Factor Zero 20 #2
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20 #2

Permaneció un momento en silencio, intentando recuperar el control. Apretó los labios, pero el temblor seguía allí.

—Riven me llamó —empezó al fin, con la voz quebrada y la mirada clavada en el suelo—. Me dijo que no fuera a casa. Que lo estaban siguiendo. Que te buscara.

Aline la observó con atención.

—Eso fue anoche. Yo estaba en una consulta por el bebé. Me dijo que me deshiciera del terminal.

Tragó saliva.

—Le hice caso. Lo tiré después de copiar tu contacto. Intenté comunicarme desde un terminal público, pero no pude. Y luego… en el metro… en las pantallas…

La voz volvió a romperse.

—Vi lo del ataque. Lo de la base Anti-Zero.

Se llevó una mano a la boca.

—Volví a intentarlo con Riven, pero su línea seguía muerta.. Entonces llamé a una amiga.

Las lágrimas regresaron.

—Me dijo que en el bloque están pasando un video. Un video de cómo lo matan. Ella no lo vio… pero lo están mostrando. Y dicen que me están buscando a mí también.

Marina abrió los ojos, horrorizada.

Aline permaneció en silencio.

—Llamé a la policía —continuó Lara—. Les dije lo que pude. Pero no fui a declarar. Tengo miedo. No sé si fueron a la casa. No confío en nadie… salvo en ti.

Se llevó una mano al pecho.

—Escuché en las noticias que habían traído a los Anti-Zero al Hospital Militar Atria… y vine. Pregunté por Aline Voss. Dije que era amiga. Y me quedé esperando.

Alzó la vista.

—Tengo miedo de salir a la calle. Sé que me van a encontrar. Los conozco. Sé quiénes son. Sé cosas.

Negó con la cabeza.

—Pero no tengo pruebas. Nadie me va a creer.

—Nosotros sí.

La voz llegó desde la otra camilla.

Las tres giraron al mismo tiempo.

Joren estaba despierto.

Tenía el rostro pálido y cansado, pero los ojos estaban completamente lúcidos.

Había escuchado toda la conversación.

Marina reaccionó al instante. Fue hasta él y lo abrazó con cuidado. Joren le devolvió el abrazo antes de buscar a Aline con la mirada.

—Damond tuvo que haber sido hackeado —dijo—. No hay otra explicación.

Aline no apartó los ojos de él.

—Si lograron forzarlo a hacer todo eso, alguien tuvo que manipular su computador neural. Los modelos que usamos no permiten un control directo. No así.

Frunció el ceño.

—Eso encaja con el dolor de cabeza. Con el rechazo. Algo no estaba funcionando como debía.

Guardó silencio un instante.

—Puede que esa mujer con la que estaba saliendo tenga algo que ver.

Lara bajó la mirada y se encorvó sobre sí misma, como si intentara desaparecer.

—Por favor… —suplicó casi sin voz—. No me manden con la policía. No me obliguen a irme. No tengo a nadie.

La mano descendió de forma inconsciente hasta su vientre.

—Perdí a Riven…

Su voz apenas fue un susurro.

—Lo único que tengo es esto. Mi bebé.

La puerta se abrió en ese momento.

Un médico apareció en el umbral y se detuvo al ver la escena.

Observó unos segundos antes de hablar.

—¿Está todo bien?

Lara se cubrió el rostro de inmediato y asintió sin mirarlo.

—Sí —respondió Marina, adelantándose—. Vamos a salir un momento.

La tomó del brazo con suavidad.

—Ven. Vamos a tomar un poco de aire, ¿sí?

Lara asintió sin fuerzas y se dejó guiar hacia la salida.

El médico las siguió con la mirada mientras se alejaban. Algo en la escena, la muchacha embarazada temblando, el modo en que se cubría el rostro, le tensó un instante la expresión. Abrió la boca, como si fuera a preguntar. Pero no lo hizo.

Cuando la puerta se cerró tras ellas, volvió a girarse hacia las camillas.

Revisó primero a Joren y luego a Aline, con la misma precisión automática de antes, como si concentrarse en los datos le ahorrara tener que hablar de lo demás.

—Todo sigue estable —dijo finalmente—. Han tenido suerte… dentro de lo que cabe.

Aline no respondió.

Seguía mirando la puerta por la que Lara acababa de salir.

Y cuanto más pensaba en lo que había contado, más difícil le resultaba ignorar la sensación de que aquello era solo el principio.

Era casi de noche cuando la puerta de la habitación volvió a abrirse.

Akemi Sato entró sin apuro, con la misma frialdad de siempre. Traje impecable, cabello recogido, mirada firme. Ni una sola emoción en el rostro.

Aline y Joren ya estaban incorporados en sus camillas. Los regeneradores habían hecho su trabajo. El cansancio seguía ahí, pero el cuerpo respondía. El alta era cuestión de horas.

Habían pasado la tarde hablando. Mucho. De los hackers. De Damond. De Lara. De las piezas que no encajaban y de las que encajaban demasiado bien.

Lara seguía afuera con Marina. Aline ya le había ofrecido quedarse en su casa por el momento. No era seguro que estuviera sola.

Habían acordado no llamar a la policía. Al menos no todavía.

Antes necesitaban entender qué había pasado con Riven. Con Damond. Con todo.

