Factor Zero 25 #3
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25 #3

—El martes, a la 01:23 de la madrugada —precisó Oráculo— una camioneta blindada NOX Ardent-9 de transporte urbano se detuvo en el acceso secundario del Residencial Nivalis.

La imagen era granulada, apenas utilizable. Varias figuras descendieron del vehículo.

Entre ellas, un hombre encapuchado.

Lara se estremeció de inmediato.

—Es él… —susurró, casi sin aire—. Eiden Kross.

La proyección seguía avanzando en silencio.

—La máscara. El abrigo… es él. El mismo que hablaba conmigo.

Nadie dijo nada durante unos segundos.

—Esto confirma una relación directa entre ambos individuos —declaró Oráculo.

La imagen volvió a ampliarse. Las figuras congeladas comenzaron a descomponerse en capas de datos mientras la IA realizaba una reconstrucción probabilística sobre la silueta encapuchada: proporciones corporales, altura estimada, patrón de marcha, distribución de peso.

El abrigo apareció replicado en múltiples modelos superpuestos.

—Estoy realizando búsquedas cruzadas en la base de datos urbana —continuó la IA—. Sin embargo, la prenda responde a tendencias actuales de indumentaria genérica y poco distintiva. No permite una correlación visual concluyente.

Las líneas holográficas cambiaron de color.

—Iniciando trazado del vehículo.

La camioneta quedó marcada en rojo y su recorrido comenzó a dibujarse en el aire como una estela incompleta atravesando la ciudad.

—Se pierde contacto visual tras abandonar el complejo residencial —informó Oráculo—. No consigo determinar el punto exacto de descenso mediante cámaras públicas ni privadas. Con la información actual no puedo confirmar que Eiden Kross y el sujeto encapuchado sean la misma persona.

Lara observaba la proyección completamente rígida.

Pero lo sabía.

Lo sabía desde hacía tiempo.

Los recuerdos empezaron a mezclarse solos en su cabeza: el instituto, esa manera desagradable de mirar a las chicas, la insistencia constante, la obsesión por grabarlo todo.

Al principio no había logrado unir las piezas.

Fue mucho después, durante una de las últimas entrevistas, cuando las preguntas empezaron a volverse demasiado específicas. Demasiado íntimas.

Y entonces entendió.

Entendió que aquel hombre sabía demasiado.

Que llevaba años siendo el mismo.

El asco le subió por el cuerpo de golpe.

El asco de haberle contado todo.

Cada detalle.

Cada cosa que hacía con Darel.

—Discúlpenme un momento… —murmuró de pronto.

Se levantó torpemente de la silla y caminó rápido hacia el baño. Cerró la puerta antes de que la vieran quebrarse del todo.

Aline lo notó enseguida.

Pero no dijo nada.

No delante de Oráculo.

—Recomiendo —continuó la IA, completamente imperturbable— que se entrevisten primero con Iris Calder. Según mis registros, se encuentra actualmente en su residencia. Obtengan toda la información posible. Después procederán con Eiden Kross.

La proyección volvió a reorganizarse.

—Mientras realizan el interrogatorio, ejecutaré vigilancia externa y un barrido profundo sobre este individuo. Necesito tiempo de procesamiento para determinar si existe una conexión verificable con el sujeto encapuchado y establecer un curso de acción óptimo.

Aline asintió lentamente.

—Nos pondremos en marcha ahora mismo.

—Perfecto —respondió Oráculo—. Me he tomado la libertad de asignarles una unidad aérea para facilitar el desplazamiento. Los espera en la azotea.

El holograma se desvaneció.

Uno a uno, los nodos luminosos del departamento fueron apagándose hasta que el silencio volvió a llenar el lugar.

Aline y Joren se movieron rápido.

Se vistieron con ropa funcional. Chaquetas oscuras. Botas. Nada llamativo.

Cuando Aline pasó frente al baño, golpeó suavemente la puerta.

—Lara… ¿estás bien?

La puerta se abrió unos segundos después.

Tenía los ojos rojos e hinchados. Aun así, intentó asentir.

—Sí… —dijo, aunque la voz le tembló.

—Nos vamos —explicó Aline.

Lara dio un paso adelante y le tomó la mano con fuerza.

—Tengan cuidado… por favor.

Bajó apenas la mirada.

—No quiero que te pase nada, Aline.

Aline le apretó la mano con firmeza.

—Estás hablando con una teniente Anti-Zero, ¿recuerdas? —esbozó una sonrisa leve—. Son ellos los que deberían preocuparse.

Lara soltó una pequeña risa nasal.

—Está bien… nos vemos.

—Si necesitas algo, llámame.

—Te mandaré un mensaje —respondió Lara enseguida—. No quiero molestar.

Aline negó apenas con la cabeza, pero no discutió.

Luego salió junto a Joren al pasillo.

Subieron hasta la azotea.

Allí los esperaba la unidad asignada.

Un vehículo volador deportivo de líneas aerodinámicas, carrocería oscura con reflejos metálicos y blindaje activo integrado. Elegante. Rápido. Ridículamente caro.

Joren lo observó apenas unos segundos antes de resoplar.

—Esto es… demasiado.

—Si desean desplazarse con rapidez y seguridad, resulta adecuado —replicó Oráculo a través del sistema del vehículo—. El blindaje cumple estándares militares. Suban. Yo me encargaré de la conducción.

Las puertas se abrieron con un suave susurro hidráulico.

Entraron.

El vehículo se elevó con suavidad y abandonó la azotea antes de integrarse al tráfico de la autopista aérea, rodeado de luces y estelas que atravesaban Ciudad Metro en todas direcciones.