23 #2
Se detuvo apenas vio a las dos coloradas y esa tensión rara flotando en el ambiente.
Aline levantó la mirada hacia él.
Joren tardó menos de un segundo en entender qué había pasado.
Y se sonrojó también.
Aline fue la primera en apartar la vista. Se sentó enseguida en la mesa, buscando algo a lo que aferrarse para romper la incomodidad.
—Siéntense —dijo Lara rápidamente, intentando salvar la situación—. Ya casi está el desayuno.
El tono seguía siendo amable, aunque todavía nervioso.
Sirvió la comida con cuidado: pan tostado, fruta cortada, huevos revueltos todavía humeantes, bien condimentados. Joren probó un bocado y no pudo evitar pensar, otra vez, que cocinaba realmente bien.
Lara tomó asiento en el otro extremo de la mesa, con una mano apoyada sobre el vientre.
—De verdad… lo sentimos mucho —dijo Aline todavía incómoda.
Lara negó enseguida.
—Olvídenlo —respondió—. En serio. No escuché tanto. Activé los aislantes de mi habitación bastante rápido… no quería invadir su intimidad. Así que ya está. Dejémoslo ahí.
Respiró hondo antes de cambiar de tema.
—¿Cómo les fue con los implantes? ¿Pudieron hacer lo que necesitaban?
Joren asintió.
—Sí. Pudimos. Y sinceramente es un alivio, porque no estaba seguro de que funcionara. Ahora al menos podemos pasar la revisión sin miedo.
Lara levantó apenas las cejas.
—¿Revisión?
—Aline habló con una colega nuestra —explicó Joren—. Extraoficialmente le dijeron que probablemente nos reintegren la próxima semana a la unidad. Antes de eso vamos a tener una revisión completa de implantes.
Lara parpadeó.
—Pero eso es mañana…
—Sí —confirmó él—. Y tuve que remover un software que yo mismo había instalado. Si lo encontraban… íbamos a tener problemas bastante serios.
Aline siguió desayunando en silencio.
Todavía le recorrían el cuerpo pequeños ecos de la noche anterior. Sensaciones residuales difíciles de ignorar. Notó un leve estremecimiento involuntario y levantó la vista al percibir que Lara la observaba.
—No tienes que tener miedo —dijo Aline con suavidad—. Vas a quedarte sola aquí, sí, pero esta torre tiene la mejor seguridad de toda la zona. Nadie va a entrar.
Hizo una pausa breve.
—No salgas por ahora. Y si necesitas algo, pídelo. Además, la torre tiene personal médico permanente. Ya te registré ayer en el sistema.
Lara la miró visiblemente conmovida.
—Gracias, Aline… —murmuró—. Todavía me cuesta entender todo esto. Estar aquí… después de todo.
Sus ojos empezaron a humedecerse.
—No quiero convertirme en una molestia, pero… tengo miedo de salir. Y me cuesta muchísimo dormir.
Bajó la mirada.
—Extraño mucho a Riven.
Joren y Aline se miraron apenas un instante.
Después Aline se levantó y fue hasta ella. Se sentó a su lado y apoyó una mano firme y cálida sobre la suya, sin invadirla.
—Lo sé —dijo en voz baja—. Y es normal que te sientas así. No estás sola, Lara. Ya no.
Lara asintió, apretando los labios para no quebrarse otra vez.
Terminaron de desayunar en un silencio mucho más tranquilo.
Afuera, Ciudad Metro seguía moviéndose con la misma indiferencia de siempre.
Pero dentro del departamento, por primera vez en días, el ambiente empezaba a sentirse un poco más seguro.
Rika Morozov había dado en el clavo.
Esa misma tarde, Akemi Sato se comunicó con ambos para presentarse al día siguiente, a primera hora, en Torre Megatech. Una unidad pasaría a recogerlos directamente en Kagayaki.
El resto del día transcurrió sin incidentes.
Aline pasó varias horas entrenando en el gimnasio del complejo, descargando tensión y manteniendo el cuerpo activo. Joren, en cambio, permaneció buena parte del tiempo conectado, revisando y ajustando su software, hundido en líneas de código y diagnósticos.
Entre una cosa y otra, compartieron varios momentos con Lara: una película, conversaciones tranquilas, preguntas simples que les permitieron conocerse un poco más, sin presión ni incomodidad.
Ya entrada la noche, Aline y Joren volvieron a terminar juntos.
Se buscaron casi sin hablar, como si después de lo ocurrido el contacto entre ellos se hubiera vuelto algo natural e inevitable. Esta vez, sin embargo, recordaron activar los aislantes sónicos antes de volver a utilizar el cable conector.
A la mañana siguiente, todavía temprano, ambos aguardaban en la azotea.
El cielo de Ciudad Metro estaba cubierto por capas de tráfico aéreo, luces y estelas energéticas que se cruzaban en un movimiento constante y silencioso.
El Valkyria Specter descendió con suavidad. Sus motores apenas emitieron vibración al posarse sobre la plataforma. La compuerta lateral se abrió y ambos subieron sin necesidad de decir una palabra.
El trayecto fue breve.
A medida que se aproximaban, Torre Megatech volvía a imponerse sobre el horizonte de la ciudad: gigantesca, colosal, visible desde casi cualquier nivel de Metro, una estructura diseñada para recordar constantemente quién tenía el control.
