Familia Fane Capítulo 18
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Capítulo 18

William salió al jardín y se acercó hacia donde se encontraban las niñas junto a Victoria.

—¡Miren quién ha venido a salvarlas del aburrimiento! —exclamó William para que las niñas lo oyeran.

—¡Es el marqués, es el marqués! —gritó Eugenia que dejó de jugar con sus hermanas para correr al encuentro del amigo de su hermano.

Victoria levantó la mirada y distinguió al marqués que había ido de visita.

Le daba mucha vergüenza tener que saludarlo y que la viera como una criada más de su amigo.

No era una mentira, mas era una dolorosa verdad que prefería no recordar.

Ella había nacido en cuna de oro y debería tener privilegios, pero el destino no lo había querido así.

Ella observó que las pequeñas tenían una gran familiaridad con el marqués. Le hacían graciosas reverencias como si fueran grandes damas y después lo abrazaban.

—Creo que tengo algunas cosas para ustedes en el bolsillo —anunció.

Las niñas saltaban de emoción al intentar pensar qué sería lo que ese caballero llevaba para ellas.

El conde también había salido a ver lo que hacía William.

Aquel fanfarrón había ganado la confianza de sus hermanas con presentes y chascos.

Spencer consideraba que una cosa mala ya era no servir como heredero y otra no tener un buen desempeño como hermano mayor, proveedor y tutor.

No debía demostrar sus celos, pues su queridísimo amigo no tenía más familia, entonces no sabía lo que era lidiar con parientes con distintos temperamentos.

—¿Qué son, su señoría? ¿Serán dulces? —inquirió Rose.

—Si le gusta comer tela, esto es para que lo devore, milady.

El marqués sacó un par de listones del bolsillo de su levita y se los enseñó a todas.

Era del mismo color para evitar discordias entre ellas.

Sabía que Spencer debía soportarlas en sus peores momentos.

Suponía que llevar listones de colores distintos sería tomado como una guerra sin cuartel entre ellas y él dónde debía colocar orden si se daban las situaciones.

—Todos son iguales. Traje cinco para que nadie se quede sin su listón. ¿Buscarán a sus hermanas mayores para entregarles el presente? —interrogó William, carismático.

—¡Sí! —expusieron al unísono. Después fueron corriendo hacia la residencia.

La joven se acercó al marqués y realizó una reverencia.

—Milady, es un placer saludarla —pronunció William, que se acercó a coger la mano de la joven, pero ella se había negado.

—También es un gusto saludarlo, señoría. Prefiero que me llamen Victoria. No quisiera que las niñas supieran lo que fui y crean que les puede ocurrir a ellas. Deseo ahorrar en explicaciones vergonzosas.

—Está bien, Victoria. Spencer me ha contado lo ocurrido. Puede contar con mi apoyo o si desea puedo contactarla con alguna parte de su familia.

—Se lo agradezco mucho, su señoría. Ahora estoy bien aquí. Le rogaría su silencio sobre que me ha visto aquí. Podría mal entenderse mi presencia en casa de milord.

—Por eso no se preocupe. No se me ocurría hablar con alguien sobre esto. Comprendo que pueda ser incómodo para usted.

—¿Ha vuelto a ver a mi prima?

—No, gracias a Dios y a toda la feligresía no he vuelto a ver a su prima ni a la madre de esta. Soy un hombre afortunado —alardeó sin detenerse a pensar que podría ofender a los familiares de la joven.

—Entonces nada entre mi prima y usted prosperará. Mi tía quedará muy decepcionada, pero lo merece, aunque no Emma. ¿En verdad no la considerará como una candidata?

—No, quizá como candidata a peor compañía sí pueda considerarla. No me crea, es una muchacha agradable, pero no es de mi gusto personal o tal vez aún no sea mi tiempo de buscar esposa y por eso todas las damas me parecen más amistosas que deseables.

Ella rio ante lo que decía el marqués. Aquel tenía un sentido del humor un poco mordaz e inapropiado para conversar con una dama. Victoria miró hacia la residencia y vio al conde observar con fijeza, mientras ella conversaba, para después desviar sus ojos y caminar hacia el otro lado.

