22 #3
Solo se dio media vuelta y se llevó a la muchacha con ella.
La chica, sin embargo, miró a Aline por encima del hombro. Sorprendida. Y, por un instante, pareció tranquilizarse un poco. No dijo nada.
Luego se fue con su madre.
Cuando casi todos los asistentes ya se habían marchado, Joren la esperaba junto a Marina, al lado de un taxi recién llegado. Aline, sin embargo, se quedó unos momentos más frente a la tumba de Damond. Sola.
Entonces sintió que alguien se detenía a su lado.
Miró apenas de reojo.
Rika Morozov. La había visto entre la gente durante la ceremonia. La única integrante de Némesis 9 que había asistido. Eso ya le había llamado la atención.
Rika permaneció unos segundos en silencio, observando la lápida.
—Lo siento mucho —dijo al fin—. Sé que Irek Damond era un buen hombre.
Aline asintió despacio.
—Lo era.
El silencio volvió a instalarse entre las dos.
El viento agitaba la larga cabellera rojiza de Rika, moviéndola como una llama tenue a punto de apagarse. Aline le sacaba casi una cabeza de altura, pero allí, frente a la tumba, ninguna parecía imponerse sobre la otra.
—Lo siento, Rika —dijo Aline después de un momento—. Por lo que dije en la unidad. No quería ofenderte delante de tu escuadrón… y menos sabiendo lo delicado que es todo esto para ti.
Bajó apenas la mirada.
—Estaba fuera de mí. No sé por qué reaccioné así cuando te vi sonreír. Supongo que pensé que… junto con Hale…
—No pasa nada, Aline —la interrumpió Rika con suavidad—. Lo entiendo. Estabas a la defensiva.
Hizo una pausa breve antes de continuar.
—Y sí… me dolió escucharlo. Mucho.
Suspiró despacio.
—Hale es un imbécil. Y un homofóbico de mierda. No dejó de molestarme desde que regresé. Te odié por eso durante un tiempo… pero ya se me pasó.
Esbozó una sonrisa pequeña, cansada.
—Supongo que estamos a mano por el enojo que tuve contigo cuando me rechazaste en la academia.
Aline la miró.
Lo recordaba demasiado bien: el nerviosismo de Rika antes de hablarle, la confesión torpe… y después el enojo.
—Eso fue hace mucho —dijo Aline.
—Sí —asintió Rika—. Y yo tampoco soy la misma persona. Éramos jóvenes… y me costaba aceptar que no todas las mujeres tienen las mismas preferencias que yo. La verdad es que todavía me cuesta un poco.
Desvió la mirada hacia las lápidas.
—Pero no vine a hablar de eso. No hoy. Quizá algún día, con unas copas encima.
La recorrió de arriba abajo, sin disimulo.
—Has cambiado mucho, Aline. Estás más alta… más ancha. Nunca imaginé que elegirías ese tipo de mejoras físicas.
Aline tensó apenas la mandíbula.
Pensó en su cuerpo. En la incomodidad constante. En el rechazo que ella misma sentía al mirarse.
Rika lo notó enseguida.
—No lo digo en mal sentido —aclaró rápido—. Te ves bien. De verdad. Solo… diferente.
Esbozó una sonrisa leve.
—Y, sinceramente, si supiera que tengo una mínima oportunidad, volvería a intentarlo contigo.
Levantó una mano antes de que Aline respondiera.
—Pero tranquila. Ya te dije que no vine para eso.
Inspiró hondo.
—Quería decirte algo. Extraoficialmente.
Aline volvió a mirarla con atención.
—Es muy probable que la semana que viene Centinela 9 vuelva a estar operativa. Falta muchísimo personal, así que van a reorganizar unidades. La idea es dividir la base en dos equipos de tres.
Se acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja.
—Yo fui la única que se ofreció voluntaria para el traslado.
Se sonrojó apenas.
—Extraoficialmente… voy a integrarme a Érebo 9. Imagino que Sato te lo comunicará pronto. Seguramente este fin de semana hagan la restitución de implantes y las evaluaciones.
La miró directo a los ojos.
—Espero que no te moleste volver a trabajar conmigo, Aline.
Aline tardó un instante en responder.
No solo por la noticia, sino por todo lo que Rika acababa de decirle. De toda Némesis 9, y especialmente después de lo ocurrido con Nyx-17 y el informe, era la única con la que todavía podía imaginarse trabajando sin sentir desconfianza.
—Será un placer volver a trabajar contigo, Rika —dijo al fin.
Rika levantó apenas la vista y sonrió. Una sonrisa sincera, cansada.
—Igualmente. Nos veremos la semana que viene, Aline.
Hizo ademán de irse, pero se detuvo. Volvió a mirar la lápida un segundo y después a Aline.
—Y… siento mucho lo de Irek Damond. De verdad. Sé lo bien que se llevaban ustedes dos.
Dudó apenas, luego le apoyó una mano en el brazo. Un gesto breve, firme.
—Cuídate, Aline.
Retiró la mano, hizo un saludo breve, correcto, y se dio la vuelta.
Aline la observó alejarse entre las tumbas y la gente que todavía abandonaba el lugar, hasta que la figura pelirroja terminó perdiéndose entre el gris del cementerio y las luces lejanas de Metro.
Entonces volvió la mirada hacia la tumba de Damond.
El nombre grabado en la lápida parecía todavía irreal.
Aline bajó apenas la cabeza.
—Te hubiera gustado escuchar eso —murmuró—. Lo sé.
El viento movió apenas las flores dejadas junto a la tumba.
Después de unos segundos, respiró hondo, se giró y caminó hacia donde Joren la esperaba junto al taxi.
Aquella, al menos, era una buena noticia para sacarla de un día de mierda.