Familia Fane Capítulo 20
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Capítulo 20

Beatrice consideraba que Victoria había perdido el juicio. Creía que alguna vez lo había tenido. La defensa hacia lord Nottingham era sorprendente. Sus explicaciones eran dignas de una mujer enamorada y estúpida.

—Lamento decirle que, si usted está en lo cierto, no existirá amor que lo haga desistir de hacer lo correcto con sus hermanas.

La culpa que tiene por no haber acudido a visitar a su padre es muy poderosa para hacer que él abandone la idea de duplicar las dotes.

¿Se da cuenta de que no tiene esperanzas?

Ni si cumple con lo que su padre dispuso ni si no lo hace.

Es momento de que entienda su posición en esta casa.

No se lo digo con malicia, pero usted es la niñera y lo seguirá siendo hasta que usted disponga, hasta que él lo diga o hasta que la nueva condesa pise esta casa —aludió Beatrice, punzante—.

Y no será esa mujer, Victoria. Para él usted es insignificante.

Imagine que siendo una lady sin dote ya era insignificante, ¿qué es ahora?

Victoria se negaba a llorar. La señorita Harting era como el verdugo de cualquier esperanza. Ella no quería darle una lección de vida, deseaba matarla sin compasión.

—Lo entiendo. Mi ambición carece de razón, aunque no de esperanza, señorita Harting.

—Se lo digo por su bien, Victoria. Ante la duda es mejor que se prevenga.

No conoce bien a milord. No sabe si dentro de él algo ha cambiado o sigue siendo el mismo sinvergüenza, pero con más obligaciones.

Me preocupo por usted y me ocupo de que tenga la orientación de alguien.

Es huérfana y necesita que alguien le diga cuál es el camino.

Este no es ni el camino, ni su destino. Usted ha decidido abandonar sus oportunidades para salvarse de algo que puede encontrar aquí: un hombre con malas intenciones.

La joven había sido sacudida por los dichos de la institutriz. Sin embargo, Victoria todavía no estaba convencida de que existiera malicia en el conde. Más que nunca lo estaba conociendo. Ninguna otra mujer podría saber más de él que ella. Conocía sus gustos y hasta quizá sus mañas.

Ella no podía creer su mala fortuna contando con tantas ventajas.

Las hermanas de él la querían, ella era hermosa y lo conocía de forma más íntima que cualquiera, mas esa ventaja no significaba nada frente a Spencer.

Su falta de recursos era un gran problema.

Si ella tuviera dinero lord Nottingham se fijaría en ella.

—No quiero tener que ser partícipe de su desgracia, Victoria. Todavía es joven y con oportunidades, no lo olvide. Regrese con las niñas —pidió la señorita Harting.

Se apresuró a retirarse antes de que la señorita Harting decidiera continuar haciéndola papilla.

Si antes la vergüenza la consumía, en ese instante las cosas no mejoraban. ¿Cómo continuaría su vida cerca de lord Nottingham?

Por la noche, Calvin se encontraba, afanoso, preparando a lord Nottingham que le había dicho que saldría.

Spencer se encontraba nervioso por lo que haría. Saldría de la cueva con la intención de encontrar a una rica heredera. Era lo que requería. No había otro requisito más, quizá un poco de belleza para sentirse atraído a una vida de eterno calvario en sacrificio por sus hermanas.

Calvin terminó de arreglar el pañuelo de su patrón y solo le faltaba la esmeralda que adornaría su corbata.

Una vez que estuvo listo, Spencer fue hacia la planta baja. Sus hermanas jugaban antes de que se sirviera la cena.

Victoria fue la primera en distinguir que él estaba descendiendo las escaleras. Se sonrojó al verlo tan arreglado y galante.

—¿No cenarás con nosotros? —preguntó Kitty al notar que se encontraba listo para salir.

—No, Kitty, hoy tengo algo importante que hacer —respondió.

Sus hermanas rieron al pensar todas en lo mismo: iría a beber como les había dicho su padre.

—Hagan caso a Victoria y a la señorita Harting. Vendré tarde.

Eso fue todo lo que dijo para quienes lo habían oído. Fue hacia la puerta principal y se retiró.

