CAPÍTULO 17 — VAL
Pasé el resto completo de la fiesta sonriendo diligentemente para las cámaras, estrechando manos con cortesía profesional, agradeciendo sinceramente cada felicitación recibida, mientras por dentro sentía una mezcla compleja de furia acumulada e inseguridad genuina que no lograba calmar en absoluto, agravada considerablemente por la manera en que sorprendía a Mateo mirando repetidamente en dirección hacia Diego cada pocos minutos, con una expresión que ya no intentaba disimular en absoluto delante de los invitados.
Cuando finalmente los últimos invitados se despidieron cortésmente y el jardín completo quedó prácticamente vacío, salvo por el personal de limpieza recogiendo metódicamente copas olvidadas entre las mesas dispersas, encontré a Mateo sentado completamente solo en los escalones de piedra antigua que daban directamente a las viñas, con una copa de vino sin tocar entre sus manos inquietas.
—¿Podemos hablar tranquilamente ahora? —pregunté, sentándome cuidadosamente a su lado, aunque mantuve deliberadamente una distancia considerable entre nosotros dos.
—Val, lo siento sinceramente. —Se pasó una mano cansada por el rostro, con una expresión de agotamiento genuino evidente—. Me comporté como un completo idiota con Diego esta noche. No tenía ningún derecho real a reaccionar de esa manera tan desproporcionada.
—No, definitivamente no lo tenías. —Mi voz salió más dura de lo que realmente pretendía sonar, aunque no me arrepentí en absoluto de expresarlo—. Pero yo tampoco debí decir lo que dije sobre tu inseguridad personal. Fue innecesariamente cruel de mi parte.
—Fue verdad, quizás, en algún nivel profundo.
—Suspiró pesadamente, mirando fijamente hacia las viñas oscuras que se extendían silenciosamente frente a nosotros dos—.
Cuando vi a Diego hablando contigo con esa familiaridad evidente, algo se activó dentro de mí que honestamente no supe controlar en ese momento.
No es solo sobre él específicamente, entiéndeme.
Es sobre... —Se detuvo, buscando cuidadosamente las palabras correctas para expresar algo complejo—.
Es sobre no saber con certeza si realmente merezco esto que tenemos.
Si merezco lo que compartimos juntos, después de tan poco tiempo relativo, comparado con los dos años completos que pasaste anteriormente con alguien más.
Sentí que mi propia irritación acumulada se ablandaba considerablemente ante la vulnerabilidad genuina evidente en su voz quebrada.
—Mateo, dos años enteros con Diego no significan en absoluto que sintiera por él ni una fracción mínima de lo que siento genuinamente por ti.
Rompimos definitivamente porque él nunca me vio realmente de verdad, nunca entendió profundamente lo que significaba para mí esta tierra específica, esta bodega familiar.
Contigo, desde el principio mismo, incluso cuando todavía fingíamos torpemente, sentí algo que nunca experimenté con él en absoluto.
—Entonces por qué reaccioné de esa manera tan desproporcionada...
—Porque el miedo genuino no siempre tiene sentido lógico —dije, acercándome ligeramente más hacia él, dejando que la distancia física entre nosotros se redujera gradualmente—.
Yo sentí exactamente lo mismo intensamente con Elena esta noche.
La vi hablando contigo con esa complicidad evidente, y por un momento pensé cosas verdaderamente horribles, completamente irracionales, sobre qué significaba realmente lo nuestro comparado con lo que compartiste anteriormente con ella.
Mateo se giró hacia mí, con una expresión de sorpresa genuina evidente en su rostro.
—¿De verdad sentiste exactamente eso mismo?
—Claro que sí, sin ninguna duda. —Sonreí, a pesar de todo lo ocurrido esa noche, ante lo absurdo evidente de nuestra situación compartida—.
Somos dos personas que encontraron algo genuinamente real en medio de una farsa elaborada que se suponía debía durar solamente un año calendario.
