Familia Fane Capítulo 2
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Capítulo 2

Después de que lord Sharp llegara a la residencia de la familia Fane, Kitty y su hermano, debían salir para ir al baile de esa noche.

Ella creyó que iría sola con Spencer, mas el conde de Sharp había decidido acompañarlos.

Era probable que aquel quisiera ver su desempeño como dama entre sus iguales en la sociedad.

Durante el camino, lord Sharp había hablado de los preceptos para una dama obediente, mientras que Spencer asentía a todo lo que decía el hombre.

Ella estaba a punto de dormirse con tanta tontería que salía de la boca de aquel caballero y que su hermano apoyaba, no sabía si con la intención de que Kitty fuera una casadera perseguidora de pantalones o porque quería que aquel cerrara la boca.

En ese momento juraba por su padre muerto que se arrojaría a los brazos del primer caballero bueno o malo que estuviera cerca para dejar de oírlo.

Apreciaba a lord Sharp, pero lo consideraba abusivo en cuanto a consejos se refería.

El antiguo vicario estaba convencido de cuál era el papel de una dama en la vida, y en resumen, Kitty debía ser una mujer cuya boca debería estar cosida, ser obediente, no ser más inteligente que el esposo, por sobre todo sonreír como si fuera que no tuviera más sentimientos que felicidad y por último ser bonita para adornar una bella casa.

¿Esa era la vida que quería? No, era la vida que alguien había decidido que debían tener las mujeres de su estatus.

Para eso le enseñaban a manejar una casa, a tomar el té, a fingir conversaciones, saludos y sonrisas.

La señorita Harting era parte de todo lo que llevaba a una mujer a ser confundida con un hermoso jarrón en un salón.

Si cazaba a un caballero su vida se limitaría a atender su casa, a su esposo y los vástagos que estos tendrían.

¿Qué había de los sueños absurdos de criar caballos y ser feliz?

La soltería era el único camino. Ningún esposo la ayudaría, de hecho, ni siquiera sangre de su sangre quería ayudarla.

Spencer era aún más cuadrado que lord Sharp respecto a las mujeres.

No lo culpaba tanto, pues llevaba cinco años haciendo cuentas de cómo hacer que todas tuvieran altas dotes para ir bien casadas.

Él cumplía con su deber de hermano mayor.

Además, la dote de Victoria había servido para ampliar la de ellas.

Por ese lado podría considerarse desagradecida, pero no tenía la culpa de desear algo distinto. Se sentiría peor si no lo intentaba.

Un caballero no era lo que necesitaba, ¿por qué debería ser una necesidad?

Tan solo al llegar, Kitty ya tenía ocupado parte de su carnet de baile. Los mismos de siempre intentando que ella cayera encantada con las boberías.

—Me sorprende que con tantos bailes ella no esté casada —habló lord Sharp.

—El problema no es que le falten candidatos, el problema es Kitty y su mente que no piensa como debe —espetó Spencer.

—¿Mi mente que no piensa? Mi mente piensa más que la tuya. ¿Por qué Victoria no puede venir a un baile? Responde, Spencer —replicó Kitty.

—Porque está embarazada. Una mujer embarazada no debe ir a los eventos sociales, es escandaloso —respondió Spencer.

Lord Sharp asentía ante lo que lord Nottingham decía.

—No veo algo escandaloso en eso. Tendrás un hijo...

—Hay cosas que se respetan en la sociedad, Kitty. No debe venir hasta que nazca y es todo. También te pasará a ti —alegó Spencer.

—¿No puedo escuchar música y bailar por estar embarazada? Entonces no quiero casarme, de hecho, no quiero casarme.

—De eso ya hemos hablado, Kitty. No, no criarás caballos. Un esposo es lo único bueno que puede tener una mujer.

—Entonces me dices que sin un esposo no soy nadie.

—Es eso exactamente, querida lady Kitty. Un buen esposo la convertirá a usted en una dama valiosa —aseguró lord Sharp.

—No gaste saliva en ella, milord. Kitty es incapaz de comprender su papel en la vida. No sabe que nació con falda y no con pantalón.

Kitty estaba muy ofendida por lo que había dicho su hermano.

Alzó el mentón y se retiró hacia el centro del salón para esperar a su primer compañero de la noche.

