Capítulo 14
Él siguió sumergido en sus pensamientos para saber qué hacer o al menos acercarse a la solución correcta.
—¿Ha pensado en las implicancias de dejar la vida que tiene para cuidar de mis hermanas? Ellas son muy demandantes. No podrá ir a bailes y más... Perderá sus oportunidades.
—Sin dinero no tengo oportunidades, lord Nottingham. ¿Comprende lo que eso significa?
—No puedo aprovecharme de sus necesidades.
—Puede aprovecharse de esto, pues yo también me aprovecharé de usted.
Victoria lo observaba caminar por aquel sitio, vacilante.
Al final no sabía si la aceptaría o la echaría por demente.
Lord Nottingham era un caballero y tener a una dama como su criada no debía hacerle mucha gracia, y no solo por lo que podían decir los demás, sino también porque ambos se habían besado.
Spencer miraba al piso, al techo y después a la muchacha que no lo perdía de vista, expectante. Era tiempo de tomar una decisión.
—Milady, no es correcto que usted esté en mi residencia pidiendo un puesto en el servicio.
Ni siquiera debería estar entre sus opciones para el futuro, pero me compadezco de su situación y prefiero que esté protegida de cierto señor antes de quedarse en un lugar en el que corre peligro.
No puedo prometerle privilegios en mi residencia.
Tengo otros sirvientes que reclamarían si eso llegara a acontecer.
—Eso no importa. Daré mi mejor esfuerzo y no se arrepentirá de tenerme en su casa.
—Lo que me interesa es que cuide de mis hermanas. No sé cuándo estaría disponible para venir, milady. Ah, otra cosa, no podré llamarla milady, por lo que aquí la llamarán Victoria.
—Me parece razonable. No se preocupe por nada. Tengo experiencia en el servicio. Estaré disponible esta misma noche si hace falta.
—Mejor la esperaré mañana. Enviaré mi carruaje a su casa para que traiga sus cosas.
—No se preocupe, yo me ocuparé de venir con lo necesario. Muchas gracias, lord Nottingham. No se arrepentirá de contratarme, se lo prometo.
El conde asintió, aunque no estaba muy seguro de que no se arrepentiría de que ella estuviera en su casa trastornándolo con su encanto.
—¿Cómo regresará a su casa?
—De la misma forma en la que llegué. Tengo que irme porque hoy debo dormir con Emma. Mañana estaré aquí...
—La llevaré hasta ahí. Es de noche.
—No hace falta, milord.
—Entonces le prestaré el carruaje. Es arriesgado que vaya sola por las calles y no importa que llueva. Acepte el carruaje, Victoria —pronunció.
—Está bien. La acompañaré junto a Calvin.
La joven asintió. Él abrió la puerta para que ella saliera. Victoria cogió su capa para poder retirarse y Spencer la siguió. El caballero agarró una campana del salón y la agitó con ligereza hasta que apareciera el señor que le había abierto la puerta.
—Calvin, pide el carruaje para Victoria, que la lleven a dónde ella solicita —ordenó el conde. Después ve a la biblioteca junto a mí. Victoria —habló para llamar la atención de la joven—, hasta mañana.
—Hasta mañana, milord.
Se despidieron y Spencer regresó a la biblioteca para intentar continuar con su plan anterior: tomar una copa. También esperaría a su ayuda de cámara.
Había creído que estaría tranquilo con su copa en la mano, sin embargo, no podía ni siquiera dar un trago a su bebida.
Se hallaba pensativo y perdido. ¿Qué había hecho?
Era evidente que llamó a Victoria con su mente, aunque estaba muy lejos de imaginar lo que ella había ido a decirle.
Ni en sus sueños más absurdos se le hubiera ocurrido eso.
Cuando logró sentarse, Calvin se presentó junto a él.
—¿En qué puedo servirle, milord? —indagó Calvin.
—Quiero que mañana temprano arreglen una habitación para la niñera.
—¿Ya se ha decidido por alguien?
—Sí, esa joven que se retiró es quien será la niñera.
—Pero si es una dama, milord.
—Ya no lo es. Es la niñera y su nombre es Victoria.
—Le diré que es demasiado bonita para su bien en un lugar donde hay muchos criados.
—Y yo te diré que amenaces a cualquiera que intente siquiera acercarse a ella. Estará aquí para trabajar y no para romper corazones de mozos, cocheros, ayudas de cámara, ni nada, ¿se ha entendido, Calvin?