Akemi Sato los saludó con un leve gesto de cabeza.

—Teniente Voss. Especialista Malek.

No hubo cordialidad. Solo protocolo.

Sato los observó un instante, comprobando que estaban en condiciones de escuchar.

—Encontramos el Revenant de su unidad. Estaba a quince kilómetros de Centinela 9, en un parque público.

Aline y Joren intercambiaron una mirada.

—Las cámaras registraron a Irek Damond abandonando el Revenant con el exoesqueleto activo —continuó—. Usó gravitones y se perdió de vista. Las unidades lo siguieron durante varios kilómetros mediante trazado visual. Ni el GPS de la armadura ni el implante estaban operativos.

Hizo una pausa mínima.

—Fue localizado más tarde en la azotea del edificio Torres Halcyon.

La siguiente frase cayó como un bloque de plomo.

—Se había volado la cabeza con su propio fusil. Destrucción total de implantes y tejido cerebral. No hubo posibilidad de recuperación.

El golpe fue seco.

Aline apretó la mandíbula. El aire se le quedó atrapado un instante antes de obligarse a expulsarlo.

Joren bajó la mirada, tensando los dedos sobre el borde de la camilla.

Ninguno dijo nada.

El silencio se volvió absoluto.

Sato proyectó una silla holográfica y tomó asiento.

—Tenemos reportes de cortes de seguridad en Centinela 9 desde poco antes del incidente. Redes bloqueadas, accesos caídos, múltiples intrusiones en bases de datos.

Activó una serie de gráficos flotantes.

—Un hackeo completo. De alto nivel. Muy por encima del ataque que sufrió usted hace dos semanas, teniente.

Los cerró con un gesto.

—El nivel de alarma pasa a Código Negro. Se activan las medidas más extremas para preservar la seguridad de la compañía. Primero: necesito sus informes completos sobre el incidente.

Levantó un dedo.

—Segundo: el uso de sus implantes neurales queda revocado hasta nueva orden. Ambos quedan bajo revisión y sumario interno.

Aline abrió la boca.

—Silencio.

Sato no alzó la voz. No hizo falta.

—Lo que comunico es irrevocable. Orden directa del presidente Atami.

Los miró a los dos.

—Agradezcan que pude interceder para suspender, por el momento, la extracción total de sus implantes. Esa orden sigue vigente, pero queda en pausa.

Desplegó nuevas anotaciones.

—Al finalizar esta reunión, personal técnico procederá a la desactivación parcial. Durante el período de sumario percibirán el cincuenta por ciento de sus sueldos. Mantendrán sus residencias actuales de forma provisional.

Hizo una pausa.

—Tienen prohibido salir de la ciudad. Prohibido acercarse a propiedad corporativa no autorizada. Estarán bajo vigilancia constante y deberán prestar declaración cuando se les requiera.

Otra pausa.

—Cualquier intento de interferir con la investigación será considerado obstrucción corporativa. Las sanciones incluyen rescisión de contrato, pérdida de beneficios médicos y congelamiento de activos.

Sato no se detuvo hasta enumerar cada cláusula, cada penalización y cada restricción.

Cuando terminó, el silencio volvió a instalarse en la habitación.

—Ahora —dijo al fin—. Sus informes.

Aline asintió.

Relató todo con precisión, sin intentar suavizar nada.

Empezó por la alerta de la IA que había instalado para supervisar a Nyx-17 durante el turno.

Describió cómo encontró a Damond dentro del camarote de la zero, manipulando un compartimiento oculto tras un panel de mantenimiento, y cómo la situación se volvió hostil en cuanto él abrió fuego.

Continuó con el intercambio de disparos en el pasillo, la herida que recibió en el brazo y la llegada de Joren. Después habló de Nyx-17: de su reacción cuando los chips dejaron de controlarla, de la confusión, del miedo y de la aparente comprensión de lo que estaba ocurriendo.

Relató la apertura del portal, la exposición momentánea a lo que parecía ser un reactor industrial y la muerte instantánea de la zero.

Luego explicó la huida de Damond hacia el hangar, la imposibilidad de acceder a los sistemas de seguridad de la base, el robo del Revenant y el posterior bombardeo contra Centinela 9.

Terminó describiendo el colapso parcial de la estructura, las heridas sufridas durante la evacuación improvisada y el momento en que perdió el conocimiento antes de despertar en el hospital.

Sato no la interrumpió una sola vez.

Cuando terminó, guardó silencio unos segundos. Luego giró la cabeza hacia Joren.

—Especialista Malek.

Joren asintió.

Su informe fue más técnico. Describió la caída simultánea de las comunicaciones internas, los bloqueos de acceso y la imposibilidad de activar protocolos de emergencia.

Explicó cómo los sistemas de Centinela 9 habían quedado aislados en cuestión de segundos y cómo los intentos de recuperación habían sido rechazados por capas de seguridad que no pertenecían a la configuración habitual de la base.

Continuó con Nyx-17. La liberación de los chips.

Su estado de desorientación extrema. La ausencia de conductas agresivas antes del incidente.

También mencionó los indicios que apuntaban a una intrusión externa sobre Damond: el deterioro progresivo durante los días previos, los dolores de cabeza persistentes, el comportamiento errático y la imposibilidad de explicar sus acciones mediante un fallo convencional de implantes.