Familia Fane Capítulo 7
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Capítulo 7

A los dos caballeros les costaba comprender qué los había golpeado a causa de la hermosa muchacha a la que habían visto.

—Se ha puesto difícil eso de no casarse —musitó Spencer sin dejar de mirar a la dama.

—Es hermosa, pero no sé si para casarme. Te la puedo dejar... Tú eres el necesitado.

—¿Crees que esa muchacha estará libre la próxima temporada?

—Hmm... Lo dudo. Es demasiado bonita para permanecer soltera. Solo un tonto no la notaría.

Spencer dudaba en acercarse, pero algo le decía que debía conocer a la joven, al menos para desalentarse de su hermosura. Consideraba que una mujer no podía ser tan perfecta. Ella debía tener un gran defecto.

Victoria conversaba con Emma. Ambas probaban el licor por primera vez fuera de las paredes de la residencia de los Malorie. Su tía Danielle no las dejaba beber demasiado, pues no era correcto que las mujeres tomaran tanto.

—Todavía nadie se ha acercado a nosotras —lamentó Emma que comenzaba a desalentarse.

—No creo que sea obligatorio que alguien deba acercarse a nosotras. Hay que ser pacientes, Emma. ¡No bebas rápido! — espetó al ver que su prima tomaba el alcohol como si se tratara de una limonada.

Ambas muchachas escucharon un carraspeo de garganta. Las dos miraron hacia el frente y la figura de dos caballeros estaban frente a ellas.

Una sonrisa se dibujó de inmediato en los labios de Victoria al ver a uno de ellos con más detenimiento.

El joven de cabellera rubia y ojos azules la mantenía hipnotizada.

Su esbelta figura de caballero y su porte de galante, la deslumbraron.

Era la primera vez que veía a un hombre tan cerca.

Algo dentro de ella estallaba y le producía gran emoción.

—Buenas noches... —habló Spencer. Él había tomado la decisión de atreverse a conocerlas.

Las jóvenes hicieron una apresurada reverencia.

—Buenas noches —respondieron Victoria y Emma al unísono.

—Es un placer poder conocer a personas nuevas. Él es mi amigo William Sanders, marqués de Asthon. También me presentaré, soy Spencer Fane, conde de Nottingham —pronunció el conde para dejarle la batuta a su amigo.

Las damas se miraron impresionadas. Al parecer su primera noche sería un rotundo éxito.

—Ella es Emma Malorie, y yo soy lady Victoria Dankworth —presentó la muchacha.

El marqués levantó la mano de Victoria y la besó como saludo. Después cogió la mano de Emma. Esa no era más bonita que la otra, mas él había notado el entusiasmo de la bella jovencita hacia su amigo Spencer.

Spencer llevó a cabo el mismo saludo que William. Su mirada no podía dejar en paz el rostro de Victoria y más sus labios casi tan atractivos como la cereza en un postre del té.

Danielle estaba observando a las muchachas y todavía no podía creer que ambas estaban conversando con unos caballeros. Aquellos debían ser aristócratas. Se apresuró para intervenir y tratar de colocar a Emma con alguno de ellos.

—Buenas noches —interrumpió Danielle que se colocó entre Victoria y Emma—. ¿Cómo están, queridas?

—Muy bien, madre. Hemos conocido a estos amables caballeros. Él es el marqués de Asthon y lo acompaña el conde de Nottingham —señaló Emma con una mano para que su tía los ubicara.

—¡Oh! Su señoría, milord —alegó zalamera—. Soy la señora Malorie, madre de Emma y tía de Victoria...

Los ojos de Victoria querían traicionarla y girar como trompos al escuchar a su tía, pero estaba demasiado encantada con lord Nottingham y eso no le permitía ser malvada.

—Es un placer conocerla, señora —replicó William. Aquel se sentía atrapado. Retrocedió un paso y dejó al frente a Spencer.

Nottingham se había dado cuenta de que William estaba dudando al presentarse lo que parecía ser una matrona desesperada.

—Ellas están disponibles para bailar. Usted puede danzar con Victoria, lord Nottingham y su señoría puede acompañar a Emma —propuso Danielle.

A Spencer le parecía ventajoso el trato por dos cosas: tendría permiso para danzar con Victoria y castigaría a Asthon por hacerse el tonto e intentar abandonar el barco como una rata.

