21 #2
—Tardó en volver. Mucho. No respondía a mis mensajes ni a mis llamadas. Y cuando lo hizo… parecía otro. Como al principio. Gentil. Me llevó a cenar.
Hizo una pausa breve, amarga.
—Pero cuando se acostó conmigo… volvió a lo mismo.
Negó despacio.
—Quiso que abortara. Yo no podía… ¿cómo iba a hacerlo?
Se acarició el vientre, temblando.
—Le dije que no volviera. Que no quería que me pegara más. Y no lo hizo… no hasta el día en que…
La voz se le quebró del todo.
—Hasta el día en que se quitó la vida.
Aline sintió un peso frío en el estómago.
—Vino una última vez —continuó Lara—. A exigirme que abortara. Le dije que no. Me pegó… fuerte. Estuvo a punto de darme una patada en el abdomen… pero se detuvo.
Inspiró con dificultad.
—Se fue furioso. Y ya no lo volví a ver.
El silencio se cerró alrededor de ellas.
—Noctis me siguió pagando igual —dijo—. Sin pedirme nada. Aunque yo ya había dicho que no volvería a verlo. Hasta ese día… en que me dijeron que ya no necesitarían mis servicios.
Parpadeó, perdida.
—Despues apareciste tú. Con tu unidad. Yo no entendía nada… ¿cómo iba a quitarse la vida?
Se quedó callada unos segundos.
—Todavía lo quiero… —añadió en un hilo de voz—. A pesar de todo. A pesar de los golpes… Me seguía enviando dinero todos los meses.
Soltó una risa breve, sin humor.
—Pensarás que estoy loca.
Negó con la cabeza.
—No sé qué me pasó con él. Parte era mi trabajo… pero parte no. No quería perder a este bebé. Incluso ahora… no quiero que nada le pase.
Las lágrimas volvieron con más fuerza.
—Es mi hijo, Aline… Es todo lo que tengo. Todo lo que me queda.
Lara se quebró por completo.
Aline no dijo nada. Solo la rodeó con los brazos y la atrajo contra sí. Lara se aferró a ella, enterrando el rostro en su cuello, intentando contener el llanto sin conseguirlo.
Poco a poco, los sollozos fueron cediendo.
El cuerpo se le fue relajando, agotado.
Cuando por fin se calmó, se quedó dormida, todavía aferrada a Aline.
Y Aline no la soltó. La sostuvo en silencio, con los ojos húmedos, dejándola descansar en sus brazos.
El único lugar que, al menos por esa noche, Lara sentía seguro.
Aline permaneció despierta.
El sueño no volvió. Solo el paso lento de las horas y la luz de Metro filtrándose, cada vez más clara, a través de las cortinas, anunciando el amanecer.
Lara no se separó de ella en toda la noche. El calor de su cuerpo, el roce suave del pelaje, la respiración acompasada. Aline no la soltó, ni siquiera cuando el calor empezó a incomodarla o el cosquilleo en el brazo le recordó que llevaba horas sin moverse.
Sintió el momento en que Lara despertó.
No abrió los ojos enseguida. Se acurrucó un poco más contra ella, como si temiera perder ese contacto.
—Estar así… —murmuró Lara al cabo de un momento— me recuerda a las primeras veces con él. Cuando empezamos a salir.
Esbozó una sonrisa tenue, cansada.
—Así me abrazaba.
Giró apenas el rostro.
—No te ofendas. No quise compararte con él. No es eso.
—Lo sé —respondió Aline, en voz baja—. No pasa nada.
Hubo un silencio breve.
—Es solo un recuerdo.
Asintió despacio, como si necesitara dejarlo claro también para sí misma.
—Me imagino que, si las cosas hubieran sido distintas… —tragó saliva—, si él hubiera dejado a su esposa como dijo una vez… sería algo así. Los dos, abrazados. Su mano en mi abdomen. Nuestro bebé. Sin… todo lo demás.
Cerró los ojos un instante.
—No te conté todo anoche —continuó—. Me quedé dormida. Pero hay algo más que necesitas saber.
Aline no dijo nada. Solo esperó.
—Durante los meses que trabajé para Noctis —dijo Lara—, cada vez que tenía que informar… me hacían ir a un departamento de Bloque Lázaro. Unidad 7-D. Pasillo interior, en el ala vieja.
Respiró hondo.
—Siempre me recibía el mismo hombre. El de la capucha, máscara holográfica, voz distorsionada. Nunca cambiaba. Me hacía sentar en una sala poco iluminada, en una silla proyectada… y se sentaba frente a mí.
Aline cerró los ojos un segundo, armando la escena en su cabeza.
—Me hacía contarlo todo —siguió Lara—. Con lujo de detalles. Siempre hacía preguntas incómodas… no sé si para humillarme o porque le gustaba. A veces daba la impresión de que ya sabía las respuestas.
Apretó los labios.
—Sobre todo preguntaba por el sexo. Qué le gustaba a él. Qué me gustaba a mí. Y si evitaba algo… si dudaba… me obligaba a decirlo.
El silencio se tensó apenas.
—Al principio me costaba muchísimo. Después… me acostumbré.
Aline sintió un nudo seco cerrársele en el estómago. Pensó, sin decirlo, en los implantes oculares. En transmisiones. En miradas invisibles observándolo todo.
—Cuando pasó lo de tu hackeo —continuó Lara—, los videos circulaban por todo el Bloque. A mí también me llegaron.
Tragó saliva.
—Vi uno. Solo uno. Y ahí entendí.
Abrió los ojos.
—Ellos ya lo habían visto todo. Desde el principio. A través de los implantes de Darel. Cada vez que nos veíamos… cada vez que…
Se interrumpió, pero no hacía falta terminar la frase.
—Entonces me pregunté para qué me querían a mí —añadió—. Si ya lo sabían todo… si ya lo tenían intervenido… ¿para qué seguían pagándome?
Se llevó una mano al pecho.
—Me dio miedo. De que me hicieran lo mismo. De que me expusieran como a ti… Perdón.
Negó, con un gesto pequeño.
—Sé que lo que te hicieron fue peor. Pero ese miedo me dejó paralizada.
Aline no la interrumpió.
—Después vino la redada de Megatech —siguió Lara—. Fueron directo a mi departamento. Y a varios más. Yo estaba con Riven. Nos sacaron de allí, nos interrogaron… se pusieron violentos.
La respiración se le aceleró un poco.
—Me quebré. Les conté todo sobre ti. Sobre Darel. Todo lo que sabía… pero no dije nada de Noctis. Tenía miedo. Miedo de terminar como Darel.
Apretó la mano de Aline.
—Cuando nos soltaron, Riven quiso irse. Intentó contactarte. No pudo. Estaba furioso. Pensó que lo habías engañado.
La voz se le volvió más frágil.
—Después lo llamaste. Nos ayudaste. Y eso… —tragó saliva— eso significó mucho para mí.
Levantó la mirada.
—Ahora quiero ayudarte yo.
Aline la observó con atención.
—No tengo pruebas —continuó Lara—. Pero estoy segura de que conozco al hombre de la capucha.
El silencio cayó, denso.
—Es del Bloque. Tiene mi edad. Y creo… creo que fuimos al mismo instituto.
Aline frunció apenas el ceño.
—Su forma de hablar. De moverse. De encorvarse… de incomodar. Ya lo hacía antes. Igual que conmigo ahora.
Respiró hondo.
—Tiene que ser él.
Aline sostuvo su mirada.
—¿Quién?
Lara no dudó esta vez.
—Eiden Kross.
El nombre quedó suspendido en la habitación.
Pesado.
Definitivo…