Familia Fane Capítulo 6
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Capítulo 6

Imogen recorrió el salón con la mirada y no encontraba un buen lugar para refugiarse junto a su amiga, por lo que optó por subir las escaleras en su compañía e ir a uno de los balcones que tenía la casa. Además, cogió dos copas de vino para que bebieran y conversaran juntas.

—¿Qué ocurre, Meredith? No tienes buen semblante, ¿alguien te ha dicho alguna cosa? —preguntó Imogen.

A Meredith se le escapaban sollozos en lugar de explicaciones. Su vida había dado un giro brusco, que era probable que no solo le rompiera el corazón, sino que también la obligara a rehacer sus planes de vida, aunque no sabía cómo.

—¡No puedo con esto! —espetó Imogen que bebió de un sorbo el contenido de su copa. Era una joven un tanto ansiosa que deseaba todo de manera inmediata—. Toma un poco de vino para que puedas contarme, no soporto la espera.

La joven, en medio de su confusión y dolor, cogió la copa y la bebió de la misma manera que su amiga que la miraba expectante.

—Por favor, Meredith, me desmayaré si no me dices qué ha ocurrido, necesito saber... ¡Pero ya!

—No puedo cargar ni siquiera con mi espíritu, Imogen. He descubierto que lord Abingdon...

—¡Desfalleceré! Termina de una vez lo que tienes que decir.

—Lord Abingdon es un hombre casado...

Con gran habilidad, Imogen abrió su abanico que tenía colgando de la muñeca y lo agitó con fuerza.

—Me ha mentido todo este tiempo. Lord Sharp me ha dicho que, tal vez, el hombre que me visitaba ni siquiera fuese el mismo lord Abingdon y que estarían usando su nombre para engañarme...

—siguió Meredith intentando no desmoronarse en un mar de lágrimas.

Prefería los sollozos a las lágrimas que la harían avergonzarse—.

No imaginas cómo me siento. Estoy destrozada y muy avergonzada.

Todavía me cuesta creer que esto esté ocurriendo conmigo.

¿Por qué alguien sería tan malvado para engañar a una joven ilusionada?

—Ni siquiera somos tan jóvenes, somos casi niñas, Meredith. —Imogen recostó su figura en la pared—. Creí que el amor de ustedes era tan hermoso...

—Fue algo idílico, pero inexistente.

—¿Qué harás si vuelve a aparecer y te da una excusa convincente o niega todo lo que te han dicho de él?

—Absolutamente nada. Esto no puede ser una mentira. Todos los que me advierten de esto es porque en verdad desean mi bienestar y no lo contrario. Tendré que soportar los embates que vendrán de ahora en adelante. Si llegara a ver a lord Abingdon o a quien fuera, no sé qué haría.

—Y si el que dice ser lord es un noble en apuros o alguien sin título ni dinero, ¿lo considerarías?

—¿Considerar un engaño o una ilusión, Imogen? No lo creo. Tengo que pensar en mi vida y en mis hermanas. ¡No puedo creer que esto esté pasando! Es una verdadera pesadilla...

La mente de Meredith estaba tan enmarañada que se le hacía imposible pensar en algo distinto a la decepción que la consumía. Ella no comprendía nada y estaba desorientada respecto a lo que ocurriría en el futuro. ¿Encontraría el amor en alguien más o se casaría porque debía hacerlo?

La claridad en su estado era algo imposible de conseguir. Para Meredith el mundo tal como lo imaginaba había sido devastado.

Mientras que Meredith se hundía en la desolación, Imogen solo podía apoyarla con unas copas más.

La felicidad para las dos se había desvanecido, pues como amiga de Meredith ella también había soñado con un amor así, como el de la joven que en ese momento sufría.

Se sentía tan dolida y traicionada como su amiga, y el alcohol era lo único que podía consolar sus corazones.

***

En la noche en la que Meredith tenía su primer baile, Foster había ido al mismo lugar que la joven y era a él a quien Imogen había señalado. Aquel ignoraba lo que dos damas conversaron sobre él.

Foster estaba vestido con gran elegancia, disfrutando de la música.

Estaba esperando alguna buena compañía para bailar.

A veces se aburría solo de beber o de jugar, siempre era interesante bailar con las damas y conocerlas, resultaba entretenido para alguien que no pensaba casarse, pero al menos consideraba divertirse un poco.

Durante esos años le habían tendido alrededor de cinco o seis trampas para que cayera en el matrimonio.

