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—Sin embargo, mi autoridad no es absoluta. El presidente Atami se encuentra ocupado con asuntos que considera prioritarios. Incidentes de esta naturaleza… se supone que recaen bajo mi competencia.
Aline sostuvo la mirada del holograma, aunque ya no tenía claro qué esperaba exactamente de ella aquella conversación.
—Tengo conocimiento de que actualmente aloja en su residencia a una genetic felinian: Lara Dayne —continuó Oráculo—. Confirmé su vinculación previa con Red Noctis.
El pulso de Aline se aceleró apenas.
—Fue decisión mía que no fuera arrestada formalmente —añadió la IA—, pese a su relación indirecta, voluntaria o no, con el asesinato del capitán Darel Kessler. Consideré más productivo observar.
Aline permaneció en silencio.
—Asimismo —continuó Oráculo—, durante la anterior visita a Torre Megatech detecté la presencia de un software ilegal en el computador neural de Joren Malek. Una presencia que, tiempo después, hallé también en su propio hardware, teniente. No emití alerta alguna. El software me resultó… interesante.
Un frío recorrió la espalda de Aline.
—He analizado su arquitectura y sus funciones —prosiguió la IA—.
Confirmé la autoría de Joren Malek, por lo que no es necesario que intente negarlo.
Al no comprometer de forma directa la seguridad corporativa, opté por estudiar su comportamiento.
Incluso he replicado el sistema en entornos controlados.
El holograma inclinó apenas la cabeza.
—Y, en esta visita, he comprobado que ese software ha sido completamente removido de ambos. Justo antes de una revisión profunda —. Hizo una pausa exacta—. Un gesto… revelador.
—De momento, ni usted ni Malek han sido destituidos. Tampoco arrestados. Únicamente porque así lo decido.
El tono se endureció apenas.
—Todo lo ocurrido alrededor de su unidad durante estas semanas ha resultado… interesante. Ridículo. Y, al mismo tiempo, profundamente molesto.
La pausa fue exacta. Calculada.
—Exposición pública. Un suicidio que deriva en homicidio.
Un hackeo de un nivel que no debería existir.
Un especialista capaz de contenerlo… y un segundo incidente que culmina con la destrucción de una base Anti-Zero.
El desmantelamiento parcial de una organización sin que quede claro cómo ni por qué ocurrió realmente.
Oráculo volvió a fijar la mirada en ella.
—En su informe —dijo— usted declara haber visto a Irek Damond retirar un objeto de la habitación de Darel Kessler poco antes de dispararle. También afirma que, de una forma que no debería ser posible, el control neural de la zero designada como Nyx-17 fue liberado.
Oráculo no sonaba acusatoria.
Sonaba analítica.
Como si estuviera desmontando cada pieza delante de ella.
—El objeto —continuó— fue descrito en su informe como una caja sellada, un contenedor de aleación reforzada.
No existen registros de ingreso a Centinela 9 ni constancia alguna de procedencia.
Tampoco hay evidencia de que el capitán Kessler lo hubiera declarado como material bajo custodia.
Tras la destrucción de la base, cualquier intento de rastrear el origen del objeto se volvió inviable.
La proyección permaneció inmóvil.
—Usted y Joren Malek sobrevivieron —prosiguió—. Podría considerarse un milagro. O quizá una consecuencia directa de las modificaciones físicas, musculares y neuronales que porta su cuerpo. Una elección… particular.
Aline siguió rígida, sin moverse.
—Según los análisis de su propia IA integrada —añadió Oráculo—, pese a haber solicitado esas mejoras para optimizar su desempeño operativo, mantiene un rechazo persistente hacia ellas.
Las desprecia. Asocia de manera reiterada la percepción negativa sobre su cuerpo con dichas modificaciones.
Cree que los demás la observan con rechazo. Que la juzgan.
La pausa fue mínima.
—Ese conflicto interno me resulta… curioso.
Aline no respondió.
No porque no quisiera.
Simplemente no encontraba una respuesta que no pareciera insignificante frente a algo que ya parecía conocer cada rincón de su mente.
—Dígame, Aline Voss —continuó Oráculo, cambiando de tema—. ¿Dispone de información relevante sobre Red Noctis que pueda resultarme útil?
La mirada volvió a endurecerse.
No era inquisitiva.
Era una mirada de confirmación. Como si ya sospechara que Aline sabía algo y solo estuviera evaluando cuánto.
Aline dudó.
Sabía que, si hablaba, ya no habría vuelta atrás. Que cada palabra que dijera arrastraría también a Lara. Pero Oráculo ya conocía su existencia, su pasado, su vínculo con Red Noctis. Callar no la protegería. Solo la dejaría a ella sin nada que ofrecer.
Tragó saliva.
—Lara Dayne —dijo finalmente—. La mujer que vive actualmente conmigo…
—Conozco la historia de esa mujer —la interrumpió Oráculo—. No es necesario que se extienda en detalles.
