Factor Zero 24 #3
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El cañón comenzó a retraerse de manera controlada mientras Oráculo seguía hablando y nuevos esquemas luminosos se desplegaban alrededor del brazo.

—Dispone de múltiples modalidades operativas —explicó la IA—. Cuchillas holográficas, escudos de energía, herramientas de seguridad, sistemas avanzados de manipulación y una fuerza de agarre considerablemente superior a la humana.

Las proyecciones cambiaban en tiempo real: diagramas internos, rutas energéticas, piezas móviles, configuraciones de combate y herramientas integradas.

—Su columna tecnificada es resistente —continuó Oráculo—. Superior a la de la mayoría. Pero no está diseñada para canalizar la fuerza que este implante puede llegar a ejercer.

Hizo una pausa breve.

—El implante es temporal. Integrar una estructura tecnificada completa requeriría tiempo y un esfuerzo innecesario para el plazo que manejamos. Por ese motivo no se ha hecho.

La mirada del holograma se mantuvo fija en Aline.

—Su columna actual puede soportar un esfuerzo considerable del implante durante periodos breves, si la situación lo exige. Pero, salvo verdadera necesidad, procure no llevarla a ese punto. Por su propia seguridad.

La interfaz ocular de Aline se llenó de información.

Diagramas del arma.

Indicadores de carga.

Modos de disparo.

Bloqueos de seguridad.

Protocolos de emergencia.

Herramientas tácticas y civiles.

Capacidad de auto-repliegue.

Monitoreo constante del núcleo energético.

Todo aparecía perfectamente sincronizado con el nodo de Oráculo.

—El implante permanecerá monitorizado por mí —añadió la IA—.

El núcleo energético no ha podido replicarse al cien por ciento.

El original no es compatible con su fisiología.

Por ese motivo, el sistema dejará de funcionar si desconecta su computador neural durante periodos de aislamiento o privacidad.

Aline asintió en silencio, todavía procesándolo todo.

—Damos por finalizado el proceso de pruebas.

Con solo pensarlo, sintió cómo el brazo volvía a cambiar. La estructura metálica se replegó hacia el interior, las superficies se suavizaron y la piel reapareció sobre el mecanismo hasta quedar idéntica a la original. Incluso las pequeñas marcas que antes tenía seguían ahí.

Perfectamente replicadas.

El holograma de Oráculo se desplazó entonces hacia Joren mientras ambos se acercaban.

—Voy a cargar información relevante en sus implantes —anunció—. Por hoy, descansen. Mañana tendrán acceso completo a los datos.

Hizo una pausa breve.

—Información sobre Irek Damond. Sobre la mujer con la que estuvo días antes del incidente. Grabaciones privadas. Registros completos. Investiguen.

Joren tensó apenas la mandíbula.

—También dispondrán de autoridad corporativa total para investigar a Eiden Kross. Las direcciones y accesos aparecerán mañana en sus sistemas.

Aline sintió un escalofrío involuntario.

—Centinela 9 volverá a estar operativa en cuatro días —continuó Oráculo—. Sus exoesqueletos fueron reemplazados y recalibrados según sus parámetros actuales. Los estarán esperando.

La figura holográfica permaneció suspendida frente a ellos dentro del blanco infinito de la sala.

—La teniente Rika Morozov será el tercer miembro de la unidad.

Ni Aline ni Joren respondieron.

—Ahora pueden retirarse —concluyó Oráculo—. El Specter los espera.

Se miraron un instante.

Dudaron apenas un segundo.

Después salieron.

Los pasillos parecían todavía más largos durante el regreso.

Tomaron un ascensor y descendieron hasta el nivel de salida. El Valkyria V-92 Specter los llevó de vuelta a Torre Kagayaki en un silencio absoluto.

No hablaron.

Pero se tomaron de la mano.

Y ese gesto bastó.

Cuando descendieron en la azotea de la torre, se miraron un instante y, sin decir una palabra, desactivaron sus computadores neurales.

El alivio fue inmediato.

Se abrazaron con fuerza, sintiendo el temblor contenido del otro.

Sabían que seguían siendo observados.

Por eso no dijeron nada.

Después entraron al ascensor y descendieron hasta el piso de Aline.

Cuando la puerta del departamento se abrió, Lara apareció casi enseguida desde la sala. Al verlos, el alivio en su expresión fue inmediato, genuino, como si hubiera pasado todo ese tiempo conteniendo la respiración.

—Bienvenidos… —dijo—. No pensé que volverían tan tarde. Voy a prepararles la cena.

—Lara —dijo Aline con suavidad—, no tienes que cocinar todo el tiempo. Podemos usar la impresora.

—No te preocupes —respondió ella mientras ya se dirigía hacia la cocina—. Me gusta hacerlo. Me mantiene ocupada.

Aline la observó alejarse unos segundos.

—Necesito ducharme —murmuró después—. Me siento cansada… y rara.

Joren asintió despacio. Por respeto a Lara, y también por el recuerdo incómodo de aquella otra noche, no la acompañó esta vez.

Se dejó caer en el sofá, encendió la holovisión sin prestarle verdadera atención y se quedó allí, mirando imágenes que apenas registraba.

Pensando. Ordenando ideas.

Oráculo.

El implante.

El brazo de Aline.

El futuro.

Y la certeza incómoda, cada vez más difícil de ignorar, de que su futuro acababa de cambiar para siempre.