Las niñas comían en el comedor muy entretenidas hablando sobre lo que haría su hermano, mientras que en la cocina los criados, incluyendo a Victoria, se hallaban cenando por turnos. La señorita Harting había terminado. Victoria recién empezaría.

—¿A dónde habrá ido lord Nottingham? —indagó la cocinera.

—¿Quiere que le responda, señora? —replicó Calvin, burlón.

—Por supuesto, muchacho insolente.

—Lord Nottingham ha salido para buscar esposa... Al menos es lo que me dijo —contó.

Al escuchar eso, Victoria sintió que ese pedazo de gallina se le había quedado atorado en la garganta.

Levantó los ojos hacia la señorita Harting que estaba a punto de regresar al comedor junto a las niñas.

Su mirada indicaba un claro: «te lo dije».

Ella también sabía que la institutriz tenía razón, pero deseaba seguir sus absurdos sentimientos.

¿No era capaz de comprender que lord Nottingham solo la usaba para su placer?

Victoria era la solución del conde, pero para sus hermanas, no para su soltería.

Fue doloroso darse cuenta de que la usaron para un momento de diversión disfrazado de angustia por compartir el mismo espacio. El conde le había hablado con sentimiento cuando había reclamado su estancia en esa casa. Lo había sentido sincero.

Su inexperiencia no le había dejado comprender que su ambición por ser la condesa no estaba a la altura de las ambiciones de ese hombre por aumentar la riqueza de sus hermanas.

No podía juzgarlo por eso. La vida estaba hecha de convencionalismos para lo conveniente.

No había sentimientos, existían solo el buen pasar y una posición privilegiada.

Eso era lo que le demostró su tía desde un principio y ella se negaba a entender.

El señor Byron era conveniente, mas no deseable ni aceptable por su sentimentalismo.

Ella estaba enamorada de lord Nottingham y aunque quisiera no podría cambiarlo estando bajo su techo.

No había donde ir. Solo le quedaba adquirir experiencia o regresar junto a su tía con el rabo entre las piernas para ser víctima de la desconfianza por haber huido de su casa.

En esa oportunidad era más probable que la casaran con el señor Byron por desconocer lo que había ocurrido con ella fuera de la casa.

Debía ser fuerte. Regresar junto a los Malorie no era una opción y nunca lo sería.

Por algo había escapado, no podía regresar.

En fin, no tenía alternativas, debía quedarse ahí a sufrir.

Imaginaba a lord Nottingham arreglándose una mañana para salir a cabalgar con una dama acomodada, aunque cualquier mujer a saber de cinco dotes podría salir huyendo.

Él era como un zorrillo, pero uno que a ella le atraía y que estaba dispuesta a besar si fuera necesario.

Sin embargo, el conde no estaba en la misma sintonía que ella.

Eso que los unía era diferente. Le quedaba la resignación.

***

Spencer se sentía en un mundo diferente al suyo.

El barullo, el calor y el poco espacio lo estaban irritando, también la falta de compañía conocida.

Sus amistades por nada del mundo deseaban pisar un salón de baile por temor a ser cazados o enamorarse de alguna muchacha en contra de su voluntad, tal como le había sucedido al mismo Spencer con Victoria.

Lo que había ocurrido con ella era un completo error.

¿Qué haría más adelante? ¿Cómo conversaría con ella o trataría asuntos de sus hermanas si llevaban una relación incómoda?

¿Acaso debía conseguirle otra casa y él buscar otra niñera?

Hacer eso sería fallar al objetivo que la muchacha había tenido al abandonar su hogar de acogida.

—¿Lord Nottingham? —inquirió la voz de Emma que lo había reconocido entre la multitud de personas.

—Señorita Malorie —saludó reconociéndola.

—Llevaba tiempo de no verlo por los salones, milord —musitó la muchacha.

—Estaba un poco ocupado, milady. ¿Cómo se encuentra? ¿Y su prima?

Emma sonrió con nerviosismo, aunque la habían adiestrado para que respondiera esa pregunta sin titubear.

—Mi querida Victoria ha ido a visitar a uno de sus parientes y quizá estará un par de meses lejos de Londres —respondió Emma.

A Spencer le sorprendía lo bien que podía mentir Emma para solidarizarse con su prima y no hundirla en la desgracia. Bien pudo haber dicho que ella había desaparecido o que se había fugado con algún caballero para obtener ventajas y más frente a William.