Foster conocía perfectamente qué no hacer en un baile repleto de desesperadas casaderas.

Nunca debía quedarse a solas con ninguna dama y la regla número uno para cualquier soltero era jamás ir al jardín en compañía de una fémina.

Si cumplía a cabalidad con esas dos condiciones, nunca le ocurriría nada malo.

Él debía buscar a una jovencita para bailar, porque su estimada Helena ya no era invitada a los exclusivos acontecimientos de la aristocracia, algunos pocos eran los que la consideraban como alguien digno para invitar, pero los selectos círculos ya no, ¿qué haría una atractiva solterona distrayendo a los jóvenes caballeros?

Durante un buen rato se divirtió con un par de jovencitas.

La última, en particular, le había agradado mucho.

Lady Imogen Porter era divertida, bella y un poco atrevida para ser una debutante convencional.

Por un tiempo la joven se le había perdido.

Quería volver a solicitarle un baile, no le haría mal repetir pareja y más una que en realidad le divertía, esa noche estaba entusiasmado y todavía no lo podía creer.

Siempre se jactaba de ser un caballero que no repetía pareja y que no podía ser atrapado, pero al parecer una tontuela había logrado llamar su atención, aunque no para casarse.

Recorrió el salón y después salió al jardín para buscar a su divertida jovencita.

Sabía el riesgo que conllevaría hacer una encomienda como esa, pero, aun así, se arriesgó.

Ninguna persona estaba fuera de la seguridad de las cuatro paredes.

Las debutantes todavía no se atrevían a correr riesgos innecesarios al caminar por ese lugar.

Por un lado, Foster se sintió aliviado. En ocasiones la cantidad de personas, mezclado con lo que charlaban y además la música de fondo, lo sofocaban.

Quedarse al aire libre tal vez le hiciera pensar con claridad que era mejor que no repitiera pareja o, de lo contrario, lo asociarían con ella.

Como soltero empedernido y sin búsqueda de esposa, cualquier exposición innecesaria podría presionarlo.

—Salud por la soltería... —pronunció tomando unos tragos de su copa de whisky.

A la vez que Foster reflexionaba sobre su afortunada soltería, en el balcón que encontraba sobre él, Meredith e Imogen seguían bebiendo. Habían acumulado muchas copas de vino, pero en lugar de alegrarlas, habían conseguido ponerlas aún más tristes.

—Estoy tan mareada que, si mi madre me viera, me castigaría por lo que me queda de vida —musitó Imogen, a quien todo a su alrededor le daba vueltas.

—Yo quiero regresar a casa. —Meredith liberó un par de lágrimas de tristeza y dejó de recostar su espalda en la pared en la que estaba en compañía de Imogen.

—No bebamos más. Debemos guardar la compostura para ir al salón de nuevo. Yo miraré por el balcón.

Imogen se acercó a la barandilla sobre la que había macetas con plantas de coquetas flores.

Meredith siguió a su amiga, pero tropezó en su caminata y no pudo detener su avance, fue hacia la barandilla y por el impulso, su cuerpo terminó en la orilla, colgando de sus dedos.

—¡Imogen! —exclamó Meredith, desesperada.

—¡Meredith! —Su amiga intentaba cogerla al menos de una mano, pero el guante estaba resbaladizo. Al final, Meredith caería de esa altura.

El conde de Earl escuchó unos gritos y miró a su alrededor, pero no había nadie. Cuando se dispuso a mirar hacia arriba, algo le había caído del cielo, golpeándolo, dejando casi inconsciente.

La amiga de Meredith tenía ambas manos tapando su boca. Lo que veía era horrible. Meredith había caído sobre alguien. Alterada y ebria, no sabía qué hacer. No había tiempo para tonterías. Decidió ir a la planta baja para buscar a los parientes de la joven que quizá estaba herida.

En el jardín, Meredith había quedado inconsciente. Al momento en que Foster recuperó un poco de su razonamiento, intentó levantarse, pero un gran peso le impedía moverse. Él tocó la frente que le dolía y sintió que estaba mojado, tenía sangre.

Movió lo que estaba sobre él. Ahí había una joven cubierta en muselina marfil, también parecía estar herida como el mismo Foster. Todavía no llegaba a comprender lo que había ocurrido, lo último que recordaba fue que miró al cielo y todo se había puesto negro.