El Specter los dejó en uno de los niveles medios, el mismo al que habían accedido la vez anterior.
Caminaron juntos, tranquilos.
Lara había estado nerviosa por quedarse sola, pero Aline la tranquilizó antes de salir.
Le explicó que la revisión probablemente les ocuparía todo el día y que regresarían recién por la tarde o entrada la noche.
También le recordó que podía pedir lo que necesitara y que, ante cualquier urgencia, tenía acceso directo al personal médico de la torre o a Marina.
La revisión comenzó apenas llegaron.
Y no se parecía en nada a la anterior.
Esta vez, las capas de análisis fueron mucho más profundas. Más lentas. Más invasivas.
Aline y Joren fueron separados y conducidos a salas distintas.
Allí tuvieron que desvestirse por completo para una inspección exhaustiva de implantes: barridos neuronales, escaneos de firmware, análisis de integridad de puertos, detección de código residente, paquetes latentes, rutinas persistentes y cualquier alteración no autorizada en sus sistemas.
El proceso duró horas.
Cuando los técnicos finalmente quedaron satisfechos, Aline pudo volver a vestirse y fue conducida a una sala médica de espera. Le indicaron que aguardara allí mientras terminaban de validar los datos, por si resultaba necesario realizar análisis adicionales.
Le dejaron una botella de agua y una ración militar sintética.
Aline bebía despacio, sentada sobre una camilla, con la espalda apoyada contra la pared. Había tenido que presentarse en ayunas y, más que hambre, lo que sentía ahora era una sed seca y persistente que le raspaba la garganta.
Respiró hondo, intentando relajarse.
Entonces ocurrió algo totalmente inesperado.
Uno de los nodos holográficos de la sala se activó frente a ella.
La proyección se materializó con una fidelidad abrumadora: volumen real, proporciones exactas, textura impecable. Una mujer alta, de presencia imponente, cabello rubio recogido en un moño perfecto. Vestía un traje ejecutivo completamente blanco. Su mirada era fría, directa, imposible de esquivar.
La calidad del holograma era tan precisa que daba la sensación de que estuviera físicamente allí.
Aline se quedó inmóvil.
Sabía perfectamente quién era.
Después del presidente Atami, no existía autoridad más alta dentro de Megatech.
La inteligencia artificial central de la corporación.
Oráculo.
El holograma fijó la vista en ella y habló con una voz neutra, elegante y completamente desprovista de emoción.
—Esta comunicación ha sido autorizada bajo protocolo corporativo —dijo—. Procedo a presentarme formalmente, teniente Aline Voss.
Hizo una pausa mínima, calculada.
—Adira Oráculo. Inteligencia Central Ejecutiva de Megatech Industries.
La mirada no se apartó de ella ni un instante.
Aline dejó la botella y la ración a un lado. Se puso de pie casi por reflejo y ejecutó un saludo militar preciso, rígido, automático.
Oráculo la observó durante unos segundos. Después inclinó apenas la cabeza.
—No es necesario que sea tan formal, teniente —dijo—. Relájese. Puede volver a sentarse, si así lo desea.
Aline obedeció, aunque la tensión no abandonó su cuerpo.
No solía ponerse nerviosa delante de superiores.
Pero aquello era distinto.
Oráculo no era simplemente otra autoridad corporativa. Si una entidad de ese nivel estaba dedicándole tiempo personalmente, significaba que la situación había escalado mucho más de lo que imaginaba.
La IA continuó hablando con el mismo tono sereno.
—Supongo que se preguntará por qué me encuentro frente a usted. No debería sorprenderse demasiado. Esta no es mi forma física real; apenas utilizo una fracción mínima de mi capacidad de procesamiento para sostener esta interacción.
Aline tragó saliva.
—Como sabrá —continuó Oráculo—, el ataque sufrido por usted y su unidad comprometió en dos ocasiones nuestros niveles de seguridad. Niveles extremadamente elevados, de cuya supervisión me encargo personalmente.
Hizo una pausa breve.
—Desde el primer incidente he seguido de cerca a Érebo 9. Sus acciones. Su evolución. Y, particularmente… a usted.
El silencio que siguió fue pesado.
—No interprete esto como una vigilancia constante sobre su persona —aclaró Oráculo—. He revisado protocolos, hardware y software. He monitoreado implantes y actividad operativa. Poco más. Su vida privada no es de mi interés, teniente… al menos, hasta ahora.
La mirada fría permaneció fija sobre ella.
—Desde el incidente con Irek Damond —continuó—, tras la destrucción de Centinela 9, su secuestro y posterior fallecimiento, sí he prestado especial atención.
Debe saber que, cuando ocurrieron esos eventos, intenté conectarme al hardware del sargento Damond para abortar el procedimiento. Fui aislada por completo.
Aline sintió un nudo cerrársele en el estómago.
—Detecté con claridad que su implante había sido manipulado —prosiguió Oráculo—. Ejecuté un barrido inverso de red y reconstruí parte de la actividad previa. Se vulneraron capas completas de seguridad corporativa. La redada en Bloque Lázaro no produjo los resultados que esperaba.
Hizo una pausa mínima.