—Por supuesto, milord. Todo estará listo para mañana, aunque sigo opinando que es un error.
—También lo sé y no quiero escuchar nada más. Victoria será la nueva criada y es todo. Error o no, es así como son las cosas. Ya tendré tiempo de arrepentirme antes de morir. Ahora solo debo continuar...
A su ayuda de cámara no le quedó más que asentir ante lo que decía su patrón.
Después de que su sirviente se retirara, volvió a coger su copa y por fin pudo beberla, aunque no con la tranquilidad que había deseado. Se sentía extraño. Tendría trabajando en su casa a alguien que bien podría ser la dueña de esa mansión, pero por cosas de la vida eso no ocurriría.
Una vez que acabó su brandi, apagó la lámpara y separó el fuego de la chimenea para que se apagara. Salió del lugar y se dirigió a su habitación para descansar. Cuando abrió la puerta encontró a Rose y a Fanny saltando en su cama.
—¿Qué están haciendo? —cuestionó molesto por la intromisión a su privacidad.
Las dos niñas bajaron de la cama a prisas.
—No podíamos dormir... —confesó Fanny.
—¿Y por eso decidieron molestarme?
—Molestarte hubiera sido si estabas aquí... —replicó Rose.
—A dormir —ordenó golpeando sus palmas para espantar a las niñas como si se tratara de perros.
—¿No puedes contarnos alguna historia para dormir? —inquirió Rose.
—No. Tengo sueño y quiero descansar.
Fanny se sentó en la cama y cruzó los brazos.
Spencer miró que su hermana estaba enfurruñada, pero le dio igual. Fue sin dilación a su cama, se quitó las botas y se tapó con las sábanas.
—Buenas noches... —dijo para despedirlas.
—¡Spencer, no queremos dormir! —insistió Rose que comenzó a zarandearlo.
—Se dormirán al menos por el aburrimiento. Guarden silencio y eso será mágico.
Las pequeñas se quedaron en la habitación. Spencer oía cuando ellas conversaban. En el momento en que pararon las risas y los murmullos, se dio cuenta de que ellas se habían quedado dormidas.
Él se movió con cuidado de no despertarlas y se acercó a ellas. Las dos dormían en posiciones extrañas. Cogió primero a Rose y la llevó a su habitación, luego regresó a por Fanny para hacer lo mismo con ella. Cada día era una tontería diferente en su residencia, al menos nunca se aburría.
***
Victoria había vuelto a la casa de sus tíos. Entró por el mismo lugar por el que había salido: la ventana de la biblioteca.
Su capa mojada la ocultaría al costado de uno de los muebles del sitio. Con mucho cuidado dio vuelta la llave para salir de la biblioteca. Cogió un libro para llevarlo con ella a la habitación de Emma.
Pasó cerca del salón y vio que su tío continuaba conversando con el señor Byron. Ella lo ignoró y siguió su camino. Ya no tendría que soportar más a ese hombre.
Estaba contenta de haber conseguido un puesto como niñera, aunque no era lo que había imaginado para su vida. Ella debería ser la señora de su casa, mas ya había sido suficiente de malos tratos y también de soportar acosos por parte de la visita de su tío.
Le sorprendía haber conseguido la ayuda de lord Nottingham. Consideraba que no había rogado lo suficiente o él había sido demasiado generoso con recibirla en su casa.
Su perspectiva de la vida estaba cambiando. De haber nacido para ama, terminaría siendo criada. No era lo esperado, aunque sí era lo mejor en su caso.
—¿Por qué has tardado mucho? —preguntó Emma al ver que Victoria entró a su habitación.
—Estaba en la biblioteca, viendo la lluvia —respondió.
—Pues más parece que anduviste caminando en la lluvia. Tu cabello está mojado.
—Abrí la ventana para tocar las violentas gotas de lluvia y terminé mojada.
Ella procedió a quitarse el vestido que llevaba encima que estaba un poco mojado para quedarse con sus enaguas para dormir.
—Si llueve mañana no podremos salir al jardín para pasear... —lamentó Emma.
—Siempre hay cosas que hacer en la casa, Emma.
—Como aburrirnos, ¿verdad?
—Sí. Deberías leer más.
—Esas cosas no son para mí. Yo amo los paseos. Mi futuro esposo debería acompañarme a largos paseos por Londres. Si tiene una residencia solariega la caminata será más larga.
