21
Aline despertó en mitad de la noche.
No fue por una alarma ni por un recuerdo. Fue por un sonido.
Un jadeo.
Al principio pensó que era suyo, un eco del cansancio acumulado, pero el sonido volvió a repetirse, irregular, acompañado de un quejido ahogado.
Parpadeó, desorientada. La habitación estaba en penumbra, apenas iluminada por el reflejo lejano de Ciudad Metro filtrándose entre las cortinas. Se incorporó despacio, el cuerpo todavía rígido, y se quedó escuchando.
Otra vez. Un murmullo entre sueños. Palabras que no llegaban a formarse. Un sollozo contenido.
Aline se pasó una mano por el rostro, se frotó los ojos, y salió de la habitación en silencio.
En la sala, Lara se retorcía sobre el sofá.
Hablaba dormida, en frases cortadas, con la respiración acelerada. El cuerpo se movía inquieto, como si intentara escapar de algo que solo ella veía. El cabello se le pegaba a la frente por el sudor; la piel le brillaba bajo la luz tenue.
Aline se acercó despacio.
—Lara…
Apoyó la mano con cuidado en su frente. Estaba caliente.
No una fiebre alta, pero sí una temperatura que no era normal. Aline frunció el ceño y la sacudió apenas, lo justo para traerla de vuelta.
—Lara, despierta.
Los ojos felinos se abrieron de golpe. Lara inspiró con fuerza, como si acabara de salir del agua. El pecho subía y bajaba de forma errática. Tardó un segundo en enfocar… y cuando lo hizo, se quebró.
—No… no…
Las lágrimas le salieron al instante. El cuerpo empezó a temblarle.
Intentó decir algo más, pero una arcada la cortó. Se llevó una mano a la boca y giró la cabeza justo a tiempo para vomitar a un costado del sofá.
—Lo siento… —balbuceó, entre llanto y náuseas—. Lo siento mucho…
Otra arcada la dobló sobre sí misma.
—No me siento bien…
—Está bien —respondió Aline enseguida—. Tranquila. Ven.
La rodeó con un brazo y la ayudó a incorporarse. Lara estaba mareada; se apoyó en ella sin oponer resistencia, los dedos aferrándose a su camiseta.
Caminaron despacio hasta el baño.
Aline encendió la luz tenue y la sentó en el borde de la bañera. Lara sollozaba en silencio, avergonzada, intentando recomponerse sin conseguirlo.
—Nada te va a pasar aquí —dijo Aline, firme pero suave—. Estás a salvo. Respira.
Esperó a que el temblor cediera un poco y la ayudó a ponerse de pie.
—Vamos a bajarte la temperatura.
La hizo entrar en la ducha. Con cuidado, la ayudó a desvestirse; Lara estaba torpe, lenta, como si el cuerpo no terminara de responderle. Aline reguló el agua a tibia y dejó que cayera sobre su espalda.
Lara cerró los ojos, apoyando la frente contra la pared.
—Lo siento… —repitió—. No quiero… no es mi intención ser un problema.
Aline tomó el jabón y empezó a enjabonarle la espalda con movimientos lentos, constantes.
—No lo eres —dijo sin dudar—. Tienes problemas. Y estás sola. Eso no te convierte en un problema.
Le pasó el jabón por los hombros, con cuidado.
—Y ya no estás sola.
Lara inhaló, temblorosa.
—No sé por qué me ayudas… —susurró—. Ni por qué nos ayudaste a Riven y a mí. No era tu responsabilidad.
Aline tomó un poco de shampoo y le apartó el cabello con los dedos antes de empezar a lavarlo.
—Tal vez no —respondió—. Pero lo hice igual.
Hizo una breve pausa.
—Y no me arrepiento.
Eso fue suficiente.
Lara se cubrió el rostro y rompió a llorar en silencio, el cuerpo sacudido por espasmos cortos, agotados. Aline no se detuvo; la ayudó a enjuagarse, a respirar, a mantenerse en pie.
