28 #3
El pulso verde impactó de lleno en su pecho.
El escudo personal estalló en fragmentos de energía. La radiación zero intentó resistir… y fue arrasada.
El impacto le quemó el torso y lo lanzó hacia atrás.
Pero Aline no se detuvo.
Siguió disparando.
Un pulso.
Otro.
Otro más.
La energía capaz de desintegrar un tanque arrancó carne, hueso y metal en explosiones sucesivas hasta que el cuerpo de Kross dejó de parecer humano.
Hasta que no quedó nada reconocible.
—Batería en sobrecarga —advirtió Oráculo—. Cortando implante ahora.
El cañón se apagó de golpe.
Aline cayó de rodillas.
El mundo giró alrededor de ella. El silencio repentino le cayó encima como un vacío físico. Luego llegó el dolor, sordo, extendiéndose desde la espalda hasta la base del cuello.
Se le escapó un sollozo.
No intentó contenerlo.
Apoyó una mano contra el suelo mientras el cuerpo empezaba a temblarle.
Y finalmente se quebró.
Lloró.
Por Joren.
Por la rabia.
Por esa ausencia brutal que todavía no terminaba de aceptar.
Rota.
Completamente rota.
Fue varios minutos después cuando el resto de las unidades la encontró.
Aline estaba sentada entre las estanterías destrozadas, con la espalda apoyada contra restos de cajas aplastadas. Tenía las piernas recogidas y los brazos rodeándole la cabeza, como si intentara contener algo que seguía quebrándose dentro de ella.
Las unidades realizaban un barrido de reconocimiento cuando uno de los soldados la vio.
—Teniente Voss…
Se acercó despacio. Con cautela.
Aline no reaccionó.
La mirada permanecía fija en un punto inexistente.
Más tarde, ya recostada en la enfermería móvil, mientras revisaban las heridas de la espalda y la base del cuello, apenas conseguía ordenar fragmentos sueltos de lo ocurrido.
El médico le hablaba.
Le hacía preguntas simples.
Ella no podía responder.
El cuerpo seguía temblándole sin control. El llanto volvía a aparecer sin aviso, una y otra vez, como espasmos inevitables.
Al final tuvieron que administrarle un calmante.
El efecto fue rápido.
Primero desapareció el llanto.
Después el temblor.
Y finalmente, la conciencia.
Cuando despertó, volvió a encontrarse en aquella sala aséptica y silenciosa.
Estaba desnuda, recostada sobre la camilla flotante. Encima de ella, varios brazos robóticos se movían con precisión clínica, ajustándose, retirándose, recalibrando sistemas.
Como aquella otra vez.
Giró la cabeza lentamente.
A un lado, proyectado con nitidez perfecta, estaba el avatar de Oráculo.
La observaba con la misma expresión de siempre.
Fría.
Medida.
Ilegible.
Aline bajó la mirada hacia su brazo derecho.
—El implante fue retirado —informó Oráculo—. Su extremidad ha sido restituida, teniente Voss.
Aline parpadeó, desorientada.
Durante un instante absurdo creyó que todo había sido una pesadilla. Que Joren seguía afuera esperándola. Que todavía podía volver al departamento y encontrarlo allí.
Pero la sensación se desmoronó enseguida.
Se incorporó despacio. La cabeza le dio vueltas.
Una plataforma flotante se acercó llevando su ropa perfectamente doblada.
—Vístase —ordenó Oráculo—. El procedimiento ha concluido. Su implante neural ha sido restaurado a su software habitual. Ya no me encuentro integrada en su sistema.
Aline obedeció en silencio.
—Red Noctis ha sido oficialmente desarticulada —continuó la IA—. El objeto sustraído fue recuperado.
No explicó cuál era ese objeto.
Aline tampoco preguntó.
—Tras evaluar su estado psicológico —prosiguió Oráculo—, se determinó que no es recomendable su reintegro inmediato a funciones operativas. Se le concede una licencia obligatoria de tres meses, acompañada de seguimiento terapéutico intensivo.
Hizo una pausa breve. Precisa.
—Asimismo… le extiendo mis condolencias por la muerte del especialista Joren Malek.
Las palabras llegaron hasta ella.
Pero no terminaron de asentarse.
—La posibilidad de que Eiden Kross fuera un Zero no figuraba dentro de márgenes de probabilidad aceptables —añadió Oráculo—.
Era estadísticamente baja. Red Noctis resultó ser una célula vinculada a Gaia, utilizada para obtener información sensible relacionada con Megatech y con diversas actividades legales e ilegales del sector.
Aline apenas escuchaba.
—Se recuperaron datos relevantes —continuó la IA—. Identidades, nombres, otras células, múltiples Zeros activos en la periferia. En el punto donde usted intervino, solo Kross y la Zero neutralizada permanecían operativos, aunque se contabilizan al menos otros cuatro individuos asociados a la red.
Tres meses.
Joren.
La noche anterior ella le había pedido quedarse a vivir con ella.
La idea de regresar al departamento sin él le cerró el pecho de golpe.
Y después apareció otro pensamiento.
Marina.
¿Qué le voy a decir?
Quiso llorar.
Quiso gritar.
Pero el regulador emocional apenas le permitió humedecerse los ojos.
Oráculo guardó silencio unos segundos al detectar la saturación emocional.
—Será monitorizada —dijo finalmente—. He cargado en su implante la medicación correspondiente. Le ayudará a estabilizar su estado emocional.
Una bandeja flotante se acercó con varios comprimidos perfectamente ordenados.
Aline la miró.
Durante un segundo sintió el impulso de apartarla de un golpe.
No lo hizo.
Tomó la medicación.
—¿Puedo irme? —preguntó al final, con una voz plana, vacía.