—Es una lástima. ¿No ha visto al marqués? —inquirió.

—No lo he visto en semanas y eso me pone feliz.

—¿Es capaz de rechazar a alguien por desprecio? —increpó sin dilación.

—No, milord. Le confieso que su señoría es el favorito de mi madre, pero no es de mi preferencia y es evidente que tampoco soy de la suya. La gente se empeña en juntarnos y nosotros en separarnos.

—Lamento escuchar eso. Consideraba que hacían una hermosa pareja. Creí que usted era la única dama que había logrado algo con William.

—Sí. Lo que he logrado es hacerlo correr. Hay que ver el vaso medio lleno.

—Hmm, ¿quiere bailar?

—Estaría encantada de hacerlo con usted.

En ese momento Emma se sentía en el paraíso. Iría del brazo de lord Nottingham hasta el centro del salón para un baile. Su madre estaría enfadada por bailar con un conde y más con él que tenía cinco hermanas, una pobreza casi asegurada.

El conformismo de Spencer por esa noche era algo esperado.

Emma era suficiente para él. Al acabar de bailar con ella prefirió pasar por White's .

Sus ánimos de buscar un compromiso en realidad eran nulos.

No sabía qué deseaba en su vida ni a qué apuntaba.

Al entrar encontró a su amigo William en una mesa con otros conocidos.

En esa mesa parecía no existir las preocupaciones ni cinco hermanas que debían crecer y que dependían de él.

¿Era normal sentirse afligido por su entorno?

Las niñas, la niñera, su padre muerto, sus finanzas...

Muchas cosas que pensar. Se merecía un descanso.

—¡Oh, alguien ha podido salir de su casa del terror! —expresó William que se acercó a él como bienvenida y corrió una silla para que él se sentara.

—Buenas noches...

—Que alguien le sirva un trago a nuestro conde, que no se nos escape sobrio —alegó el marqués.

Todos comenzaron a hacerle preguntas. En lugar de dejarlo olvidar sus penas.

Ni siquiera tenía muchas ganas de beber por lo que fingió tomar whisky con el resto.

Nunca había salido tan sobrio de este sitio.

Ayudó a los sirvientes del lugar a subir a William a su carruaje.

Aquel había bebido demasiado, como si tuviera más problemas que él.

No fue con exactitud cómo había imaginado su noche.

Su actitud al salir de su casa había sido positiva para su búsqueda, pero poco tiempo después no tardó en desinteresarse. Le resultaba preocupante no poder mantener el interés en el matrimonio. ¿Cómo hacían las personas para casarse por conveniencia? Él necesitaba que lo obligaran.

—William, te esperaré en mi casa apenas recuperes la conciencia... —mandó Spencer. Tal vez ese amigo suyo fuera de ayuda. Aunque verlo tirado en el suelo de su carruaje tampoco le daba muchas esperanzas.

Después de dejar a William en su coche, Spencer fue al suyo. Regresaría a su residencia, era momento de hacerlo. Volvería para enfrentar a sus fantasmas en esa casa. Encontraría alguna manera de no ser devorado por las damas que vivían en su casa.

***

Su buen amigo William se presentó en su residencia después de tres días. Al parecer él había resucitado después de esa noche en que lo sacaron a rastras.

—Es un gusto verte después de creer que ya no te vería —confesó Spencer, burlón.

—Búrlate todo lo que quieras. Te doy permiso. Pensé que moriría al día siguiente. Recién ayer pude abrir los ojos y recordar lo que me habías dicho o que creo que me dijiste, no estoy seguro. Ante la duda aquí me tienes...

—Sí, te lo he pedido porque necesito que alguien me obligue a casarme.

—¿Crees que yo te obligaría? No sé quién de los dos sigue fuera de sí.

—Escucha... Tengo poco compromiso para casarme y tengo un grave problema en esta casa...

—Victoria...

—Sí, y ya no puedo tolerarlo más. Una esposa es la única que hará que no termine arrodillado y rogando por el amor de una mujer que no aportará dinero a mis arcas ni a la de mis hermanas, pero que es la única que me tiene preso de su mirada. Quiero que escojas a quien será la futura condesa...