Tiene sentido lógico que a veces tengamos miedo de que no sea suficiente, comparado con relaciones anteriores que tuvieron tiempo considerable de crecer de manera más tradicional y convencional.
—¿Y crees honestamente que no es suficiente lo nuestro?
—Creo —dije, tomando su mano entre las mías con firmeza— que lo que tenemos juntos no necesita compararse absolutamente con nada más externo.
No es una versión apresurada de un amor genuinamente real.
Es su propia historia particular, construida bajo presión considerable, sí es cierto, pero no por eso menos verdadera o significativa.
Mateo se quedó en silencio durante un largo momento contemplativo, con los ojos fijos intensamente en nuestras manos entrelazadas, antes de hablar nuevamente con una seriedad renovada.
—Necesito contarte algo importante sobre Elena. Algo que tal vez explique adecuadamente por qué reaccioné exactamente como lo hice esta noche particular.
Sentí que el estómago se me tensaba instintivamente, preparándome mentalmente para otra revelación potencialmente incómoda.
—Cuando rompimos definitivamente, hace tres años completos, no fue simplemente porque yo dejara de quererla genuinamente.
Fue porque descubrí, de manera dolorosa, que ella estaba considerablemente más interesada en el apellido Ferrer, en el estatus social específico que representaba estar conmigo, que en mí mismo como persona real.
Me pasé varios meses enteros después de esa ruptura preguntándome constantemente si alguna vez alguien me querría genuinamente por mí mismo, sin el peso adicional de la bodega familiar, sin el apellido prestigioso, sin todo lo que representaba socialmente ser un Ferrer.
—Mateo...
—Y luego apareciste tú inesperadamente en mi vida.
—Me miró con una intensidad que me robó completamente el aliento—.
Alguien que me odiaba abiertamente, que me conocía desde mucho antes de que cualquier fortuna familiar importara realmente, que nunca tuvo ningún interés genuino en mi apellido más allá de la rivalidad histórica que representaba entre nuestras familias.
Cuando empezamos a sentir algo genuinamente real entre nosotros, fue la primera vez en años enteros que no dudé ni por un segundo de que fuera completamente auténtico.
Sentí que los ojos se me llenaban espontáneamente de lágrimas ante esta confesión tan honesta, entendiendo de golpe la raíz emocional real de su inseguridad manifestada esa noche específica.
—Entonces cuando viste a Diego conmigo...
—Tuve miedo genuino de que, comparado directamente con él, con alguien que te conoció mucho antes de toda esta locura del testamento manipulador y la fusión empresarial, yo pareciera simplemente...
una consecuencia accidental de las circunstancias particulares.
No una elección genuinamente real de tu parte.
—Mateo. —Tomé su rostro entre mis manos con firmeza, obligándolo suavemente a mirarme directamente—.
Tú no eres en absoluto una consecuencia accidental de nada externo.
Eres la elección más real y consciente que he hecho en toda mi vida entera.
Con o sin testamento manipulador, con o sin fusión de bodegas, te habría elegido exactamente a ti de todas formas.
Se inclinó hacia mí, besándome con una desesperación tierna que disolvió completamente la tensión acumulada durante toda la noche, y cuando finalmente nos separamos, apoyó su frente contra la mía con los ojos cerrados en un momento de vulnerabilidad compartida.
—Prometo solemnemente que no vuelvo a dejar que el miedo irracional hable descontroladamente por mí —dijo—. Nunca más, no otra vez como esta noche.
—Y yo prometo igualmente que la próxima vez que algo genuinamente me asuste, te lo diré directamente y con honestidad, en vez de dejar que se convierta en una pelea absurda en medio de nuestra propia celebración importante.
Nos quedamos ahí sentados, en los escalones de piedra antigua, envueltos completamente en el silencio reconfortante de las viñas bajo un cielo lleno de estrellas brillantes, hasta que el sol empezó gradualmente a asomarse tímidamente en el horizonte lejano, iluminando progresivamente la tierra que ahora, oficialmente y de manera permanente, pertenecía a los dos por igual.