Estaba segura de que no se casaría esa temporada, conocía los antecedentes de todos los que deseaban bailar con ella.

¿Se suponía que esos caballeros sinvergüenzas la convertirían en algo?

Era evidente que la convertirían en pobre en menos tiempo de lo que cualquiera pensaría.

No quería esa vida, no la deseaba. Le agradaba bailar con todos. Las fiestas eran una debilidad para ella, le agradaba divertirse, pero no tenía intenciones de atarse a un mal hombre, porque no le hacía falta ninguno.

Ella había pensado que su noche no sería tan divertida, pero si en algo los rufianes le ganaban a los buenos partidos era en los bailes.

Aquellos solo alegraban a su pareja del momento.

Kitty siempre disfrutaba mucho de bailar con oportunistas.

Ellos pensaban que obtendrían algo; sin embargo, ella era quien ganaba al tener buena diversión.

Cuando llegó el tiempo de retirarse estaba exhausta y sus pies le dolían. El rostro de su hermano se encontraba muy serio. Al parecer no se sentía nada contento después de la salida.

—¿Escogiste a alguno, Kitty, o te has dedicado a perder el tiempo como siempre? —espetó su hermano una vez que subieron los tres al carruaje.

—Te he dicho que no quiero casarme —respondió enfadada.

Spencer bufó y trató de serenarse para no arrojar a su hermana del carruaje.

—Debes casarte, no es opcional.

—¿Quieres que me case, porque necesitas que desocupe la habitación para que tu hijo pueda habitarla? Podrías comprar una casa más grande para todos, pero eres tan tacaño...

Los ojos de lord Sharp estaban a punto de salir de sus cuencas al escuchar semejante barbaridad.

—Oh, mi padre ha decidido castigarme con una muchacha tan casquivana como tú. ¿Cómo piensas que compraré otra casa? No puedo vender todas las posesiones del título y no usaré el dinero de nuestras hermanas por un capricho tuyo.

—Es porque siempre me has considerado un estorbo, pero sabes algo, Spencer. Te maldeciré... Tendrás a una niña para que sigas sufriendo.

—¿Piensas que maldiciendo a mi descendencia te irá mejor? Te diré una cosa, Kitty, todavía no me conoces. Prepárate para lo que vendrá para ti —advirtió Spencer con una mirada oscura.

La muchacha no veía enfadado a su hermano con tanta frecuencia. Ella no estaba asustada. Él no tenía nada con qué hacer que cambiara su pensamiento. Spencer no podría doblegarla de ninguna manera.

Al llegar a la residencia, lord Sharp había decidido retirarse, no sin antes hablar con Spencer sobre Kitty. Ella, mientras tanto, fue a su habitación para descansar.

En sus aposentos la esperaba la doncella que parecía tener mucho sueño.

Aquella buscó las prendas y comenzó a vestirla para que pudiera descansar.

Después Kitty se acostó en la cama e hizo un resumen absurdo de su día.

Cada día se aburría más en esa casa. No compartía la misma idea con los habitantes de la residencia, incluso Meredith ya ni era la misma de antes.

No eran tan unidas como tiempo atrás y tampoco eran las cómplices eternas.

Ella no la apoyaba en sus ideas. Kitty creía que en algún momento su hermana terminaría casándose con algún tonto.

A la mañana siguiente, encontró un vestido de viaje colgado en el biombo.

Kitty todavía no estaba bien despierta, por lo que consideró que Helen ordenaba su armario, mas después descartó que se tratara de una equivocación.

Su armario se encontraba vacío y cerca de la puerta estaban sus bailes de viaje. ¿Acaso irían a Yorkshire?

Salió de su habitación con su camisón puesto y fue caminando por el pasillo. Ahí encontró a Victoria que tenía una prenda común de la casa. Ella no tenía puesto un traje de viaje.

—Buen día, Kitty —saludó Victoria, la condesa de Nottingham.

—¿Qué ocurre, Victoria? —indagó la muchacha.

—Vamos a tu habitación para conversar... —pronunció su cuñada en tono conciliador.

Las dos entraron al sitio del que recién había salido Kitty. Victoria la llevó hasta la cama y se sentó.

—Kitty querida, ¿por qué tu hermano está tan enfadado contigo? —indagó.

