Familia Fane Capítulo 7
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Capítulo 7

Dentro de una habitación y al cuidado de su amiga, su cuñada, su hermana y la suegra de esta última, Meredith era curada de sus heridas.

Ninguna de las damas presentes deseaba preguntar lo que había ocurrido por si la situación pudiese agobiarla demasiado, pero también, la curiosidad estaba a punto de acabar con ellas.

Kitty se sentó junto a su hermana en la cama y guardó silencio por un segundo.

—Meredith, ¿qué fue lo que ocurrió? —indagó su hermana.

—Yo estaba con Imogen bebiendo unas copas de vino y después me caí por el balcón... —contó arrastrando las palabras.

—¿Estás ebria? La señorita Harting se avergonzará de ti. ¿Cómo has podido hacer algo semejante?

—Creo saber la razón, Kitty —musitó su suegra—. El famoso lord Abingdon es el causante de esta terrible desgracia.

—Es cierto. Meredith y yo conversábamos sobre eso. Hemos llorado por tanta decepción... —confesó Imogen de la misma manera que su amiga: arrastrando las palabras.

—Dos damas de la aristocracia ahogadas en alcohol.

Qué vergüenza —masculló Kitty, molesta—.

Gracias a esa tontería, media Inglaterra ha visto el escándalo que ha causado la situación y no es cualquier parte de Inglaterra, es la mitad más importante.

¡Meredith, eres hermana de una duquesa! Esto debería servir para que prosperes y no para que hundas a toda la familia con este comportamiento.

—¡Tú no puedes darme educación moral cuando a ti nada de esto te ha importado nunca! —replicó Meredith, alterada.

—¡No me importaba hasta que entendí que tenía a cuatro ovejitas detrás de mí! Tú tienes a tres...

Ante lo que había dicho Kitty con tanto ahínco, Meredith sollozó.

—Por favor, Kitty, la situación es difícil. —Victoria suspiró como si estuviese cansada—. Lo importante es ayudar a Meredith...

—Milady, a Meredith no podremos ayudarla. Hay un caballero; libertino, por cierto, que ha sido encontrado entre sus piernas. Y como dijo mi adorada nuera, las cosas se pondrán difíciles y esto acabará en un matrimonio obligado para restituir la reputación de ella —alegó la duquesa.

—Pero si yo caí sobre él y lo golpeé, es un hombre inocente.

—Un inocente libertino... Nadie lo creerá. La verdad la sabemos nosotras, pero la sociedad no. No dudes de la creatividad de la sociedad para hacer que ese caballero quede como una escoria —siguió la duquesa viuda.

—Por tus actitudes y tu poco control sobre la bebida no solo tú saldrás perjudicada, sino que también lo hará otra persona —masculló Kitty olvidando cualquier tono conciliador que debería estar utilizando.

A Meredith solo le quedaba rezar por su futuro, pues este no solo se había complicado un poco, sino que estaba completamente destruido.

¿A qué la condenaría su tontería? Nunca más volvería a beber, aunque si en la vida le esperaban sufrimientos, era mejor que contemplara una botella de vino cada día.

Esperaba que todo se solucionara al amanecer.

No quería tener que ser culpable, no solo de su infelicidad, otra persona podría ser perjudicada.

***

En la amplia biblioteca de la mansión en la que se encontraban. Spencer debía ser apartado de lord Earl, puesto que perdía el control al verlo.

Entre tanto, lord Sharp había caído desmayado cuando le dijeron lo ocurrido. Él estaba muy involucrado con la familia Fane, tanto que las niñas eran como sus nietas. Emma se encargaba de soplarlo con su abanico para que no muriera sofocado.

—Ahora necesito aclarar la penosa situación que estamos viviendo —habló la anfitriona lady Amstrong—. Lady Kirby indica que lord Earl ha sido encontrado en una situación comprometedora con lady Meredith Fane, debutante y hermana de lord Nottingham.

—Es así, milady. Lord Earl se encontraba recostado sobre la joven intentando darle sus atenciones no requeridas —comentó lady Kirby, haciendo que los rostros de Spencer, Albert y William hirvieran por la rabia.

Entre tanta tontería y los nervios propios de su estado mental, Foster comenzó a reír. Esto no acabaría bien para él.

—Milady, debería dejar la bebida, al igual que la niña que cayó en mi cabeza. Su perfume era el de la cava de vino de esta casa —espetó Foster, molesto.

