Familia Fane Capítulo 30
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Capítulo 30

Ella esperaba ansiosa una respuesta. Estaba aferrada a él, quizá esperando una estocada final o una confesión de amor.

Spencer no quería que Victoria lo engañara, pero ahí se hallaba correspondiendo a ese abrazo. Podía pecar de tonto y creerle o también de incrédulo y perderla.

—Yo no comprendo algunos sentimientos, Victoria.

Soy un ser antipático por naturaleza que siempre he deseado protegerme del desamor.

No he recibido mucho afecto en mi vida. He preferido buscar otra candidata antes que insistir ante algo convincente que me han dicho de usted.

Es comprensible. Si verdaderamente sentimos amor, eso vendrá con poco espacio y limitaciones.

Mi alma nunca se ha sentido tan turbada como cuando me dijeron que había cambiado de opinión.

Alguien me había apuñalado y dio vueltas ese puñal en mi pecho.

Mis hermanas y yo, salimos destrozados de su casa...

—Qué maldad más grande ha cometido mi tío en nombre de mi bienestar. Yo no quiero a ningún duque. Podrán llamarme tonta, pero prefiero mil veces la vida de limitaciones si esa será al lado del caballero que se ha robado mi corazón.

—Victoria, no deseo mentiras, ni ilusiones. Yo quiero una vida con usted con dinero o sin él, pero no sé si esté dispuesta a dejar todo por mí y mis hermanas. Vengo con un baúl de amor muy grande.

—Y yo quiero ese baúl, lord Nottingham.

—No conseguiré la aprobación de su tío. ¿Cómo nos casaremos?

—¿Recuerda que una vez dejé la casa de mi tía? De esa forma... Abandonaré a mi tío y buscaremos alguna manera de casarnos.

— Gretna Green... —habló Spencer, animado. Estaba enloqueciendo. De no desear casarse pasó al estado de buscar las maneras para casarse.

—Quiero ir ahora mismo. Si me voy con el conde de Sharp, lo único que lograré es que nos separe, me encierre y conceda mi mano al duque de Surrey —alegó con vehemencia.

Spencer alejó a la joven de su pecho y alzó su mano al rostro de ella.

—¿Está segura de que esto es lo que quiere? —cuestionó Spencer con su mirada azul cargada de esperanza.

—Sí. No quiero los bonitos vestidos si secaré mis lágrimas con seda...

Ante esa respuesta, él acercó la boca de ella a la suya para devorarla sin compasión. Eso era lo que Spencer deseaba. Quería tener a su lado a Victoria para siempre.

—Somos dos locos que se quieren —musitó él al colocar su frente junto a la de Victoria—. Llevaremos esto hasta las últimas consecuencias... Pensé que la perdía, Victoria...

—Por Dios que casi me pierde, milord.

El conde besó los cabellos rubios de la muchacha con afán. No quería soltarla ni dejarla ir. De ese lugar debían escapar juntos.

—He venido en el carruaje de William. Espero que no le moleste que se quede sin coche por un momento...

La emoción y los nervios consumían a Victoria. Su proposición estaba dando frutos. Se irían de allí juntos.

—¿Cómo saldremos de aquí? No puedo volver al salón —dijo Victoria, preocupada.

—Caminará por el jardín. Yo saldré por el salón y esperaré a por usted en la entrada. Lo lograremos. No sé si tendremos la bendición de un vicario por esto, pero es nuestra felicidad.

—¿Y si no me entrega la dote después de casarnos en Gretna Green ?

—No me importa. Invertiré, trabajaré, compraré más tierras, venderé otras... Encontraré la manera. Una mujer no debería ser una forma de enriquecimiento. He estado planteado mal el asunto.

Victoria recibió un último beso de Spencer antes de que él se aventurara hacia el salón.

Ella miró a su alrededor para saber hacia dónde poder ir a la salida de la residencia.

Caminaba con cuidado muy pegada a las paredes.

Cada vez que llegaba hasta una ventana de la residencia, se agachaba y después caminaba con las palmas y las rodillas, como un animal.

Cuando estaba a punto de llegar a la entrada, distinguió al duque de Surrey.

Él estaba a punto de entrar, incluso se había cruzado con lord Nottingham.

Sospechaba que en unos segundos más comenzaría una búsqueda implacable por parte de lord Sharp para colocarla en las garras de aquel buen hombre.

Esperó a que el duque dejara de saludar a todos para poder darse a la fuga. El conde Nottingham había logrado llegar hasta la salida, solo ella faltaba.