Cuando terminó, activó el sistema de secado. La proyección recorrió el cuerpo de Lara, absorbiendo el agua en segundos, mientras Aline salía a buscar ropa.
Volvió con una camiseta suya, larga, limpia.
—Toma.
Lara ya se había puesto su ropa interior, recién lavada en la unidad.
—Gracias…
Aline fue al botiquín, dejó que la IA evaluara los síntomas y regresó con un par de pastillas.
—Para la fiebre y el malestar. Te van a ayudar.
Lara las tomó con un poco de agua, sosteniendo el vaso con ambas manos. Luego, casi sin pensarlo, apoyó una mano sobre el abdomen.
—Ven —dijo Aline—. Esta noche duermes conmigo.
Lara la miró, sorprendida.
—¿Estás segura…?
—Sí —respondió—. Así vas a estar más tranquila.
Asintió.
Fueron juntas al dormitorio. Aline corrió apenas las cortinas; la luz de Ciudad Metro entró en franjas suaves, azuladas y anaranjadas. Hizo que Lara se acostara primero y la cubrió con la manta, acomodándole la almohada.
Luego se recostó a su lado.
Quedaron en silencio, mirando el techo.
El departamento estaba en calma.
Lara respiraba más despacio, pero no dormía. Aline lo notaba por el rabillo del ojo: el brillo tenue de sus pupilas felinas abiertas, fijas en el techo, igual que las suyas.
Ninguna dijo nada.
Aline notó cómo Lara intentaba hablar. Abría la boca, se detenía. Una y otra vez.
Entonces, despacio, estiró la mano y sostuvo la de ella, apretándola suavemente.
—Tranquila —dijo—. Respira.
Hizo una pausa.
—Si tienes algo que decirme, dilo. Pero sin apuro. Te escucho.
Lara le devolvió el apretón. Con la otra mano se sostuvo el abdomen cuando sintió una leve patada desde dentro. Asintió, tragando saliva.
—Quiero… quiero ser sincera contigo, Aline —dijo al fin, con la voz temblorosa—. Espero poder decirlo sin ponerme a llorar.
Inspiró hondo.
—Quiero que sepas lo que pasó. Sin mentiras. Porque sé que no te mereces que te mienta. Y… aunque no te he mentido… no te dije toda la verdad.
Tomó aire otra vez, se secó una lágrima y continuó.
—Yo… hasta hace poco… trabajaba para ellos.
La palabra quedó suspendida.
—Para Red Noctis.
Aline no reaccionó. No soltó su mano.
—No tenía trabajo —siguió Lara—. Apenas me alcanzaba para comer. No sabía si iba a poder pagar el alquiler ese mes. Riven me ayudaba en lo que podía, pero cobraba poco y tenía demasiadas deudas como para mantenernos a los dos.
Bajó la voz.
—Y no quería convertirme en una carga para él.
Respiró hondo antes de seguir.
—Acepté una propuesta. En el Bloque todos los conocen. Siempre buscan chicas para distintos trabajos…
Esbozó una sonrisa amarga.
—No prostitución exactamente… o eso me repetía para poder dormir.
Guardó silencio un instante.
—No sé cómo junté el valor, pero fui a hablar con ellos. Les gustó mi perfil… mi apariencia. Me llevaron con un hombre. Usaba un abrigo largo, capucha, una máscara holográfica. Tenía la voz distorsionada.
Aline apretó apenas sus dedos, sin interrumpirla.
—Me dijeron que querían que sedujera a un militar. Que ellos se encargarían de todo. Que ese hombre tenía un fetiche por las genetic felinian… y que yo encajaba perfecto.
Negó con la cabeza.
—Tenía miedo. Mucho. Pero pagaban bien… y no sabía qué más hacer.
Respiró, insegura.
—No era buena en eso. Para nada. Pero me convencí de que podía hacerlo.
Tragó saliva.
