Familia Fane Capítulo 1
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Capítulo 1

Dentro de la residencia de lord Nottingham se esperaba la visita de la hermana mayor, Kitty, en compañía de su esposo, el duque de Salisbury, y de su pequeña hija.

Estaban a pocos días de la presentación de Meredith que ya había cumplido los dieciocho años y tenía su primera temporada en puerta. Había una gran expectativa en la familia por el futuro de la segunda hermana del conde de Nottingham.

—¡Estará aquí mi cuñado favorito! —exclamó Eugenia, que correteaba por los pasillos de la casa.

—Solo tenemos un cuñado, Eugenia —replicó Fanny entre risas.

—Y no olvide decirle que a su excelencia lo que menos le agrada es la presencia de su cuñada más pequeña —musitó la institutriz, la señorita Harting.

—¿Por qué cree que es mi cuñado favorito, señorita Harting? Adoro ver que arruga su frente y maldice en silencio al verme.

—Eres malvada al perturbar la paz de Albert. Pobrecito, no es para nada gracioso —agregó Rose.

Cuando la puerta de la habitación de Meredith se abrió y ella colocó un paso fuera de sus aposentos, encontró a sus hermanas jugando en aquel lugar.

—¿Ha llegado Kitty? —preguntó Meredith.

—Nadie quiere ver a Kitty, es tan aburrida —farfulló la menor de las hermanas Fane.

—Te recuerdo que vendrá Augusta, nuestra sobrina, Eugenia —replicó Meredith.

—Es mejor que no discutan, mis ladies, el conde y la condesa esperan en el salón —habló Helen, la doncella de la condesa de Nottingham y también de todas ellas.

Mientras que Fanny, Rose y Eugenia corrían para descender las escaleras, Meredith sabía que ya no pertenecía a los juegos que sus hermanas hacían. Kitty también había dejado de ser entusiasta con las menores al darse cuenta de que pronto tendría que entrar al mercado matrimonial.

Ella comenzaba a sentir la presión de lo que significaba ser una casadera.

Pronto podría cruzar ese portón y tomar la mano de Dimitry Field, conde de Abingdon.

Llevaban dos años conversando a través de las rejas de la casa.

Cada cierto tiempo, durante la tarde, él la saludaba y le sonreía.

Meredith solo esperaba su presentación para poder lograr ese amor que se tenían.

Dimitry no era capaz de hablarle de amor a una niña de su edad.

Le había dicho que su declaración sería cuando ella estuviera en su debut.

—La estampida Fane —masculló Spencer, conde de Nottingham, al ver enloquecidas a sus hermanas, mientras bajaban las escaleras.

—Esta vez te faltan dos. Kitty se ha casado y Meredith se ha tomado muy en serio haber llegado a la edad para debutar —comentó Victoria.

Las tres hermanas se apresuraron a buscar un asiento en el amplio salón. Se empujaban para conseguir los mejores lugares. Meredith caminó hasta llegar junto a sus hermanas que comenzaron a apretarla por quedar junto al reposabrazos.

—Les pido que se comporten, en especial a Eugenia, recuerden que Albert es nuestro cuñado, un duque y no un joven gracioso de los suburbios, ¿les queda claro? —preguntó Spencer.

—¿Y por qué tenemos que quedar bien con él si somos familia? —curioseó Eugenia.

—Para casarte a ti se necesita más que una dote. Espero que las demás también consigan a un marqués, un duque o algo para que podamos deshacernos de ti cuando llegue el momento —respondió el conde.

A Eugenia no le importaba lo que había dicho su hermano y seguía jugando con el resto.

Cuando se escucharon golpes en la puerta, supusieron que eran los duques.

Al pasar la puerta principal, el duque comenzó a aflojar su pañuelo lazado en el cuello. Se enfrentaría a la intensidad de sus cuñadas, a las que soportaba por el inmenso amor que sentía por Kitty.

—Albert, no te desarregles, eres un duque. Mis hermanas no pueden verte impresentable —murmuró Kitty.

—Odio visitar y que me visiten...

—Vinimos por mi hermana Meredith, no lo olvides. Es su primera temporada, tú y yo seremos sus padrinos para atraer a lo mejor de lo mejor.

—Lo sé...

A regañadientes, Albert colocó una sonrisa en su boca. Al menos, Meredith era más comedida y agraciada. Para él la única peligrosa de la familia era Eugenia. Esa niña había escapado del mismo infierno de los cotilleos.

