Familia Fane Capítulo 31 #3
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Capítulo 31 #3

Él no podía creer que las cinco lo rodeaban con sus brazos.

—Quiero presentarles oficialmente a mi esposa. Victoria es la nueva condesa de Nottingham... —habló emocionado por el cariño que recibía.

Las niñas lo dejaron y fueron a abrazar a Victoria.

—Eres nuestra nueva hermana... —dijo Fanny, feliz.

—¿Sabes que faltan habitaciones en la casa? No puede haber más niños —aseguró Meredith, maliciosa, aunque burlona.

—Eso no importa. Lo único que nos interesa es estar todos juntos. Yo seguiré cuidándolas con la señorita Harting. —Victoria correspondió al afecto de las niñas y después miró a Spencer. Aquel asentía con delicadeza y sonreía. Sabía que todo sería mejor mañana.

Epílogo

Cinco años después...

La residencia de la familia Fane había cambiado en estos años.

Después del matrimonio de Spencer y Victoria, todavía no habían llegado los hijos de esa unión.

Estaban enfocados en la crianza de las hermanas Fane, aunque Victoria venía sospechando desde hacía unas semanas que ya estaba embarazada y era a causa de la ausencia de su sangrado por casi un mes.

Los cinco años habían pasado volando. Lord Sharp había insistido en casarlos en una capilla en alguna propiedad que fuera de la familia Dankworth para entregarles la cuantiosa dote de Victoria.

Cuando le dijeron a cuánto ascendía el dinero, Spencer por fin pudo descansar de tantas preocupaciones e incluso contratar a Helen como doncella de su esposa, aunque también, para ahorrar en gastos, atendía al resto de las muchachas.

Su tía Danielle y Emma la visitaban con frecuencia a la hora del té. La señorita Malorie renegaba de la mala fortuna de su hija que no había logrado casarse con nadie y menos con el marqués.

El marqués de Asthon prefería su soltería, seguía siendo un asiduo enemigo de Emma. Siempre estaban en desacuerdo en las navidades y fechas especiales. Todo era muy divertido para ellos pese a los roces.

—¡Helen! —llamó Victoria a su doncella.

Aquella tardó un tiempo en llegar.

—Milady, no soy un pulpo, su cuñada, lady Kitty, hoy cumple años y es tan especial. Después lady Eugenia no tiene límites con el desorden y...

—Solo quiero preguntar si viste a mi esposo...

—Él está en el lugar más seguro de esta casa: su despacho.

—Gracias. Consiente a Kitty, hoy es su día, cumple dieciocho.

Victoria fue a buscar a Spencer para decirle que sospechaba que sería padre. En muchas ocasiones habían conversado sobre ese asunto, pero siempre lo habían pospuesto por las niñas. Eran la prioridad para un buen matrimonio.

Golpeó la puerta sin prisa.

—Adelante si no es ninguna de mis hermanas... —espetó la voz de Spencer.

—Soy tu esposa, pero a veces soy más insoportable que tus hermanas —replicó. Lo miró y le sonrió al verlo con el monóculo. Con los años Spencer había ido perdiendo la vista para la lectura y escritura.

—¡Qué cosa ven mis ojos con este monóculo! —exclamó divertido.

—No voy a molestarte mucho tiempo. Solo quería decirte que...

—¡Estás embarazada!

Él corrió hacia ella y la cogió en brazos para darle unas vueltas en el aire.

—¡Cómo lo sabes! —preguntó Victoria.

—Ya soy un experto contando compresas colgadas al sol. Los años me han instruido en mujeres... —respondió.

—Tienes buen ojo, y no es de manera literal.

—¿Sabes lo que eso significa?

—Sí, que seremos padres y la familia se agranda...

—No. Eso significa que alguien tiene que dejar la casa y ya sé quién es esa persona.

Spencer le dio un beso en los labios a su esposa.

—Sabes que te amo, ¿verdad?  —cuestionó Spencer.

—Y yo también a ti, querido. ¿Qué harás?

—Sígueme si quieres saberlo...

El conde tomó la delantera a largas zancadas y ascendió las escaleras con una sonrisa de felicidad que partía su cara en dos. Se dirigió a la habitación de Kitty y abrió la puerta.

—¡Hoy es tu cumpleaños! —exaltó animado.

Kitty y la doncella se asustaron.

—Te lo agradezco —pronunció Kitty, confundida.

—Victoria y yo queremos darte una noticia importante...

—¿Una noticia? No me digan, hay dos opciones, ¿encontraron un tonto que quiera casarse conmigo o van a tener un hijo?

—Todavía no he conseguido al hombre de paciencia de hierro capaz de soportar a una mujer rebelde como tú, pero te puedo confirmar que tendremos un hijo. Y sabes lo que eso significa...

—Lo sé, no hay espacio en la casa —mencionó Kitty, socarrona.

—Por supuesto que hay una habitación disponible y es la tuya. Este año te casas. Tienes nueve meses para encontrar al esposo paciente que tolere tus locuras y a tus caballos.

—¡Pero si yo he dicho que no me interesa el matrimonio! Spencer, es tu obligación mantenerme.

—¡No, no, y no! Me he quemado las pestañas por tu dote, ahora corresponderás a eso. He dicho... Qué disfrutes de tu día...

—¡Spencer! —llamó Kitty, molesta.

La condesa miró a su cuñada y le sonrió.

—Nueve meses, Kitty... —dijo Victoria como un chasco y después siguió a su esposo.

La casa de la familia Fane seguía y seguiría siendo una locura por un par de años más. Spencer y Victoria buscarían las mejores oportunidades para las niñas y empezarían con Kitty.

Fin.