—Lord Nottingham ha ido hacia el otro lado, su señoría —comunicó Victoria.

—Iré a por él. Solo deseaba saludarla, Victoria. Espero que su vida mejore o al menos alcance lo que desea. Hasta pronto...

—Hasta pronto, su señoría.

Cuando el marqués se retiró ella se sintió sola, suspiró al recordar la mirada de Spencer.

¿Cuánto más podría soportar verlo y recordar sus besos en silencio?

Conversaban escasamente y las cosas eran referente a las niñas.

Sus ojos hablaban entre ellos, pero las palabras eran las grandes ausentes de cada encuentro que compartían.

Las pequeñas habían regresado con las más grandes.

Comenzaron su búsqueda del marqués para obtener los presentes que este les había llevado.

La ilusión en el rostro de ellas era enternecedora.

Recordaba su propio pasado al saber que su padre le llevaría alguna cosa de unos de sus viajes.

Lo último que le había dado era una brújula.

¿A ella de qué podía servirle? Le hubiera dejado una buena dote o algo, aunque no sabía qué había pasado con la inmensa fortuna del conde de Sharp.

Ese pariente suyo jamás se acercó. Debió gastar todo el dinero.

Pensar de esa manera la entristecía. Su progenitor había administrado con sabiduría lo que su padre le había legado, mas la ausencia de un heredero de su sangre había sido una desgracia. Todo se había perdido para siempre.

Victoria sentía que debía dejar ir a la dama aristocrática que tenía dentro de ella, pero percibía que tenía tanto potencial para conseguir un esposo que no se quería resignar a ser una niñera.

Ella deseaba a lord Nottingham y él siempre andaba tras su sombra.

¿Debía aprovechar la debilidad de un caballero para sacar ventaja o morir con la decisión de ser una criada?

Apelar a los sentimientos de un noble que necesitaba una mujer adinerada no era la mejor forma de ayudarlo y más sabiendo los pormenores de la situación en la que él se encontraba. ¿Algún día la suerte le sonreiría?

***

En la residencia de los Malorie, un carruaje se había detenido frente a la mansión. Un señor de considerable altura y edad descendió del coche y se acercó a la puerta.

El ama de llaves de la familia Malorie escuchó los golpes en la puerta. Sus patrones se hallaban distraídos en el salón leyendo o haciendo costuras.

—Petra, abre la puerta —ordenó la señora Malorie.

—Sí, señora...

La mujer que abrió, observó al caballero alto que se encontraba frente a ella.

—¿En qué puedo servirle, caballero?

—Busco a mi sobrina, lady Victoria Dankworth. Me han dicho que se encuentra en esta casa a cuidado de su tía materna —alegó el hombre. Luego quitó una de sus tarjetas y se la entregó a la mujer.

Petra tenía los ojos más que abiertos por la sorpresa al leer: conde de Sharp en aquel papel.

—Por favor, pase, milord. Le diré al señor Malorie que está aquí, siéntese...

La señora no sabía hacia dónde salir corriendo, se cuestionaba si había ocurrido un milagro que salvara a esa muchacha de la miseria. La pobre no había soportado los malos tratos y por eso se fue. No sabían a qué lugar había ido. No tenían información de ella desde el día de su desaparición.

—¡Señor Malorie, señor Malorie! —llamó Petra al dueño de casa, que se hallaba leyendo el periódico.

—¿Qué ocurre, Petra? —indagó el señor.

La mujer extendió frente a él la tarjeta y al leerla, el señor Malorie se había quedado tan blanco como una nube.

—¿Qué pasa, querido? —preguntó su esposa, preocupada.

—El conde de Sharp...

—¿El conde de Sharp? ¿Para qué ha venido hasta aquí? Ha rechazado la tenencia de Victoria.

—No lo sé, pero si ahora pregunta por ella, ¿qué le diremos?

—La verdad: que no sabemos qué fue de ella.

El señor Malorie se puso de pie para ir al encuentro del hombre y conversar.

El conde de Sharp observó al caballero que se acercaba a él.

—Pensé que...

