27 #3
—Zero de Control Tecnológico detectado —anunció Oráculo—. Activando protocolos de contención. Enviando exoesqueleto. Desplegando unidades de apoyo. Aislando intento de control.
Aline sintió entonces algo más.
Como una mano invisible cerrándose alrededor de su computador neural desde dentro.
Presión.
Dominio.
Un intento brutal de sujetarla.
—La zorra de Aline Voss —dijo Kross, avanzando despacio—. Te dije que nadie se metía conmigo, puta.
Se detuvo a pocos pasos de ella.
—Qué gracioso que vinieras directo a mi puerta. Qué considerada. Me ahorraste ir a buscarte.
Aline intentó incorporarse.
El cuerpo no le respondía.
—¿Creíste que me había olvidado de ti? —continuó Kross—. Puta. Zorra.
Las paredes cobraron vida.
Todos los nodos del departamento se activaron al mismo tiempo. Pantallas, proyectores, terminales.
Imágenes.
Ella.
Desde su propio punto de vista.
Los videos filtrados comenzaron a reproducirse por todas partes. Su respiración. Sus jadeos. Su cuerpo captado desde ángulos íntimos. El sonido inundó la habitación a un volumen insoportable.
—Qué delicioso… —murmuró Kross—. Mírate. Eres buena. Me habría gustado tener más material.
Avanzó otro paso.
—Pero me ignoraste. Y este asqueroso bastardo —miró el cuerpo destrozado de Joren— te libró de mí. De mi control.
Sonrió, torcido.
—Tuvo el final que merecía.
Algo se quebró dentro de Aline.
El aturdimiento desapareció de golpe, como si le arrancaran un velo de la cabeza.
—Liberando control en dos segundos —anunció Oráculo.
Kross alzó la mano.
—Y ahora —dijo— vamos a grabar videos nuevos. Mejores. Con protagonistas de verdad.
No terminó la frase.
El brazo derecho de Aline se transformó.
Metal negro.
Venas verdes encendiéndose bajo la superficie.
El cañón desplegándose en una fracción de segundo.
Aline giró sobre sí misma, apoyó una rodilla contra el suelo y disparó.
El pulso verde atravesó la habitación.
Kross reaccionó por puro instinto. Activó un escudo de emergencia y se lanzó hacia un costado con una agilidad imposible para un cuerpo tan frágil.
No alcanzó.
El disparo pulverizó el escudo y le arrancó el brazo derecho casi por completo. Carne, hueso y metal desaparecieron en un estallido seco.
Kross gritó y se estampó contra la pared.
Aline miró a Joren.
El cuerpo inmóvil.
Destrozado.
La sangre extendiéndose bajo él.
—Joren… —susurró.
Apretó los dientes hasta sentir dolor.
Joren estaba muerto.
Kross seguía gritando.
Un alarido agudo, quebrado, mezcla de dolor físico y furia absoluta. El muñón humeante chorreaba sangre radioactiva sobre el suelo.
—¡Hija de puta! —chilló—. ¡Te voy a abrir la cabeza como al otro!
Alzó la mano que le quedaba y cerró los ojos.
Aline sintió el ataque antes de que ocurriera.
Una presión brutal le atravesó el cráneo, intentando colapsarle el computador neural desde dentro. El mismo tirón salvaje que había destrozado a Joren.
—Intento de intrusión Zero —anunció Oráculo—. Ataque directo al núcleo neural.
Aline reaccionó al instante.
Alzó el brazo derecho y uno de los nodos del implante desplegó el escudo con un estallido grave. Una burbuja translúcida de energía verde la envolvió por completo, vibrando con una frecuencia baja que le retumbó en los huesos.
La agresión chocó contra la barrera y se disipó.
—Control anulado —informó Oráculo—. Atención: batería entrando en régimen de generación de pulso. Riesgo de sobrecarga. Teniente, no mantenga el escudo activo más de unos segundos.
Aline no escuchó.
Tenía los dientes apretados hasta hacerlos crujir. La visión le temblaba, empañada por lágrimas que todavía no caían.
Joren seguía ahí.
En el suelo.
Destrozado.
—Joren… —gruñó.
Y embistió.
Se lanzó contra Kross con todo el peso de su cuerpo y le descargó un golpe brutal con el implante tecnificado. El impacto lo estampó contra la pared y le arrancó un grito más alto, más desesperado.
—¡No! ¡No, no, no!
La superficie del cuerpo de Kross empezó a deshacerse en segundos.
Primero la piel.
Después los músculos.
Todo convirtiéndose en líneas de código, polígonos y fragmentos de datos que se dispersaban como ceniza digital.
—Teletransporte —dijo Oráculo.
Kross levantó la vista hacia ella una última vez.
Odio puro.
Después desapareció.
Su cuerpo se estiró, se fragmentó y fue absorbido por uno de los terminales del departamento, que estalló en chispas apenas recibió la transferencia.
Aline chocó contra la pared donde él había estado un segundo antes. El escudo se disipó con un crujido seco.
El departamento era un infierno.
Los videos seguían reproduciéndose.
Los jadeos amplificados.
Las imágenes íntimas.
Y, mezclado con todo eso, el cuerpo destrozado de Joren en el suelo, la sangre extendiéndose cada vez más.
Aline gritó.
Un grito crudo.
Desgarrado.
Sin palabras.
El cañón de su brazo volvió a activarse y disparó una y otra vez. Los pulsos verdes destrozaron nodos, terminales y paredes. El mobiliario explotó en pedazos.
—Detecto un nodo de salida —informó Oráculo—. Niveles inferiores. Aproximadamente veinte metros bajo esta posición. Teniente Voss, deje de usar el implante o sobrecargará el generador.
Aline respiraba como si se estuviera ahogando.
—Exoesqueleto en aproximación —continuó la IA—. Tome cobertura inmediata en la cocina.
Aline miró una última vez a Joren.
Sintió que algo se le cerraba dentro del pecho.
Después se dio la vuelta y corrió hacia la cocina, lanzándose detrás de los restos del mobiliario justo cuando la pared explotó.
El exoesqueleto irrumpió en el departamento como un cañonazo, arrancando puerta, marco y parte del muro. Aterrizó con un estruendo metálico, enorme, imponente.
El pecho del traje se abrió de inmediato.
Aline corrió hacia él.
Tropezó.
Cayó.
Se levantó otra vez.
Volvió a gritar.
Entró en el armazón casi a la fuerza, encajando el cuerpo dentro del interior mecánico. El traje Anti-Zero se cerró sobre ella con un golpe seco. Los sellos se presurizaron. La interfaz cobró vida frente a sus ojos.
El fusil se liberó del anclaje magnético de la espalda.
—Cinco minutos para la llegada del resto de las unidades —informó Oráculo—. Teniente, está sola hasta entonces.
Aline apretó los dientes.
Cambió la modalidad del HUD del casco. Los sensores recalibraron el entorno. El mundo se volvió táctico, frío, preciso.
Estaba lista.
Preparada.
No iba a huir.
Iba a cazar.