lo que usted desea es que declare a su favor para que ese lord sinvergüenza con antecedentes familiares y con una reputación nada entrañable, se case con su hermana.
—En realidad venía a pedirle que no dijera nada.
Si usted dice que lord Earl tiene una mala reputación, no lo considero conveniente para una Fane.
Mi hermana es duquesa, una mujer importante en la sociedad.
Por el bien del resto de sus hermanas, no debería unirse a alguien sin un excelente antecedente.
—Oh, lord Nottingham, lord Earl es un caballero que ha extraviado su camino.
Se le conocen muchos romances con solteras y viudas, pero nunca con una dama debutante.
Eso significa que le ha interesado su hermana.
Podrá ser un libertino, pero recuerde que siempre es mejor estar casada que soltera con la reputación manchada.
—Lo sé, lady Kirby, pero Meredith dice que no ha ocurrido nada. Ella cayó del balcón encima de lord Earl y eso es todo. No hay nada que agregar, todo ha sido una confusión.
Una risita burlona escapó de la aristócrata y negó con la cabeza.
—Lord Nottingham, si usted supiera la cantidad de damas que han negado sus relaciones ilícitas, se escandalizaría.
Su hermana está intentando salvarse y salvar a lord Earl para que este continúe en sus andanzas.
Lo que yo vi es lo que en realidad ocurrió.
Lord Earl estaba entre las piernas de su hermana.
Con el estado de ebriedad en el que estaba por influencia de ese caballero, ella no podía hacer mucho.
Ella ni siquiera podrá recordar bien lo que ha pasado.
Yo misma lo saqué de la intimidad de su hermana.
El conde se sonrojó al imaginar la escena. Lady Kirby tenía razón en lo que había visto, estaba convencida de lo ocurrido, pero él confiaba en su hermana.
—Todo pudo haber sido una confusión —alegó Spencer sin argumentos.
—¿De verdad lo cree, milord? Lamento que dentro de su mente las cosas no están como deberían.
Comprendo que con muchas hermanas cualquiera pierde el buen juicio y mucho dinero.
Sepa que yo estoy a su favor, lord Nottingham y también a disposición de una mujer.
Haré todo lo que pueda por proteger la integridad de todas las jóvenes que estén a mi alrededor.
Lo único que no me parece bueno es que su hermana tendrá que casarse con un pícaro.
—Entonces, continuará usted con ese pensamiento.
—Sí, lord Nottingham. Además, ya no puedo arrepentirme, he enviado mi redacción a la columna de chismes del periódico. Esto presionará a lord Earl para que se presente ante usted para cumplir.
Él sintió que la tierra se abría bajo sus pies. ¿Columna de chismes? Eso ya había superado cualquier disparate que escuchara con anterioridad.
Al retirarse de la casa de lady Kirby, el panorama para Meredith era aún más oscuro.
Sabía que esto terminaría en algo llamado matrimonio obligado, ni siquiera sería conveniente, pues el caballero en cuestión era el más inconveniente de todos.
¿Por qué le ocurrían estas cosas a su hermana?
¿Por qué no había sido tan afortunada como Kitty?
La misma educación no siempre significaba la misma oportunidad.
Ahora solo era cuestión de saber qué haría lord Earl para salir del aprieto en el que estaba metido junto a su hermana.
Al regresar a su residencia, sus hermanas habían vuelto del paseo al que las mandó a casa de Kitty para poder conversar con Meredith sin ciertas orejas pegadas a la puerta.
—¿Cómo les ha ido? —preguntó al llegar al salón.
—De nuevo Albert me ha echado de su casa —contó Eugenia, enfurruñada.
—¿Por qué no cuentas lo que hiciste, Eugenia? —increpó Rose.
—¡No hice nada malo, lo juro! —replicó la niña.
—Debiste desesperarlo, pero eso es algo normal en ti, Eugenia, eres exasperante —declaró su hermano que se acercó al niño que estaba en brazos de Calvin. Lo tomó y lo llenó de besos.
—¿Y a ti cómo te fue? —preguntó Victoria que lo cogió del antebrazo.
—Mal, muy mal... —confesó.
—¿Tiene que ver con que Meredith se encontraba con un caballero o con que Meredith está en boca de todos? —preguntó Fanny.
—¿Cuándo cambiaron de papeles para ser indiscretas? —increpó Spencer.
—Y después decían que yo daría dolores de cabeza... —alegó Eugenia, sonriente.
Spencer entregó a Philips otra vez para que lo alzara el sirviente. Estaba preocupado y molesto por la situación. ¿Cómo le comunicaría a Meredith que tendría que casarse?
Mientras que su hermano moría de preocupación en la planta baja, Meredith miraba por la ventana como de costumbre, aunque no con la misma esperanza de antes. Lo hacía solo porque llevaba tiempo haciéndolo. Al darse cuenta de eso, cerró la cortina con mucha rabia.
—La cortina no tiene la culpa del engaño de ese infame, milady —dijo Helen que ordenaba las prendas de la joven en el armario.
—Lo sé. Soy la única culpable, por ingenua.
Soy una verdadera tonta. Estas cosas no le pasarían ni a Kitty ni a Eugenia.
Estoy tan triste y preocupada, creí que Imogen me visitaría, pero no lo ha hecho porque la han castigado.
—Meredith miró el papel que se encontraba sobre el escritorio.
Su amiga le pedía una sincera disculpa, puesto que su madre no la dejaba salir por el escándalo de la noche anterior, no deseaba que la vieran cerca de una joven escandalosa como ella.
Para Meredith las cosas no mejoraban. Perdió a lord Abingdon, aunque nunca lo tuvo. También perdía a su amiga y su reputación, ¿sería posible que las cosas empeoraran?