Ambos pasaron a saludar a la familia y se sentaron junto a ellos para esperar a lord Sharp que también se presentaría en compañía de la duquesa viuda de Salisbury y madre del duque. Durante esos años había forjado una gran amistad que, por supuesto, a Albert no le agradaba.

La pequeña Augusta estaba dormida y sus tías solo pudieron mirarla antes de llevar a la niña para que durmiera en compañía de su primo Philip, hijo de Spencer y Victoria.

—¿Es cierto que Albert ayudará a que nos casemos todas? —inquirió Eugenia que comenzó a recorrer el salón, inquieta y juguetona.

—Por la salud de nuestra hermana y nuestro cuñado, es mejor que eso no se responda —alegó Meredith para que no comenzaran una discusión.

—¿Saben que Fanny todavía no es mujer? —insistió la más pequeña de las Fane para hacer arder la noche.

Fanny comenzó a sollozar.

—¡Basta, Eugenia! —espetó Kitty.

—A tu hermana no la casará ni Satanás si no mantiene la boca cerrada —aseguró Albert al ver al engendro rubio y problemático de la familia.

—No hablaremos de la salud de nadie. Todos estamos saludables. Además, nos juntamos para conversar sobre Meredith y su próxima presentación y no para hacer cotilleo a espaldas de nadie... —declaró Spencer para que ninguno de ellos se prestara a seguir las locuras de Eugenia.

—Meredith, ¿ya tienes el vestido para tu primer baile? —preguntó Kitty—. Esperemos que Spencer no se volviera tacaño contigo.

—Me volveré tacaño si ella llega a una segunda temporada, pero Meredith es juiciosa —interrumpió Spencer.

—Lo decía por si necesitas vestidos hermosos y costosos. Te puedo conseguir lo que gustes, Meredith.

—Lo tengo, Kitty. Spencer ha sido generoso conmigo y tú también al darme muchas de tus prendas. Lamento no poder darle algunas a Fanny, pero se le verán los tobillos.

La pobre Fanny se sentía defectuosa en medio de la perfección y belleza de sus hermanas. Ella era la menos favorecida, aunque la más alta de todas.

—Prometo hacer vestidos exclusivos para mis hermanas; mis hermanas bien portadas... —aclaró la duquesa, bromeando.

—¡Eso no es justo! —expresó Eugenia, descontenta.

El salón estalló en risas. Todos sabían que Eugenia sería la única perjudicada en lo que se refería a tener un comportamiento impecable. La pobre no podía mantener ni la oreja quieta, si eso le resultaba difícil, cerrar la boca sería imposible.

Después de conversar hasta la llegada de la madre del duque de Salisbury y lord Sharp, pasaron al comedor para cenar.

—He conversado con un par de amigos para conocer un poco a los solteros. Traigo varios candidatos para lady Meredith —dijo lord Sharp, que siempre estaba pendiente de las niñas de la familia, aunque solo era tío de la cuñada de ellas, pero las adoraba.

—Y yo apruebo a los candidatos de lord Sharp —apoyó la duquesa viuda.

—¿Es cierto que usted salvará a lord Sharp de la soltería, su excelencia? —inquirió Fanny, curiosa.

—¡Fanny! —la reprendió Spencer—. Esperaba esa clase de preguntas de alguien como Eugenia, pero jamás de ti.

—Considero que Eugenia es mala influencia para nosotras —bromeó Meredith.

—Le he dicho a vuestro hermano que me dejara educar a Eugenia. Es una niña que necesita de mayor atención —habló el conde de Sharp.

—Es una buena decisión, cuente con mi apoyo. —El duque de Salisbury no dudaba en deshacerse de la menor de sus cuñadas, el resto de las hermanas Fane eran tolerables, pero Eugenia había escapado de algún infierno.

Kitty golpeó a su esposo por debajo de la mesa para que no hiciera tan evidente su ánimo de deshacerse de Eugenia.

—Mis hermanas son mi responsabilidad, solo si llegara a morir antes de que alguna de ustedes debute, permitiré que se ocupen de ellas, pero claramente no llegaré a la presentación de Eugenia —agregó Spencer entre mentiras y verdades a medias.

—Deberían preocuparse por Meredith. Ella se encuentra con un caballero en el jardín... —murmuró Eugenia, molesta, al escuchar lo que su familia consideraba hacer con ella, pero estaba decidida a que, si se burlaban de ella, también el resto caería a su espalda; muerta, pero no sola.

—Repite lo que has dicho, Eugenia —mandó su hermano. Sabía que su hermanita nunca hablaría de algo que no hubiera visto u oído antes.