—Así fue como, usando una app de citas, me pusieron en contacto con Darel.
Hizo una pausa breve.
—Tuvimos una cita. Yo estaba nerviosa… demasiado. No sabía qué decir, me temblaban las manos. Parece que eso le gustó.
Sus dedos se aferraron un poco más a los de Aline.
—Salimos varias veces. Me llevaba a lugares lindos, me hacía regalos, me trataba bien…
La voz se le apagó.
—Terminamos acostándonos. Y me convertí en su amante.
El silencio se tensó apenas.
—Red Noctis quedó conforme —continuó—. No me pidieron nada concreto de él. Solo que les contara de qué hablábamos… qué hacíamos…
Dudó.
—Incluso cuando… cuando teníamos sexo. Eso era lo más difícil.
Inspiró con dificultad.
—Pero me daba la sensación de que, de alguna forma… ellos ya lo sabían todo.
Se secó una lágrima.
—Me pagaban bien. Pude salir del pozo. Incluso ayudar a Riven con sus deudas.
Alzó un poco la mirada.
—Nunca le dije la verdad. Solo que estaba saliendo con un militar. Que él me mantenía. No le gustó… pero lo aceptó cuando vio que yo estaba mejor.
Respiró hondo.
—Red Noctis nunca me pidió más que seguir viéndolo. Llamarlo si él no lo hacía. Quedar los fines de semana… o cuando pudiera. Acostarme con él. Hacer que se encariñara.
Hizo una pausa larga.
—Y eso hice.
La voz se le quebró.
—Pero… Darel me trataba bien, Aline.
Tragó saliva.
—Me terminé enamorando. Sabía que estaba casado. Que tenía hijos. Que tenía una vida… y aun así no pude evitarlo.
Cerró los ojos.
—Era encantador. Y conmigo… era bueno.
Un susurro, casi una confesión.
—Al menos… al principio.
El silencio volvió a caer.
Aline no soltó su mano.
Lara respiró varias veces antes de seguir, el cuerpo todavía tenso contra el de ella.
—Pero después… —susurró—. Empezó a pedirme cosas raras cuando estábamos en la cama.
Cerró los ojos con fuerza.
—Se ponía violento. Me pegaba… —la voz le tembló—. Yo lo dejaba. Pensé que sería algo puntual, que se le iba a pasar. Pero no. Cada vez iba a más.
Las lágrimas volvieron.
—Después ya solo venía por sexo. Como si necesitara descargarse conmigo. Como si yo fuera… un lugar donde tirar toda la mierda de la semana.
Tuvo que detenerse. Respirar hondo. Esperar a que el temblor bajara lo suficiente como para seguir.
—Yo estaba enamorada, Aline —dijo al fin—. Pensé que iba a cambiar. Que era una etapa… pero cada vez era peor.
Aline tragó saliva. Sintió la rabia subirle despacio, espesa. No dijo nada.
—Los de Noctis me decían que aguantara —continuó Lara—. Que ya faltaba poco. Yo no sabía poco para qué… Yo quería dejarlo, dejar de verlo… pero no sabía cómo. Y no podía decirle nada a Riven.
Su mano bajó, casi sin darse cuenta, al abdomen.
—Y entonces… empecé a sentirme mal. Fui al médico. Y me dijeron que estaba embarazada.
La palabra quedó flotando entre las dos.
—Me asusté mucho. Tenía ya varios meses, aunque apenas se notaba. Se lo conté a Darel una noche que vino.
Bajó la voz.
—Ni siquiera me escuchó al principio. Apenas entró ya se estaba quitando la ropa… quería que yo hiciera lo mismo. Cuando se lo dije… —tragó saliva— me miró como si fuera basura. Como si le diera asco.
Un sollozo.
—Me dio una bofetada. Se vistió y se fue. Fue tan fuerte que… —cerró los ojos— sentí el gusto a sangre en la boca.
Aline apretó los dientes.