22
Aline estaba en la cocina cuando terminó de amanecer.
Sostenía la taza de café entre las manos, todavía caliente, apoyada contra la encimera. Llevaba una camiseta larga y pantalones sueltos; el cabello corto peinado sin demasiado cuidado. Frente a ella, la holovisión flotaba en silencio, proyectando las noticias matinales sobre el aire.
Por un instante, su mente volvió atrás.
Había despertado antes del alba, con el cuerpo rígido y la cabeza llena de pensamientos que no terminaban de acomodarse.
Lara seguía en su cama, aferrada a la manta incluso dormida.
Aline la había tapado mejor, acomodándole el almohadón con cuidado.
Lara había temblado apenas, encogiéndose más entre las sábanas.
—Descansa un poco más —le había susurrado.
No estaba segura de que la hubiera oído. Lara solo se acurrucó todavía más, como si intentara esconderse dentro de las mantas.
Aline se vistió en silencio y salió al comedor.
Ahora, de pie en la cocina, observaba la holovisión con atención fría.
Conocía demasiado bien a Megatech como para engañarse: iban a moverse rápido. Muy rápido.
Y no se equivocó.
Entre anuncios de tránsito, cotizaciones corporativas y reportes de clima artificial, apareció el titular.
—Operativo de gran escala en Bloque Lázaro, Distrito Perimetral Hécate.
Aline alzó apenas la barbilla.
Las imágenes empezaron a sucederse una tras otra.
Unidades de choque descendiendo de transportes blindados.
Vehículos policiales cerrando calles enteras.
Puertas reventadas a golpes. Pasillos estrechos inundados de luces rojas y azules.
Familias arrancadas de las camas en plena madrugada.
Gente esposada contra paredes destruidas.
Niños llorando. Bolsas de evidencia siendo selladas frente a las cámaras.
—Las autoridades informan de múltiples allanamientos realizados tras el ataque masivo a una base Anti-Zero —continuó la voz de la presentadora—. El ataque habría sido perpetrado por una organización que se hace llamar Red Noctis.
Aline apretó un poco más los dedos alrededor de la taza.
La holovisión mostró discos duros incautados, terminales desmontados, armas ilegales, drogas empaquetadas. Hombres y mujeres con el rostro cubierto eran empujados hacia vehículos sin distintivos oficiales.
—Se reporta la incautación de grandes volúmenes de datos, equipamiento tecnológico, armamento y sustancias prohibidas.
Megatech no ha emitido declaraciones formales, aunque confirmó la relación de la organización con la muerte de dos agentes Anti-Zero y el hackeo de un tercero, cuyos datos fueron difundidos ilegalmente en la red.
Aline exhaló despacio.
Parte de ella sintió alivio.
Megatech, por fin, estaba haciendo algo. Limpiaba. Cerraba un frente. Mostraba control.
Pero seguía sin ser suficiente.
Continuó mirando. Esperó alguna mención.
No apareció nada sobre Riven.
Ni una línea. Ni un nombre. Nada.
No le sorprendió.
En la lógica corporativa, un muerto más en un bloque marginal no justificaba tiempo ni recursos. Lara ya había sido interrogada. Si había información útil, Megatech ya la tenía. El resto era ruido. Daño colateral.
Cerrar ciclos. Mostrar fuerza. Seguir operando.
Aline dio un sorbo al café, ya tibio.
Sabía que, si habían encontrado algo realmente importante, tarde o temprano terminarían viniendo por Lara. Tal vez ya supieran todo. Tal vez Lara ya no les importara en absoluto.
Akemi Sato había sido clara: estaban bajo vigilancia.
El departamento. Las cámaras. Los accesos.
Y, por supuesto, sabían que Lara estaba allí.
La holovisión cambió a otro bloque de noticias.
Aline no se movió.
Miró el reflejo de Metro en el vidrio, los tonos fríos de la ciudad despertando con indiferencia. Pensó en Lara, dormida a pocos metros, enroscada en la cama. Pensó en Riven. En Damond. En Nyx-17.
Megatech había reaccionado.
Pero ella seguía sin sentirse tranquila.
Ni cerca.
No pasó mucho antes de que Joren apareciera desde el pasillo, todavía cargado de sueño, frotándose los ojos. Apenas la vio en la cocina, se le dibujó una sonrisa automática, de esas que aparecen antes de que uno siquiera piense.
Se acercó sin decir nada y la besó.
Fue un beso largo, tranquilo, íntimo. Ya no tenía la torpeza de los primeros días ni necesitaba explicación alguna. Joren notó el sabor del café en los labios de Aline; ella, la menta fresca de sus dientes recién lavados.
Cuando se separaron, siguieron mirándose apenas un segundo más de lo necesario.
—Buenos días —dijo él al fin.
—Buenos días —respondió Aline, más suave de lo habitual.
Joren se sentó a la mesa. Miró por reflejo hacia el sofá y frunció apenas el ceño al notar que Lara no estaba allí. Después volvió la vista hacia Aline, con una expresión interrogante.
—Está durmiendo en mi cama —aclaró ella antes de que dijera nada—. Anoche me desperté y estaba teniendo pesadillas… y algo de fiebre.
Miró un segundo hacia el living. El dron de limpieza ya había pasado; no quedaba rastro del vómito ni del desorden de la noche anterior.
—La ayudé a bañarse y la llevé a dormir conmigo —añadió—. Solo necesitaba un poco de contención.