—¡Insolente! ¿Cómo se atreve a decir eso de mi hermana? —increpó Spencer que estaba al borde de hacerle compañía a lord Sharp, pero por el disgusto de seguir viendo a ese hombre.

—Cuide sus palabras, milord, si no quiere tener problemas —advirtió Albert, amenazante.

—No quiera intimidarme, si estoy aquí es por culpa de una joven ebria y descuidada por la cual no responderé. ¿Piensan librarse de su «problema» inculpándome?

—¡De ninguna manera casaría a una hermana mía con alguien que habla de esta manera!

—Lord Nottingham, no diga tonterías. Su hermana ha quedado con la reputación manchada a causa de la pésima popularidad de lord Earl.

Sabemos que es un picaflor. Es evidente que quiso aprovecharse de una debutante a la que vio como una incauta —reprendió lady Kirby, indignada.

En verdad la mujer creía que aquel quiso aprovecharse de la joven y la pobrecita lo apoyaba para que no fueran descubiertos, pero ya era tarde.

—¡Incauto soy yo al seguir oyendo tantas tonterías! ¡Me voy!

—Considero que es mejor que conversen mañana con más calma.

En este momento quizá sea mejor que lord Earl se retire, pero con el compromiso de solucionar el asunto.

No quiero que mi nombre se vea afectado por esta situación.

Comprenda, lord Earl, usted es mucho mayor que lady Meredith Fane, por lo que es responsable de ella por estar en el mismo lugar, accidente o no, sabe cómo se solucionan estos asuntos: entre cuatro paredes y con un enlace —musitó la dueña de casa.

—¡Este rufián no volverá a acercarse a Meredith! —masculló Spencer, quien era sujetado por William para que no se arrojara al cuello de lord Earl como un felino hambriento.

—Como si me importase su hermana. Sujétela, pues no sabe lo que hace y es notable que no ha tenido un buen guía en la vida.

—¡Se arrepentirá de cada palabra que ha dicho! —espetó lord Nottingham, furibundo.

—Es probable que me arrepienta de decir esto, pero más me arrepentiré de que, por una tontería, termine comprometido con una mujer ebria. Buenas noches.

Foster no tardó ni siquiera un segundo en retirarse. Las cosas para él se complicaban cada vez más. Sabía quién era lord Nottingham y qué influencia podía tener. Se exponía a muchas cosas, siendo alguien que no contaba con apoyo de nadie más.

Indignados y muy enfadados, los caballeros abandonaron la biblioteca detrás de Foster. Lo único que deseaba Spencer era sacar a su hermana de ese lugar.

Le pidió a la anfitriona que les permitiera salir por la puerta de la cocina.

No quería que Meredith fuese señalada al salir.

Él sabía lo que le esperaba a la joven. Necesitaba poner su cabeza en orden e informarse sobre lo que en realidad había ocurrido.

Estaba confundido y sentía temor de que la vida de Meredith terminara en un verdadero desastre.

—Si los perros de mi esposo estuvieran aquí, juro que los enviaría a masticar a ese tal lord Earl —farfulló Kitty, preocupada.

—En este momento deseo dormir y no despertar en al menos una semana. Qué disgusto tan grande me ha dado Meredith, y no puedo decir menos del desafortunado caballero con el que conversamos.

—Solucionaremos esto por el bien de Meredith y el resto. Una hermana en una situación escandalosa es algo a lo que debemos prestarle atención —pronunció Albert.

—Primero Kitty, ahora Meredith. ¿Cuántos disgustos más podré soportar? Es algo seguro, no llegaré a ver la presentación de Eugenia, no lo soportaré.

—Si no resolvemos esto es probable que ni siquiera se presente.

Quisiera ser de buen augurio. Lady Kirby no descansará hasta esparcir este rumor y no importará que alguien sea inocente —comentó William—.

Yo conozco mejor que nadie a esa vieja cotilla.

La peste negra es más fácil de erradicar que los chismes de sociedad que ella dice.

—Me temo que el marqués tiene razón, Spencer. ¿Qué haremos? —preguntó Victoria.

Meredith salía de la casa por la puerta de la cocina. Estaba en compañía de la duquesa viuda e Imogen. Cuando vio a su hermano, este la señaló sin ningún ápice de vergüenza o educación.

—¡Tú! —exclamó su hermano, enfadado—. Ponte a rezar, Meredith. Tu situación es horrible y difícil de superar. Puedes decir barbaridades de mí, pero haré lo posible por sacarte del aprieto. Gloucestershire puede ser un lugar bonito para ti y tus reflexiones.