El rostro de Meredith se puso colorado. Ella comenzó a limpiarse la comisura de sus labios con una absurda lentitud, además, desvió su mirada hacia la copa de agua que estaba frente a ella.

—Dije que Meredith lleva mucho tiempo encontrándose con un caballero en el portón de la casa... —repitió la niña.

Los ojos de los demás se dirigieron hacia Meredith, mientras que Eugenia reía y comía su cena sin remordimiento alguno.

—¿De qué está hablando Eugenia, Meredith? —increpó Kitty.

Lord Sharp empezó a abanicarse con una servilleta al considerar que la pobre jovencita pudiera tener la reputación comprometida.

—¿Cómo pueden creer en Eugenia? —pronunció la acusada, intentando salvar su pellejo.

—Porque nuestra hermana puede ser cotilla, malintencionada, vil, descocada y casquivana, pero no una mentirosa —declaró lord Nottingham esperando una explicación que lo complaciera.

La joven acusada dirigió su mirada furibunda hacia su hermana menor, después decidió que diría una verdad a medias para complacer a sus acusadores.

—Es un joven amable que me saluda con frecuencia. Eugenia ha exagerado la situación —contó Meredith.

—No creo que debamos alterarnos —intercedió Victoria. Si seguían por ese camino, el cordero les quedaría atascado en la garganta—. Hay muchas personas amables. Considero que ese hombre no representa un mal mayor, en absoluto. Seamos razonables.

—Si quiere algo contigo, Meredith, ese hombre deberá presentarse ante mí —masculló Spencer, enfurecido—. ¡Señorita Harting!

Cuando el conde de Nottingham llamó a la institutriz de las niñas, todas comenzaron a rezar por sus almas. Tendrían tantas cosas que hacer que no les quedaría tiempo en caso de que la señorita Harting deseara castigarlas por recibir una reprimenda por parte de su patrón.

La señorita Harting sabía que sus pupilas la habían metido en un lío del que solo saldría con algo creíble. El conde ya debió despedirla tiempo atrás, sus hermanas eran un problema casi incontrolable. En lugar de ser más tranquilas al cumplir años, se comportaban de peor forma.

—¿Qué se le ofrece, milord? —preguntó. Esperaba que dijera que quería su cabeza, para de esa manera buscar otra casa en la cual estuviera más tranquila.

—Supongo que desconoce las actividades de su pupila que debutará. Le comento que Meredith se encuentra con un caballero en el portón de la casa —contó lord Nottingham.

Los ojos de la institutriz se dirigieron a Meredith. Ella no podía creer que una de las hermanas más tranquilas del conde hiciera algo semejante. Lo esperaba de Fanny o de Eugenia, pero no de Meredith ni de Rose.

—Es algo difícil creer eso de milady... —alegó la mujer.

—Difícil, pero no imposible. Quiero que castigue a Meredith de manera ejemplar, a Fanny por insidiosa y a Eugenia... como siempre... —decretó el mayor de los Fane.

—No irá en una larga temporada a castigarme —intervino Albert ante el castigo de Eugenia.

—¡Albert! —reprendió Kitty a su esposo.

—¿Por qué no castigan a Rose? —interrogó Eugenia, enfurruñada.

—Porque el mismo diablo tiene sus favoritos. Rose es un ejemplo, hasta no parece de la familia. —Spencer miró a su hermana Rose y le sonrió.

—Sí, lord Nottingham, me encargaré de ellas...

Meredith quiso discutir el asunto, pero el gesto negativo de la cabeza de su cuñada le sugería que no insistiera. Había sido condenada por una indiscreción de Eugenia.

Cuando acabaron la cena, las niñas se retiraron a la habitación y los demás se quedaron en el salón a conversar sobre el futuro de la debutante, mientras que Meredith era ignorada por el resto.

—Muéstrame todo lo que te ha comprado Spencer —pidió Kitty a Meredith para que ambas pudieran escapar de aquella conversación tan privada en la que decidían la vida ajena.

Ella comprendió lo que su hermana quería, entonces las dos se dirigieron a la habitación de Meredith.

—Necesito saber si lo que dijo Eugenia es verdad, Meredith —pidió su hermana, la duquesa.

—En parte. El caballero que viene es alguien que me pretende, Kitty, es un conde. ¿Recuerdas que siempre miraba hacia la calle? Era por él...

—¿Y quién es él? Si te pretende, ¿por qué no se ha presentado ante nuestro hermano?

—Ha prometido que en los salones conversaremos sobre eso.

—Quiero saber cómo se llama...

—Lo sabrás cuando llegue el momento.