Las mejillas de Kitty se colorearon al no desear decir que le había echado una maldición a Spencer.

—Sabes que Spencer es un tonto. No hay nada que pudiera haberlo ofendido.

—¿Estás segura de eso?

—Hasta la pregunta ofende, Victoria.

—Entonces debo hablar con él para convencerlo de que no te castigue.

—¿Con qué podría castigarme? Ya he estado un mes sin pisar la calle. No hay nada que pueda hacerme mal.

—Te diré que él está molesto. No puede escuchar tu nombre, y por eso ha pedido a Helen que prepare tus pertenencias para ir a Gloucestershire.

—¿Gloucestershire? ¡Pero dónde está eso!

—No lo sé. Él solo dijo que te enviaría ahí.

—¡Esto es una tontería! ¡Un error! Hablaré con él.

Kitty dejó en la habitación a su cuñada y fue a buscar a su hermano. Debían aclarar este asunto. No podía estar hablando en serio, Victoria debía estar equivocada.

—¡Spencer! ¡Spencer! —gritó su hermana, buscándolo.

—Su hermano está en la biblioteca, milady —dijo Calvin, el ayuda de cámara de Spencer, al oír gritar a la muchacha.

Fue hacia donde le había dicho el criado, abrió la puerta sin permiso y entró.

—¿Cómo que me mandarás a... no sé dónde? —increpó la joven.

Spencer quitó su monóculo de sus ojos y dejó el libro que leía a un lado.

—Buen día, Kitty... —saludó.

—Explícame, Spencer.

—Estás castigada. Sabrás entender que tu ofensa no solo fue hacia mí, sino que también hacia mi esposa, el bebé, tus hermanas e incluso hacia ti misma.

Consideraste a una mujer como un problema y coincido con una cosa: tú eres un problema.

Antes de que pudras a tus hermanas, prefiero deshacerme de ti dándote algo de lo que esperas.

—¿Todo esto es porque dije que deseaba que tu bebé fuera una niña?

—Sí, para qué sufriera. Fueron tus palabras.

Todo tiene una consecuencia. Los malos dichos y malas acciones no están exentos, por esa razón, he decidido que una propiedad de Gloucestershire que nuestro padre compró antes de morir es lo que mejor te quedará.

No conozco la finca, pero hay trabajadores ahí.

Te hago todo muy fácil. No quieres casarte, entonces no serás un problema y una mala influencia para quienes sí quieren.

Estar lejos de Londres te ayudará a pensar en concreto si lo que quieres en realidad es vivir entre estiércol de caballo o bailar en los salones con un esposo a tu lado.

—No puedo creer que me alejes de mis hermanas... —masculló rabiosa.

—También son mis hermanas y mi deber es cuidar de ellas y no dejar que se extravíen en el camino.

Eres una mala influencia. Ahora dedicaré mis esfuerzos y los de la señorita Harting para que Meredith se case cuando llegue el momento y no cause problemas como tú.

Sabrás lo difícil que es la vida, Kitty.

Esto es lo que ocurre cuando una mujer no se casa y tiene hermanas. Dejaré que te hundas sola... —declaró.

—Eres muy rencoroso.

—Y tú me has provocado. He sido bueno, paciente, agradable y honesto contigo, pero me has devuelto una ofensa como premio.

Disfruta de la finca, de los caballos viejos de la propiedad y de la naturaleza que te rodeará.

Si te arrepientes de tus actos, puedes escribirme una carta y enviaré al cochero a buscarte, pero todo será bajo mis condiciones.

Ninguna de tus hermanas se vinculará contigo.

Eres una solterona y eso no es bien visto.

La respiración de Kitty se había agitado. Se sentía nerviosa por lo que le decía su hermano. ¿Qué haría ella sola en una propiedad?

Kitty golpeó su camisón con las manos y salió corriendo de la biblioteca.

Odiaba con todas sus fuerzas a Spencer. Él solo quería imponer su voluntad, pero ella no se dejaría vencer.

Si aquel la ponía en el agua, nadaría para salvarse y era lo que debía hacer en ese momento.

Pese a su miedo y a la desesperación, afrontaría el castigo con valor.

Le demostraría que saldría adelante sin un caballero.

De esa crisis podría surgir una gran oportunidad.