Ella no se atrevió a decir nada y mucho menos se le ocurriría desafiar la paciencia de su hermano. En ese estado estaba segura de que la paciencia de él se esfumó. Asentir era lo único que le quedaba como opción.

—A mí se me ha pasado el mareo con tanto ajetreo, Meredith —comentó Imogen.

—Por favor, visítame en casa, no me dejes sola con mi hermano, él me matará —murmuró Meredith.

—Lo haré, lo prometo. Por tu seguridad intenta no ir en el mismo carruaje que lord Nottingham, aunque es muy atractivo cuando se enfada...

—Para de decir esas cosas...

Se despidieron de todas las amistades de la familia y partieron. Kitty y Albert fueron designados para llevar a Meredith a su casa. Los duques se notaban preocupados y evitaban mirarla demasiado. Su cuñado, en particular, quería decir muchas cosas, pero las callaba para no poner nerviosa a Kitty.

—Es mejor que vayas a descansar. Spencer no debe olerte o esto terminará muy mal —musitó Kitty.

—¿Terminará muy mal? ¿De qué hablas, querida mía? Todo está mal. Tu hermana está en el limbo y con altas probabilidades de ser nuestra vecina —aseguró Albert en tono burlesco.

—Todo ha sido un accidente... —justificó Meredith que todavía era incapaz de hablar muy bien y no se debía al golpe, sino a la cantidad de alcohol que ingirió.

—Tu hermana está ebria. Lord Earl tenía razón, no lo culpo del todo.

—¿Cómo crees que tiene razón? Él debería cooperar para la causa. Su reputación y la de Meredith están por los suelos.

—¿Crees que un libertino tiene reputación? No tienen conciencia ni corazón, no puedes esperar nada de alguien así. A su edad sigue siendo soltero y por su actitud tiene muchos ánimos de permanecer así. Aquí la única perjudicada es Meredith.

—¡Ya no hablen de eso! Tengo suficiente con haber sido engañada por lord Abingdon como para estar en esta situación.

Como dijo Spencer, solo me queda rezar para que todo se solucione lo más pronto posible —alegó Meredith—.

Esto es una horrible pesadilla. Días atrás era la mujer más feliz del mundo, pero ahora no sé qué pasará conmigo.

—Ya estás en el agua, querida cuñada, y te queda nadar. No me gusta ser amable, pero cuentas con nuestro apoyo, siempre y cuando Augusta no se vea afectada por las actividades de su tía...

—No quiero dañar a nadie...

—Trataremos de solucionar todo antes para que no afecte a las demás.

Meredith, tú y yo nos hemos esforzado mucho en las lecciones con la señorita Harting, no así el resto de nuestras hermanas.

Siento que ellas no irán bien casadas si no hacemos algo, si no nos involucramos.

Spencer hace lo que puede, pero no es suficiente cuando tiene a su familia a cuestas.

De alguna u otra manera saldremos de esto.

Lo dejaremos en manos de nuestro hermano y de Albert. Esperemos que con eso sea suficiente.

Al llegar a la residencia, Spencer esperó a Meredith en la entrada. Esa noche no discutiría con ella, lo haría cuando estuviera más calmado.

—Meredith... —habló con acritud.

Ella no quería decir nada, porque sabía que al abrir la boca sería devorada por su mal genio.

—Spencer...

—¡Dios, el aliento te huele a la cava de vino que dijo ese infame! —masculló Spencer. En ese instante sintió que su cuerpo se calentaba por el enfado.

—Querido, ve a dormir. Yo conversaré con Meredith y le diré lo necesario —pidió Victoria, cariñosa.

—Tengo una hermana con debilidad por el alcohol. Cuidado con una llamarada porque esto arderá...

Al terminar de decir esas palabras, Spencer se retiró hacia sus aposentos, mientras que Victoria acarició con ternura el brazo de su cuñada.

—Mañana hablarás con tu hermano. Trata de ser sincera y, sobre todo, no lo desafíes.

No es bueno para ti ni para él que se enfaden.

Hay que cuidar la salud familiar, todas dependemos de la buena salud de Spencer.

En ocasiones, las cosas pueden ser adversas, pero dependerá de ti cómo las enfrentas.

Si lo haces con valor, lograrás triunfar, si la ira te vence, perderás. No lo olvides. Buenas noches, Meredith.

—Buenas noches, Victoria —la despidió Meredith.

Tambaleante y con muchos dolores en su cuerpo, ella subió hasta su habitación para dormir y esperaba lograrlo. Rezaba para que por la mañana todo fuera distinto.