—¿Qué encontraría a mi hermano, señor Malorie?

Ha acudido al llamado del señor —habló el hombre—.

Deje que me presente, soy Joseph Dankworth, primo del padre de Victoria y hermano del anterior conde.

Me desempeñaba como vicario en una propiedad rural del duque de Surrey.

Hace un par de semanas ha llegado a mí la noticia de la muerte de mi hermano y por eso he permanecido en Londres.

Hurgando entre los documentos de su desorganizado escritorio encontré una carta de usted.

—Sí, yo escribí una carta para él.

—Esa carta... —El caballero sacó la carta de su bolsillo y se colocó un monóculo para leer—. Aquí dice que le recuerda que lady Victoria Dankworth es su responsabilidad...

—En efecto. Su hermano no ha tenido en cuenta a Victoria. Ha estado años como conde de Sharp y ni siquiera ha pasado la dote que le pertenece o que debería pertenecerle a su sobrina.

—Mi hermano ha gastado bastante dinero, pero para suerte de la muchacha, la dote está intacta, aunque el título está casi vacío. Fue un mal administrador. Ahora me encargaré yo. Quiero ver a Victoria. Tengo excelentes noticias para ella.

—Victoria se escapó hace un par de semanas...

El nuevo conde de Sharp no podía creer lo que escuchaba.

—¿Cómo que ha escapado? ¿Esto era una prisión?

—Yo...

—Quiero hablar con la tía de la niña. Esto es inconcebible. ¿O tratan de ocultar que se ha escapado con un caballero de poca monta? ¡Oh, qué desgracia! He llegado tarde. Tendré que conversar con el duque... —dijo el hombre, preocupado.

—Dudo que Victoria huyera con algún caballero. Es una dama intachable.

—Si es tan intachable, deberíamos encontrarla. Qué escándalo. ¿Qué haré con una muchacha mancillada?

—Por favor, lord Sharp. Le agradecería que no pensara de esa forma. Tengo sospechas de las razones por las que ha huido de aquí y en eso tiene mucho que ver mi esposa.

—Le daré dos semanas para que la encuentre, señor Malorie, mientras tanto yo la buscaré por mis medios y emplearé mis métodos. Nadie debe saber que ella no permanece en esta casa. Yo tendré que decirle eso al duque de Surrey.

—¿Por qué lo debe saber alguien ajeno a todos nosotros?

—Pues le he dicho al duque que esta muchacha es soltera. Según sé ella debutaría este año y a él le ha interesado. Tiene cerca de treinta y cinco años y no ha seguido mis consejos con anterioridad por eso es un viejo lobo solitario.

La mente del señor Malorie sabía que debía encontrar a esa muchacha.

A su esposa le molestaría que su sobrina terminara siendo duquesa.

Se moriría de rabia, era mejor no decirle eso de que el caballero deseaba conocer a Victoria con el interés de convertirla en una futura esposa, aunque no se sabía que un hombre con un título tan alto aceptaría a una joven que abandonó su hogar

—Pasemos al despacho para conversar con mi esposa sobre Victoria. Le sugiero que no mencione algún interés del duque porque ella quizá lo malentienda.

—Eso no es problema, lo que quiero saber es la razón por la que esa niña no está en esta casa. Le oraré al Señor para encontrarla pronto. Sé que se pondrá contenta al saber que me encargaré de ella, solo espero que no sea demasiado tarde.

—Creo que estará en casa de alguna amiga de ella y de mi hija. Nosotros no hemos preguntado por ella a ningún conocido. Sabemos lo que eso implicaría para la reputación de la muchacha.

—¿Cree que sea conveniente que pague un runner para hallarla?

—Es una opción válida si se trata de encontrarla. No tenía dinero consigo, por lo que apuesto que debe estar por Londres. Le diré a mi esposa que le enseñe la carta de despedida de la joven.

Ellos fueron hacia el salón. El señor Malorie presentó al conde con su esposa y su hija.

Al escuchar que ese hombre era el conde de Sharp, Emma se había alegrado, pues era posible que con eso Victoria regresara pronto. Extrañaba mucho a su amiga.