Victoria sonrió y después levantó las sábanas para acostarse junto a su prima. Las dos se tomaron de las manos y comenzaron a reír como solían hacerlo desde pequeñas.
Extrañaría a Emma. En verdad quería mucho a esa muchacha. Era la única que la había tratado bien en esos años que llevaba viviendo en esa casa. Eran mejores amigas.
Cuando Emma se había quedado dormida, Victoria seguía despierta y con sus pensamientos corriendo como desaforados.
Ella debía irse al día siguiente, mejor dicho, debía abandonar a Emma y buscar su propio destino.
Ambas no estaban destinadas a ser señoras de su casa, al menos, Victoria no.
Su desventaja era brutal en cuanto se trataba de dote.
No aportaría nada. Solo un caballero enamorado se casaría con una dama sin fortuna.
Encontrar a ese hombre era como buscar una aguja en un pajar.
Para sumar a la mala fortuna de Victoria, ella no solo se iría a trabajar como criada en casa de un varón al que pretendía.
Lord Nottingham era un hombre prohibido.
Él sabía con claridad lo que necesitaba y ella sabía que no estaba cerca ni siquiera de suplir las necesidades más básicas de un caballero de su alcurnia.
Guapo, compasivo, benévolo y preocupado.
Así era como lo percibía. Con lo que había hecho esa noche por ella, su opinión sobre aquel había subido hasta las nubes.
No era solo una cara bonita con educación y con una cuota de atrevimiento, sino que tenía valores deseables.
A ella le había costado conciliar el sueño porque cavilaba de manera incesante las formas para abandonar esa casa. Había considerado meter sus prendas en una bolsa de arpillera y dejarla en el jardín para después mentir sobre que saldría a hacer algo, cogería sus prendas y se retiraría.
No se iría sin agradecer el techo, la comida y las migajas de afecto que había recibido. Eso lo haría más por respeto a Emma que a su tía.
Había amanecido y Victoria abandonó la habitación de su prima para dirigirse a la suya, guardar lo necesario e ir hacia la ventana de la biblioteca. Dejaría sus cosas ahí y escribiría su carta.
Al terminar de realizar lo primero, se propuso escribir.
Las lágrimas no la dejaban terminar una frase sin mojar la hoja.
Su escrito estaba cargado de esperanza, mas también de incertidumbre.
Dejaba lo que conocía para ir a algo que no tenía idea.
Estaba jugándose la vida y el destino para obtener paz, esa paz que el señor Byron y las intenciones de su tía le habían robado.
Eran cerca de las diez de la mañana y nadie había despertado en la residencia. Victoria había concluido que no tendría necesidad de mentir si salía en ese instante.
Determinada como pocas veces, salió por la puerta delantera como si fuera a dar un paseo, se introdujo al jardín y cogió sus pertenecías.
Miró a cada lado de la casa con la intención de percatarse de la presencia de algún criado, pero nadie la estaba observando.
Fue hacia el portón de salida, lo abrió y quedó fuera de aquel lugar que la había acogido.
Caminó con rapidez por las calles llenas de charcos. Al menos no llovía y eso la ayudaba a llegar con presteza a la residencia de lord Nottingham.
Horas después en casa de la familia Malorie, Danielle llamaba a su sobrina con insistencia, pero esta no aparecía. También Emma la buscaba. Habían preguntado a los demás criados que dijeron haberla visto por la mañana en la biblioteca.
—Esa muchacha se ha vuelto una vaga. Es por tu culpa, Emma —reprochó la señora.
—¿Mi culpa?
—Sí, porque te gusta el cotilleo y no dejas que ella cumpla con sus labores.
—Ella siempre cumple con todo mientras yo converso, madre. Qué injusta es usted conmigo —masculló Emma, enfadada.
—La buscaré en su habitación, y si la encuentro durmiendo le echaré agua fría...
Las dos mujeres fueron hasta la habitación que le pertenecía a Victoria. Todo se encontraba impecable y la cama bien extendida. Sobre ella había una carta que cogió Emma.
Emma abrió el papel y comenzó a leerlo. Sus ojos se llenaban de lágrimas al darse cuenta de que Victoria se había ido y no dejaba dicho a qué lugar.
—¡Victoria se ha ido! ¡Se ha ido, madre! —exclamó enfurecida—. ¡Es por su culpa, por su culpa!
La joven le había arrojado el escrito a su madre para que lo leyera y salió corriendo de la habitación.