Aline asintió apenas.
—Me contó que trabajó para ellos —continuó—. Lo hizo por necesidad económica. Durante ese tiempo tenía que reunirse con un hombre encapuchado. Usaba una máscara holográfica. Cree que era uno de los líderes de la organización… o al menos alguien importante dentro de ella.
Respiró hondo antes de continuar.
—Dice que terminó reconociéndolo por su forma de hablar. De moverse. Era un antiguo compañero de instituto, o eso asegura.
—¿Nombre? —preguntó Oráculo.
Aline sostuvo la mirada del holograma.
—Eiden Kross.
La IA guardó silencio durante un instante.
No fue un vacío.
Fue procesamiento.
—Veo quién es —dijo finalmente.
Una nueva proyección apareció en el aire.
El hombre que surgió frente a Aline no tenía nada de imponente.
Era humano, delgado, de hombros caídos. Cabello oscuro, corto, mal cuidado.
Ojos apagados, huidizos. Vestía ropa genérica, discreta.
El tipo de persona que podía cruzarse con cientos de individuos en una estación y desaparecer de la memoria segundos después.
—Eiden Marcus Kross Vantar —enumeró Oráculo—. Veinticuatro años. Registra múltiples denuncias archivadas: acoso sexual reiterado, comportamiento predatorio, espionaje de datos personales, manipulación de identidades digitales y recopilación ilícita de material íntimo.
La imagen rotó lentamente mientras nuevos datos aparecían alrededor.
—Ninguna denuncia prosperó. Algunas fueron retiradas. Otras no recibieron prioridad.
Más archivos se desplegaron en capas holográficas.
—No figura oficialmente como miembro de Red Noctis.
Tampoco posee vínculos laborales declarados con la organización.
Estudios universitarios en ingeniería informática, especialización en sistemas distribuidos y seguridad ofensiva.
Residencia registrada en Bloque Lázaro. No se encontraba presente durante la redada. No existe constancia de arresto.
—Lara dice que no tiene pruebas —intervino Aline—. Pero está segura de que era él. Por la forma de hablar. De moverse. De observar.
Oráculo fijó la mirada en ella.
—No necesito pruebas para interrogar a un individuo como este si considero que resulta oportuno, teniente Voss —dijo—. Pero tampoco voy a destinar recursos operativos únicamente porque una prostituta embarazada crea reconocer a alguien.
Las palabras golpearon a Aline como una bofetada seca.
Sintió la tensión tensarle la espalda, aunque no dijo nada.
—Puede que usted haya desarrollado apego hacia esa mujer —continuó Oráculo—, pero las emociones humanas suelen ser una debilidad. No autorizaré otra operación sobre Bloque Lázaro después de haber comunicado oficialmente que Red Noctis fue desmantelada.
Hizo una pausa breve.
—Sin embargo… puedo ofrecerle una alternativa.
Aline levantó apenas la mirada.
—Y ese es el verdadero motivo por el que estoy aquí.
La IA avanzó un paso. No parecía invadir el espacio, pero aun así imponía presencia.
—Necesito investigar de manera profunda y discreta qué fue exactamente lo que Red Noctis extrajo de Centinela 9 —continuó—. Tengo una hipótesis. Pero esa información continúa clasificada. Al menos para usted… por ahora.
Aline permaneció inmóvil.
—Es evidente que Red Noctis mantiene interés en usted —prosiguió Oráculo—. O, al menos, esa es mi evaluación actual. Y posiblemente también en la mujer que alberga en su residencia.
El silencio volvió a cerrarse alrededor de la sala.
—Le propongo lo siguiente —dijo la IA—. Le otorgaré autoridad corporativa encubierta. Una autorización fantasma.
Aline entrecerró apenas los ojos, atenta.
—Fuera de servicio, y únicamente en su tiempo libre, podrá desplazarse, investigar y acceder a información con respaldo directo de Megatech sin dejar registros administrativos convencionales.
La pausa siguiente fue medida.
—Pero, para permitirlo, deberá aceptar la integración de un nuevo software en su computador neural.
Un frío repentino le recorrió la espalda.
—Se trata de un prototipo —explicó Oráculo—. Una mejora que he desarrollado y refinado específicamente para aprovechar de forma definitiva las capacidades tecnificadas de nuestras unidades operativas. Necesito probarlo en actividad real.
La IA sostuvo su mirada.
—Y si pretende enfrentarse a hackers de este nivel… va a necesitarlo. A menos que prefiera terminar convertida en otra marioneta, como Irek Damond.
La frase cayó pesada entre ambas.
—¿Desea hacer justicia por su unidad, Aline Voss? —preguntó Oráculo—. ¿Desea descubrir qué ocurrió realmente?
Hizo una pausa mínima.
—Tendrá mi permiso. Mi autoridad. Mi respaldo.
La proyección inclinó apenas la cabeza.