19 #2
—Tras manifestar mi desacuerdo y reafirmar la corrección táctica de la retirada —continuó Nyx-17, imperturbable—, recibí el primer golpe en el ojo. El segundo impacto, en la nariz, ocurrió inmediatamente después.
Aline dio un paso hacia adelante.
—¿Ocurrió algo más durante la semana? —preguntó.
La voz le salió tensa.
—¿Algún otro incidente?
Nyx-17 asintió.
—Sí, teniente.
Enumeró sin emoción:
—En tres ocasiones fui objeto de insultos verbales por parte de personal de Némesis 9.
En dos oportunidades fui empujada de forma intencional en pasillos de tránsito.
Y en una ocasión, el cabo Raskin realizó contacto físico no autorizado al tocarme los glúteos mientras se cruzaba conmigo en el corredor de acceso al hangar.
Aline cerró los ojos durante un segundo.
En su implante, los registros de vigilancia comenzaron a alinearse: horarios, cámaras, trayectorias. Todo estaba archivado. Todo acabaría dentro de un informe.
—Son unos hijos de puta —escupió Damond.
Joren soltó un suspiro.
—No te preocupes, Nyx —dijo—. Aline se va a encargar de que esto no vuelva a pasar.
Aline abrió los ojos. La expresión ya no era de enojo. Era algo más frío.
—Te lo aseguro —añadió—. Después de esto, Hale se lo va a pensar dos veces antes de ponerte un dedo encima. Él… y cualquiera de su unidad.
Nyx-17 asintió.
—Gracias, teniente.
El holo-gel ya había terminado su trabajo. La inflamación del ojo había desaparecido casi por completo y la hemorragia nasal se había detenido.
Pero el daño no era únicamente físico.
Y Aline lo sabía.
—Bien —dijo al fin, recuperando el control—. Seguimos con el protocolo.
Miró a Joren.
—Joren, revisa comunicaciones, simulación asistida y registros de actividad interna. Lo habitual. Cualquier anomalía, me avisas.
—Entendido.
Luego giró hacia Damond, que seguía frotándose las sienes.
—Damond, descansa un poco. A ver si se te pasa ese dolor de cabeza. Nyx-17 se hará cargo de las revisiones que te correspondan.
Nyx-17 asintió de inmediato.
—No se preocupe, sargento. Déjemelo a mí. He estado supervisando la base esta semana por protocolo. Todo parece estar en orden.
Aline la observó durante un segundo.
—Gracias, Nyx. Revisa presión interna, sellos de seguridad, redundancias energéticas y sistemas automáticos de respuesta.
—Entendido, teniente.
Damond se dejó caer sobre una camilla, soltando el aire despacio.
Durante la revisión, nada saltó a la vista. Todo funcionaba dentro de los parámetros habituales.
Al mediodía, los cuatro se reunieron en el comedor.
Damond parecía encontrarse mejor. Ya no se masajeaba las sienes con la misma insistencia.
—Los analgésicos hicieron efecto —comentó mientras se estiraba en la silla.
—Aun así —replicó Aline—, cuando termine el turno te sugiero que te pagues un descontaminador. Para sacarte toda esa porquería del cuerpo.
—No es mala idea —admitió—. Es que, mierda, tienen que entenderme… esta precaria es de otro nivel. No me habría metido esas mierdas si no lo mereciera. Apenas siento el cuerpo de la cintura para abajo.
—No hace falta que expliques nada, Damond —lo cortó Aline con sequedad.
Él sonrió, divertido, y se giró hacia Joren. Le dio una palmada en la espalda y se inclinó para murmurarle algo al oído.
—¿Y tú? ¿Qué tal esas caderas?
Joren se puso rojo al instante.
Damond soltó una carcajada.
Aline frunció el ceño.
—Sargento… ¿por qué no comparte la broma en voz alta para que nos riamos todos?
—Teniente —respondió Damond sin dejar de sonreír—, acaba de sonar exactamente igual que una de mis profesoras del instituto. Tranquila. Solo intentaba relajar el ambiente. Le estaba preguntando cómo estaban sus piernas.
—Falso —intervino Nyx-17 sin levantar la vista—. El sargento Damond le preguntó a Joren Malek cómo estaban sus caderas.
Aline se puso roja de inmediato.
La mirada que le dirigió a Damond fue aún peor.
Damond levantó ambas manos en señal de rendición.
—Atrapado —admitió—. Antes de que me arranques la cara de una mordida, Voss, quiero señalar que este tipo de comentarios no son bien vistos entre miembros de la unidad.
Miró a Nyx-17.
—Especialmente si van acompañados de delación automatizada.
—La teniente Aline Voss es nuestra oficial superior —respondió Nyx-17—. Debemos respetar su mando, sus órdenes y no mentirle.
Damond suspiró.
Aline apretó los labios durante un segundo. Luego, de forma visible, dejó a un lado a la teniente Voss y habló simplemente como Aline.
—Las caderas de Joren están perfectamente, sargento —dijo con una media sonrisa afilada—. Sorprendentemente resistentes… sobre todo considerando que suelen terminar aplastadas entre alguien bastante más grande y bastante más fuerte que él.