Siguió esperando el momento adecuado hasta que lo había conseguido.

Se levantó del suelo, sacudió sus manos y rodillas para después colocarse firme y salir de ese jardín como si ese fuera el salón de baile.

El sirviente de la entrada la había mirado con los ojos casi desorbitados, pero ella tragó cualquier tipo de vergüenza que sentía por alcanzar su felicidad.

Al cruzar el portón de la residencia, se sintió libre por primera vez.

Spencer esperaba a la muchacha a la que veía acercarse regia como si no estuviera al borde de escapar con un caballero para casarse en Escocia. Él extendió su mano para que ella la cogiera. Aquel sería la señal de que no había vuelta atrás.

La muchacha no había parpadeando. Estaba segura de su decisión. Le sonrió y tragó saliva.

—Iremos a mi casa, tomaremos mi carruaje y un poco de dinero... —pronunció sonriente.

—No quiero que me vean las niñas. No es un ejemplo que deseo que ellas sigan. Quiero que me vean una vez que estemos casados.

—Será como usted desee, Victoria.

El cochero de William los miraba como si estuvieran dementes.

No tenía una orden de su patrón, pero como sabía que aquel era amigo del marqués de toda la vida, tuvo que acceder y hacer lo que este le pedía.

Que lo llevara a su residencia no era inconveniente, pero sí que este llevara a una dama sí era un problema.

***

En el salón, el marqués y Emma estaban aburridos mirando al resto.

—Creo que ellos han tardado demasiado —pronunció William.

—Buscaré a Victoria en el jardín...

—Al jardín no irá sola. ¿Sabe cuántas cosas ocurren ahí?

—No, no lo sé, pero si me acompaña estaré segura de que nadie me hará daño, comenzando por usted. Es incapaz de tocarme un pelo.

—La cuido con mi vida.

Ambos morían en la sutileza de las insinuaciones, se llevaban tan mal que eran buen equipo cuando lo deseaban.

Buscaron a Spencer y a Victoria y no los hallaron. William dejó a Emma con su madre y luego fue a buscar su carruaje y este tampoco estaba. Era probable que la locura hubiera invadido a Spencer y por eso había secuestrado a Victoria.

William regresó al salón y lo hizo de manera apresurada. Buscó a Emma para decirle lo que había descubierto y la vio que les indicaba a dos caballeros que él tenía alguna cosa o información.

—Su señoría, lord Sharp pregunta por Victoria —comunicó la muchacha.

—Me han informado que mi sobrina estaba acompañada por lord Nottingham, ¿dónde está ese hombre?

—Milord, creo que Spencer secuestró a milady. Él se ha llevado mi carruaje.

Aquel podía ser un escándalo de grandes proporciones. Un conde estaba secuestrando a una muchacha virginal.

—¡Qué está diciendo! —exclamó lord Sharp, escandalizado.

—Usted le dijo que lady Victoria Dankworth había cambiado de opinión con respecto al matrimonio que habían pactado en secreto. Créame cuando le digo que eso solo despertó al demente que mi pobre amigo tenía dentro de sí —acusó William.

—Hay que ir tras ese infeliz. No puede llevar lejos a mi sobrina.

—Avísele al duque que ha perdido a su candidata. No creo que después de haber sido raptada por un disoluto, él quiera saber de ella. Lo mejor es que se resigne a que milady no es una mujer apta para el matrimonio con alguien que no sea el conde de Nottingham.

Emma miró al marqués con admiración. Nunca antes lo había percibido como alguien que persiguiera causas justas. Siempre le había parecido un cínico de alcurnia.

—¡Cómo se atreve a defender a un sinvergüenza! Es de la misma calaña que su amigo —espetó el conde—. Tomaré cartas en el asunto.

Lord Sharp abandonó el lugar a largas zancadas, pero no sin antes llevar consigo al duque de Surrey.

—¿Cómo es eso de que Victoria ha sido secuestrada? —preguntó la señora Malorie—. Eso es muy malo para ti, Emma. Nadie querrá casarse con la prima de una secuestrada. Siento que me desvanezco...

—Ojalá me hubieran secuestrado a mí—farfulló y miró al marqués de Asthon—. Espero que ambos sean felices. Dudo que el conde la secuestrara. Ella huyó con él. Se ha convertido en una experta escapista.

—No lo dudo...

William y Emma se observaron como si fuera la última vez que se verían. Las únicas personas que los mantenían cerca eran Spencer y Victoria.

—¿Cómo regresará a su casa si le han robado el carruaje? —indagó Danielle.