Le dedicó una sonrisa leve.
—No te pongas celoso.
Joren soltó una risa baja.
—Ni se me cruzó por la cabeza.
Su atención volvió enseguida a la holovisión, donde seguían repitiéndose imágenes del Bloque Lázaro, de las redadas y los arrestos. El nombre de Red Noctis aparecía una y otra vez, acompañado de titulares cuidadosamente redactados.
—Dudo mucho que Red Noctis haya caído de verdad —dijo, pensativo—. Si fueron capaces de atacar Centinela 9, también sabían lo que Megatech iba a hacer después.
Aline asintió.
—Los que manejan algo así nunca están cuando cae el martillo —continuó Joren—. Los que agarraron deben ser los de abajo. Los que hacían el trabajo sucio.
Aline apoyó el codo en la mesa.
—Anoche hablé mucho con Lara —dijo entonces—. Siéntate. Prefiero contártelo antes de que se despierte tu madre.
Joren asintió. Se sirvió café y se sentó frente a ella.
Mientras las imágenes seguían pasando en silencio detrás, Aline le contó todo. En voz baja. Sin adornos. Las pausas de Lara. Los temblores. La culpa. El miedo constante con el que parecía vivir desde hacía meses.
Y, sobre todo, lo último.
—Ese hombre de la máscara —dijo Aline—. El que la recibía. El que la interrogaba cada vez que iba a informar… cree saber quién es.
Joren giró un poco el cuerpo hacia ella.
—¿Quién?
—Un tal Eiden Kross.
El nombre quedó suspendido entre los dos.
—No sé qué cargo tendrá dentro de Noctis —continuó Aline—. Ni qué lugar ocupa realmente. Pero, si Lara tiene razón… no es un simple intermediario.
Joren bebió un sorbo de café, pensativo.
—Habrá que averiguar si cayó en la redada —dijo al cabo de unos segundos—. Aunque, siendo honestos… no tenemos demasiado margen para movernos.
Dejó la taza sobre la mesa y se encogió apenas de hombros, cansado.
—Estamos bajo sumario. Sin implantes, sin acceso a la red corporativa y prácticamente sin libertad de movimiento. Cualquier llamada, cualquier búsqueda, cualquier terminal que toquemos… alguien lo va a ver.
Aline lo sabía. Y, aun así, le pesaba.
—Lo mejor ahora es no hacer nada —continuó Joren—. Esperar. Puede que realmente hayan desmantelado la red. Puede que esto haya sido el golpe final.
Hizo una pausa antes de seguir.
—Yo también quiero hacer pagar a los que acabaron con Damond… y con Kessler. Pero ahora mismo estamos atados de manos.
Aline cerró los ojos un segundo. Lo entendía. Claro que lo entendía. Pero ese nombre… Eiden Kross… ya se le había quedado clavado en la cabeza.
—¿Y Lara? —preguntó Joren al cabo de un momento—. ¿Qué piensas hacer con ella?
Aline lo miró de reojo.
—Por ahora se queda aquí —respondió—. Tengo créditos ahorrados. Mientras Megatech siga cubriendo el departamento y los gastos, nos va a alcanzar para comer.
Se encogió apenas de hombros.
—Voy a entrenar. Me quedaré en la torre. No necesito salir. Y, con todo lo que pasó… dudo mucho que, si queda alguien de Noctis, se atreva a moverse ahora mismo.
Miró hacia el pasillo, hacia la habitación donde Lara seguía durmiendo.
—Tu madre… no creo que corra peligro. Pero Lara… es distinto. Está aterrada.
Volvió a mirarlo.
—Voy a dejar que se quede conmigo. Al menos por ahora.
Dudó apenas un instante antes de añadir, con una sonrisa suave, estirando la mano para tomar la de él:
—Y tú también puedes quedarte… si quieres.
Joren sonrió y le apretó los dedos.
—No pensaba irme a ningún lado.
Más tarde, el departamento volvió a llenarse de voces.
Marina fue la primera en despertarse. Salió de la habitación con el pelo revuelto y la expresión todavía cansada, pero al ver a Aline y a Joren sentados a la mesa, con café y algo de comida ya servida, su gesto se suavizó enseguida. No tardó en acercarse y sentarse con ellos.
Poco después apareció Lara desde el pasillo, moviéndose con cautela, como si todavía le costara creer que seguía allí.
Aline y Joren hicieron las presentaciones como correspondía, sin apuro. Explicaron la situación con cuidado, evitando detalles innecesarios: la redada en Bloque Lázaro, la caída parcial de Red Noctis, la intervención directa de Megatech.
Lara escuchó en silencio, sosteniendo la taza caliente entre las manos. Al oír lo del operativo pareció relajarse apenas… muy poco. No era alivio. Más bien una pausa momentánea en ese miedo constante con el que parecía vivir.
Marina, en cambio, sí se mostró más tranquila. Saber que había movimiento, que alguien estaba actuando, le devolvía una mínima sensación de control.
Almorzaron juntos.
Fue una comida sencilla, con pocas palabras, pero ya sin la tensión asfixiante de los días anteriores.
Después, Joren acompañó a su madre hasta su departamento. No quería dejarla sola tras todo lo ocurrido. Desde allí pasó por su propio apartamento para recoger lo imprescindible: algo de ropa, un par de dispositivos y algunas cosas básicas para quedarse unos días más en la torre.
Aline se quedó sola con Lara.