—Es una excelente idea, señora Malorie. ¿Me permite un baile, milady? —curioseó Spencer con un tono grueso y amable.

—Sí, milord... —aceptó Victoria. Cogió la mano que aquel le ofrecía y caminó con él hacia el centro del salón. Esperarían su turno, pues ya había una danza en proceso.

Ella estaba encantada con la compañía de ese varón. Caminar a su lado era como si pisara las nubes.

—¿Siempre ha vivido en Londres, lord Nottingham? —indagó Victoria.

—Sí. Hace poco tiempo heredé el título de conde ante la muerte de mi padre —contó—. ¿Y qué me dice de usted?

—Mis padres han muerto hace muchos años. Mis tíos se encargan de mí. Mi padre era el conde de Sharp, su heredero prefirió no tenerme con él y ya conoció a mi tía...

—¿Es su primera temporada?

—Sí. Mi prima y yo tenemos la misma edad, aunque no las mismas oportunidades.

—Me disculpará por lo que diré, pero ella no tiene muchas oportunidades comparada con usted.

Victoria tenía el rubor cubriendo todo su rostro. Lord Nottingham la estaba halagando.

—En algunas cosas manda el bolsillo y un buen patronato, milord.

Ante lo que la muchacha le dijo, Spencer pudo entender que lady Victoria Dankworth era una noble empobrecida, por lo que no le servía para sus fines de adquirir fortuna.

¿Por qué la vida era injusta? La muchacha que había llamado su atención no tenía en donde caerse muerta, era la recogida en casa de sus parientes ricos. ¿Qué habría ocurrido de la dote?

—¿Tiene más familia? —averiguó al notar que él estaba pensativo.

—Llevo al hombro a cinco hermanas...

—¿Cinco hermanas? Debe ser una odisea. Tantas prendas, zapatos y educación.

—Sí, ahora estoy en la búsqueda de una nueva institutriz o de una niñera que pueda suplir esas actividades con las más pequeñas.

—¿Por qué no publica esa información en la gaceta?

—No había pensado en eso —exaltó Spencer, después miró a la joven y volvió a quedar prendado de su belleza y más de su inteligencia.

Ya sabía que las damas eran inteligentes, pero lo había pensado solo de sus hermanas.

Era una verdadera lástima que no cumpliera con el requisito de tener una dote que aportara dinero para él.

Victoria le sonrió y después volvió a sonrojarse.

Se miraban de reojo hasta que la danza que esperaban había concluido.

Ella se sentía nerviosa porque no sabía si recordaría los pasos del baile.

Al menos recordaba que la institutriz la hacía bailar como pareja de Emma y con eso ambas se consolaban y practicaban.

Su tía no la había dejado danzar con su tío, pero tampoco era un gran bailarín.

—Es mi primer baile, espero que sus pies estén a salvo —musitó Victoria que se colocó frente a él e hizo una reverencia antes de iniciar.

—Sus pies también podrían llegar a tener problemas con los míos, no soy alguien que acostumbra a bailar mucho...

—¿Y a qué acostumbra, milord?

—A beber...

Ella sonrió con picardía por lo que él había dicho. Los dos parecían ser demasiado sinceros para el beneficio propio.

William y Emma se colocaron cerca de ellos para bailar.

Sonaban de fondo los primeros acordes para que la cuadrilla comenzara. Victoria vio a Emma y le hizo gestos. Ellas estaban siendo afortunadas esa noche, dos nobles interesantes, aunque eso no significaba nada.

También Spencer y William habían cruzado miradas. El marqués deseaba estrujar con fuerza el cuello de su amigo por haberlos comprometido a un baile.

La danza era divertida y todos bailaban entre ellos, siguiendo los pasos con sincronía. Tomaban las manos no solo de sus parejas, sino también de sus vecinos y se cruzaban entre ellos.

—Voy a matarte, Spencer —amenazó William, sonriente. Seguía la diversión de todo, pero con un poco de molestia por bailar con la menos agraciada y cuya madre era la que estaba en el lugar. Emma no era la criatura más bella que había visto, pero tampoco la más fea, mas no le motivaba a casarse.

Spencer sonrió y esperó volver a cruzarse con su amigo para replicar.

—Lo siento por ti, pero a mí me han cedido el baile con ella. Me agrada su voz...