Cuando movió a Meredith, notó que ella había caído sobre la copa de whisky que él estaba bebiendo. Parte del vidrio le había cortado el brazo al que le faltaba un guante.

—¿Qué demonios ocurre? —preguntó para sí y después se movió de nuevo hacia la joven—. Señorita, señorita...

El conde buscaba que la dama reaccionara, pero no lo lograba. No podía creer lo que había acontecido esa noche. Una mujer muy bonita había terminado encima de él y ni siquiera sabía cómo.

Siguió insistiendo hasta que ella reaccionó y abrió los ojos. Su mirada se fijó en la de ella, que apenas pudo enfocarse.

—¿Se encuentra bien? —indagó Foster.

Ella comenzó a moverse, pero eso hizo que un pedazo de cristal se incrustara aún más en su brazo y eso hizo que aullara de dolor.

Ante ese grito, el mismo Foster sabía que las cosas no serían buenas. Solo se encontraban ellos dos en aquel lugar. Si alguien salía al jardín, sería hombre muerto y casado con una extraña. Se fijó alrededor y distinguió un invernadero cerca.

—La levantaré para llevarla a un mejor lugar —pronunció.

Con un tambaleo a causa del fuerte golpe recibido por la muchacha, él la cogió en brazos, pero a los pocos pasos volvió a caer, quedando Foster encima de Meredith.

—¡Lord Earl! —exclamó la voz de una dama.

Él palideció al mirar hacia la persona que había pronunciado su título. Para su mala fortuna conocía a esa mujer: era lady Kirby, una conocida casamentera. Era evidente que aquella estaba en búsqueda de alguna cosa fuera de lugar.

—¡Yo puedo explicarlo! —exclamó.

—¿Quién es la joven? —increpó yendo hacia Foster con premura.

—¿Qué ocurre? —indagó Meredith.

—¿Quién es tu familia, jovencita? —interrogó lady Kirby.

—Soy hermana de lord Nottingham... ¿Puede decirle que me accidenté? Estoy un poco magullada y mareada.

—¡Por el amor de Dios, lord Earl!

—¡Pero si ha caído del balcón y...!

—¿Quién ha caído en dónde, sinvergüenza? Quítese, por decoro —ordenó la mujer que se quitó el chal que llevaba y con él cubrió a Meredith.

Imogen, que guiaba a lord Nottingham y sus acompañantes al jardín, se encontraron con una terrible escena: el suelo tenía sangre, Meredith también y estaba tirada en el césped del jardín.

—¡Meredith! —la llamó Spencer y corrió junto a ella.

—¡Menos mal que llega, lord Nottingham! Esto es horrible —comunicó lady Kirby, exaltada.

Spencer se colocó junto a Meredith, después miró al caballero que tenía sangre y suciedad en las prendas y la frente. Luego le prestó atención a la mujer a la que conocían por ser bastante estricta con el protocolo y una potencial casamentera.

—¿Qué ha pasado? —indagó Spencer.

—¡Este canalla intentaba seducir a su hermana! Milady tiene comprometida su reputación. Lord Earl la sometía a sus atenciones en el césped.

De inmediato, Spencer se había puesto tan blanco como un papel y sus ojos tenían llamaradas de furia en ellos.

—¡De ninguna manera es cierto! La joven ha caído sobre mí. Lady Kirby ha malinterpretado la situación. —Foster quiso justificarse.

—¡¿Cómo se ha atrevido a tocar a mi hermana?!

Sin dudarlo, lord Nottingham lo cogió de las prendas, pero Foster no se dejaría amedrentar de esa manera.

—¡No se atreva a tocarme! ¡No le he hecho nada a la joven!

—¡Spencer! —vociferó Meredith—. ¡Él no me ha hecho nada, solo ha sido amable!

—Querida, nadie que se quiera meter entre tus piernas es amable. Inocente de ti, lord Earl deseaba satisfacer su lujuria contigo. Todos lo conocen por ser un libertino. ¡Oh, qué desgracia para ti! —declaró lady Kirby.

Con tanto escándalo, los demás invitados alertaron a la anfitriona que tuvo que interceder para que todo se pudiera conversar.

Meredith había sido llevada a una de las habitaciones de huéspedes de la planta baja para curar sus heridas, mientras que su hermano y parte de la familia se enfrentaban a la dura realidad que los golpeaba.

Varias personas fueron partícipes de que la reputación de Meredith había sido deshonrada por un libertino.