—A pie. Iré a pie... Mi residencia no está tan lejos.

—¿Caminando? No, su señoría. Nosotros lo llevaremos —se ofreció la señora.

Emma solo le hizo un gesto de la cabeza para que aquel comprendiera que su madre nunca cambiaría. Era una cuestión de resignación.

***

Spencer y Victoria habían llegado a la residencia de él. A la muchacha le pidió que se quedara en el carruaje para evitar que se armara un revuelo en la casa. Sus hermanas no debían despertar por nada del mundo. Necesitaba a su cochero y un poco de dinero.

Él pasó por la puerta como si se tratara de un rayo y se dirigió a su despacho, lugar en el que guardaba el dinero. Tomó una de las bolsas preparadas con una cantidad razonable.

Cuando iba a salir de la residencia, vio a Calvin que estaba parado al pie de las escaleras. Aquel lo miraba, intrigado.

—Ve a por el cochero, Calvin, pronto. Necesito dejar la casa. Volveré en un par de días. Te encargo a mis hermanas.

—¿No va a cometer una tontería, lord Nottingham? No deje abandonadas a sus hermanas —alegó Calvin, asustado.

—Iré a ser feliz. No puedo decirte el lugar porque eso sería comprometerte. Apresúrate, porque no queda tiempo.

—Jure por el alma de su madre que no le ha robado a nadie y menos a un prestamista, milord.

—No es nada de eso, es algo peor. Estoy huyendo con una dama y eso es todo lo que sabrás de mí. Iré a por unas prendas y a despedirme de mis hermanas. Haz lo que te he pedido, pero ya, no tengo tu tiempo, Calvin.

El sirviente se apresuró a cumplir con el pedido de su patrón, mientras que Spencer subía hacia su habitación con prisa.

Ni siquiera sabía a ciencia cierta qué llevaba entre las manos.

Al terminar con lo que pudo en sus aposentos, fue abriendo las habitaciones de sus hermanas una a una para dejarles besos en la frente.

Todas parecían dormidas, mas una no lo estaba.

—¿Qué vas a hacer, Spencer? —interpeló Kitty con la voz quebrada.

—¿Qué pasa, Kitty?

—Hace muchos años que no me das un beso en la frente. Solo puedo pensar que algo malo ocurrirá. Te he visto tan triste desde que Victoria se fue y te mintió. A veces siento que la odio. ¿No vas a dejarnos como lo hizo nuestro padre?

En medio de su apuro, él se sentó junto a su hermana para tranquilizarla.

—Me iré unos días, pero vendré con buenas noticias para ustedes. No me pasará nada malo. Te quiero, Kitty. Eres mi primera hermana, nunca podría olvidarte, ni olvidar los sentimientos de la primera vez que te cargué... Qué ilusión...

A Kitty esas palabras le habían llenado el corazón que durante mucho tiempo había sentido vacío por el nacimiento de cada una de sus hermanas.

Ella había sentido que perdía territorio en el afecto de sus padres y de su hermano.

Y sin sus dos progenitores se sentía más que perdida en un mundo con tanto cariño por dividir.

La niña lo abrazó y soltó unas lágrimas.

—Dios, Kitty, eres fea cuando lloras, trata de no hacerlo muy seguido.

Siempre quiero verte sonriente y burlona.

Ahora debo irme. No le digas a ninguna de ellas lo que te he dicho o desatarás los celos y yo no sabré qué hacer.

Todas tienen mi cariño de alguna u otra manera y también mi preocupación.

—¿Regresarás pronto? Puedo hablar con Victoria para que recapacite y te acepte. Puedo regalar a las demás y que solo quedemos tú y yo...

—Qué ofrecimiento tan generoso. Es mejor que te duermas, de Victoria me encargaré yo.

Él se alejó de su hermana con lentitud y cerró la puerta.

Después comenzó a correr por los pasillos.

No podía considerar su relación con Kitty como una pérdida de tiempo, aunque no había sido el momento indicado para que ambos se pusieran sentimentales.

Sin embargo, tanto Calvin como su hermana lo habían dejado pensando en la desconfianza que sentían hacia él al pensar que podría hacer alguna tontería como matarse.

¿Y si su padre no hubiera estado enfermo y decidió acabar con su vida por sentirse agobiado por sus hijas?

Esa idea comenzó a dar vueltas en su mente.

Al estar fuera y ver a Victoria subiendo al otro carruaje con la ayuda de Calvin, recuperó sus horizontes. Iría a cometer la mayor locura de su vida y lo haría con gusto.