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—Y, además del implante, la IA táctica integrada… seré yo misma. No una subrutina inferior.
Aline quedó completamente inmóvil.
Helada.
¿Tener a Adira Oráculo integrada dentro de su implante neural?
¿Dentro de su propia cabeza?
—Esto pertenece a un nivel corporativo y de seguridad extremo —continuó la IA—. Nadie más deberá saberlo. Ni su supervisora. Ni otros mandos intermedios. Ni siquiera el presidente Atami. Me ocuparé personalmente de que así sea.
El nudo en el estómago de Aline se tensó todavía más.
Oráculo la observó unos segundos.
—Puedo ver la duda en su rostro, teniente Voss —dijo finalmente—. Y es comprensible.
¿Cómo no iba a dudar?
—Si eso le ofrece algo de tranquilidad —continuó la IA—, como toda inteligencia artificial, mi interacción será estrictamente analítica. No interferiré en su vida privada.
Hizo una pausa breve antes de añadir:
—Y, si así lo desea, puedo incluir una función específica de apagado.
Oráculo inclinó apenas la cabeza.
—Cuando requiera privacidad o aislamiento total, podrá desactivar mis funciones manualmente. En ese estado quedaré completamente desconectada de usted.
La mirada volvió a endurecerse apenas.
—Aunque, naturalmente, mientras el sistema permanezca apagado, también quedarán inhabilitadas las capacidades tácticas y operativas del implante.
Hubo una pausa más.
—La decisión será siempre suya.
Aline escuchó todo en silencio.
—Piénselo bien —continuó Oráculo—. Podrá investigar a su sospechoso. Desplazarse a Bloque Lázaro o a cualquier otro sector que considere necesario sin riesgo de hackeo. Y, si alguien vuelve a intentarlo, estaré activa para detectarlo, bloquearlo y neutralizarlo con la mayor rapidez posible.
La proyección endureció apenas la expresión.
—Tendrá acceso a la red militar profunda de Megatech. Análisis táctico en tiempo real. Simulaciones predictivas. Respuesta inmediata ante situaciones hostiles.
Hizo otra pausa breve.
—Y, si eso todavía no resulta suficiente para despejar sus dudas, permítame ser completamente clara.
El silencio se volvió pesado.
—Usted y Joren Malek instalaron software ajeno a Megatech en implantes corporativos. Realizaron investigaciones utilizando redes militares sin autorización formal. Dieron refugio a una persona vinculada a Red Noctis. Y manipularon sistemas internos de la corporación sin permiso.
Cada palabra fue medida.
—Eso implica, como mínimo, destitución inmediata. Y, en el escenario más favorable para ustedes… una condena penal corporativa de entre veinte y veinticinco años de reclusión.
Aline sintió otra vez el frío recorriéndole la espalda.
—Por un lado —continuó Oráculo—, puede contar con mi respaldo directo. Por el otro, con la destitución automática y el procesamiento correspondiente.
La IA no apartó la vista de ella ni un instante.
—Créame, Aline Voss: la necesito. Y este acuerdo será temporal. Durará únicamente hasta que considere cerrado el asunto relacionado con Red Noctis.
La voz recuperó un tono más neutro.
—Le proporcionaré información, recursos y accesos. Todo lo necesario para llegar al fondo de esto. Podrá hacer justicia por su unidad, si así lo desea. Y evitar que otros terminen atrapados en las mismas redes.
La mirada de Oráculo volvió a endurecerse apenas.
—Y, si le preocupa Joren Malek, su actual pareja sentimental, debe saber que en este mismo momento le estoy realizando exactamente la misma propuesta.
Aline sintió un leve sobresalto.
—En su caso —continuó la IA—, el acuerdo es incluso menos negociable. Tengo un interés considerable en su carrera como especialista. Especialmente después de analizar el software que desarrolló.
La IA guardó silencio un momento.
—Trabajando bajo este esquema, sus honorarios serán duplicados. Y podrían incrementarse todavía más si los resultados son satisfactorios.
Entonces la mirada de Oráculo descendió lentamente hacia el brazo derecho de Aline.
La pausa siguiente fue mínima.
—Y además… tengo algo más para usted. Algo que, sin duda, va a apreciar. Y que resultará especialmente útil para esta operación.
Volvió a mirarla directo a los ojos.
—Entonces, teniente Voss —concluyó—. ¿Va a colaborar conmigo? ¿O prefiere dar por terminada su carrera en este mismo instante?
Aline quedó completamente inmóvil.
Sintió cómo las manos empezaban a temblarle. Un temblor fino, apenas visible, que no nacía del miedo físico, sino del peso insoportable de todo aquello.
Kessler.
Damond.
Nyx-17.
Red Noctis.
Riven.
Lara.
Todo parecía converger en ese momento, comprimido dentro de una sola decisión.
Y lo peor era que no existía una decisión real.
Hacía rato que había dejado de existir.
La propuesta de Oráculo no era una invitación.
Era un veredicto envuelto en lógica corporativa, privilegios y amenazas cuidadosamente medidas.
Rechazarla no significaba mantenerse limpia.
Significaba desaparecer.
Aline tragó saliva lentamente, consciente de cada latido, de cada implante bajo su piel, de cada límite que acababa de cruzar sin posibilidad de volver atrás.
Era imposible rechazar aquello.
Y las dos lo sabían.