Las muchachas hacían lo mismo que ellos. Conversaban cada vez que se cruzaban.

—El marqués es un poco más antipático que el conde, pero es un marqués —comentó Emma que tampoco estaba tan feliz de tratar con William.

—Lord Nottingham es muy guapo, es un sueño. Te advierto que tía Danielle no te dejará alejarte del marqués. Donde ella pone el ojo, pone la bala y tú no podrás escoger —replicó Victoria para la desazón y pena de su prima.

Continuaron bailando e intercambiando parejas como mandaba la danza, hasta que terminaron exhaustos, aunque muy divertidos. Aplaudieron la excelente coreografía que habían realizado.

El conde le ofreció la mano a Victoria y esta aceptó para que pudieran caminar por el salón. Ambos cogieron una copa de las que llevaba un lacayo y por coincidencia agarraron la misma. Se miraron a los ojos y sonrieron. Algo ocurría entre ellos.

—Lo lamento —asumió Spencer, avergonzando.

No podía siquiera pensar en esa muchacha y era por dos motivos: porque no quería casarse y porque ella estaba quebrada.

Él debía pensar en sus hermanas, no eran una o dos, eran cinco.

Cinco dotes, cinco presentaciones y todo.

Ese número daba muchas vueltas en su cabeza—. Es para usted, yo tomaré otra.

—Gracias, milord.

Victoria esperaba que después de haberse divertido tanto, mirarse y sonreír, consiguieran otra oportunidad para estar juntos.

A ella le había encantado lord Nottingham.

Sin embargo, consideraba que cinco hermanas eran una catástrofe para cualquier bolsillo masculino.

El conde estaría en la ruina en un par de años.

No le había preguntado la edad de sus hermanas para saber si tendría una buena vida junto a él.

¡Imaginaba tonterías! Él era el primer caballero que había conocido, no significaba que fuera el único, aunque sí el que le atraía.

El marqués también era un caballero atractivo, pero no estaba permitido mirarlo, porque su tía ya lo había reservado para Emma y a ella la arrojó con alguien que tenía un menor rango.

Eso no le molestaba ni estaba enfadada, pues lord Nottingham le resultaba encantador sin importar que algún día quizá estuviera arruinado.

Victoria no estaba en posición de ponerse muy exigente si conseguía un esposo, pero sí sabía a quién no deseaba: al señor Byron.

Los dos continuaron conversando hasta que William, el marqués, se acercó a Spencer para pinchar la burbuja que él había formado con Victoria.

—Spencer, recuerda que debemos cumplir en otros lugares —musitó William.

Spencer sabía que debía corresponder al pedido de auxilio de William por más que estuviera disfrutando de mirar a Victoria. En varias ocasiones ella le había hablado y él no le había respondido por estar distraído observándola.

—¿Ya deben retirarse, lord Nottingham? —interpeló Victoria, entristecida.

—Sí, estamos decididos a honrar todos nuestros compromisos de la noche, milady. Lamento tener que retirarme... —Spencer cogió la mano de Victoria y dejó y beso en ella, al igual que una atrevida caricia, pues se había detenido más de lo permitido en esa mano.

—Espero volver a verlo pronto. A usted también, señoría.

—Así será, milady. —William hizo lo mismo que Spencer.

Luego ambos hicieron reverencias antes de retirarse.

Una vez fuera del lugar, los dos se sintieron aliviados.

—La señorita Malorie no es desagradable, pero no tiene nada de parecido a lady Victoria —masculló William, molesto—. ¿Por qué te ha tocado lo mejor a ti? Soy buen mozo, adinerado y no tengo cinco hermanas.

—No lo sé, pero espero no volver a ver a esa joven...

—¡Qué estás diciendo! ¡Eres un tonto!

—No quiero verla porque me fascina, mas no me conviene. Lady Victoria Dankworth vive con sus tíos y no tiene dote. Sabes que eso no me sirve. Ella sería un problema en lugar de una solución. Necesito alguien que aporte a mis arcas.

—Puedes casarte cinco veces, pero sería macabro que mataras a tus esposas, serías algo así como tu padre: un viudo negro. Así te llenas de dinero con las dotes, aunque considero que la tercera esposa comenzará a sospechar si ya tienes dos muertas al hombro...