El silencio duró apenas un latido.
Luego Damond estalló en carcajadas.
—Bien jugado —admitió—. Muy bien jugado.
Joren bajó la mirada, rojo hasta las orejas.
Nyx-17 inclinó levemente la cabeza.
Aline negó despacio mientras exhalaba.
—Coman —ordenó, todavía algo colorada—. Después iremos a entrenar.
La tarde avanzó sin sobresaltos.
Aline tuvo su consulta con el psiquiatra a primera hora.
Fue breve. Comentó el roce constante con Némesis 9, esos intercambios que la irritaban más de lo que quería admitir y la tensión acumulada durante las últimas semanas.
No profundizó. No habló de Joren. Tampoco mencionó aquello que había considerado decir y nunca terminó de poner en palabras.
El profesional tomó nota y repitió las recomendaciones habituales. Le sugirió bajar el ritmo cuando pudiera. Aline asintió, sabiendo perfectamente que no lo haría.
Más tarde retomaron el entrenamiento.
En la sala de simulación, Joren volvió a colocarse el arnés mientras Aline ajustaba parámetros en la consola. No fue una sesión larga, pero sí exigente. Repitieron fragmentos del enfrentamiento contra los zeros, afinando trayectorias, tiempos de reacción y márgenes de error.
Damond los observaba desde un costado. Participó lo justo, aportó algún comentario técnico, pero estaba lejos de encontrarse en su mejor momento.
Se llevaba la mano a la sien de vez en cuando y parpadeaba más de lo normal.
Aline lo registró sin hacer comentarios.
Si al día siguiente seguía igual, pediría apoyo médico sin discutirlo.
La tarde transcurrió entre duchas, una comida tranquila en el comedor y, finalmente, el retiro a los camarotes.
Después de cenar, Joren comentó que iba a revisar los resultados de la IA, buscando patrones nuevos o alguna alerta que se les hubiera escapado. Aline asintió. Por su parte, se sentó frente a su terminal.
El informe la esperaba.
Recopiló todo con paciencia: registros de vigilancia, marcas de tiempo e imágenes.
Había dejado el sistema monitoreando a Nyx-17 durante toda la semana y, después de escuchar su versión, lo que encontró no la sorprendió.
Insultos. Empujones. El manoseo. La secuencia completa del altercado con Hale.
La réplica de Nyx-17. El golpe. El instante exacto en que la sangre de la zero le quemaba la mano al capitán.
Aline fue meticulosa.
Añadió antecedentes: burlas dirigidas hacia su persona, comentarios fuera de lugar e incidentes que había archivado en silencio.
Subrayó el daño innecesario a propiedad corporativa y señaló con claridad que Hale y los miembros implicados debían ser sancionados.
También dejó constancia de que la única integrante de Némesis 9 que no había participado en provocaciones había sido la teniente Rika Morozov.
Cuando terminó, pasaban de las veintidós.
Releyó el informe una última vez, adjuntó los registros visuales y lo envió directamente a su supervisora de recursos humanos, Akemi Sato.
Después cerró el terminal.
Se recostó en la cama y permaneció unos segundos mirando el techo. Pensó en Joren. En lo fácil que sería cruzar el pasillo. O que él cruzara el suyo. En cuánto lo echaba de menos incluso después de haber pasado el fin de semana juntos.
Pero la base estaba bajo vigilancia constante. Cámaras en cada acceso. En cada corredor.
Esa semana tendrían que aguantarse. Mantener las formas. Ser correctos.
Por el bien de ambos.
Aline soltó un suspiro, se giró de costado y cerró los ojos, dejando que el cansancio hiciera finalmente su trabajo.
La habitación estaba sumida en la penumbra.
La figura encapuchada permanecía sentada en una silla de respaldo alto, inmóvil, con una postura relajada solo en apariencia. Frente a él flotaba un terminal holográfico sobre el que se deslizaban capas de datos en silencio.
A unos metros, los dos operadores continuaban trabajando en sus consolas.
Sobre ellos, suspendida en el aire como una ventana abierta, la proyección principal mostraba el punto de vista de Damond.
La imagen se estabilizó cuando la puerta del camarote se cerró tras él.
El interior apareció limpio, neutro, demasiado ordenado.
La cama ocupaba el lateral izquierdo de la habitación y, sobre ella, Nyx-17 dormía inmóvil, cubierta apenas por las mantas.
Su respiración era regular. No mostraba ninguna señal de alerta.
—¿Cómo va el nivel de rechazo? —preguntó el encapuchado sin apartar la vista de la proyección.
Uno de los operadores desplegó una nueva capa de datos.
—Por ahora se mantiene estable —respondió—. Pero los picos aumentan cada vez que tomamos control motor fino. El implante empieza a resistirse.
Revisó varios indicadores antes de continuar.
—A este ritmo tendremos una hora. Quizá algo más.
El encapuchado asintió apenas.
—No perdamos tiempo.
—Ejecutando carga. Voy con NOX-SHARD.
En el punto de vista, Damond avanzó hasta la cama y se detuvo junto a Nyx-17. Extendió una mano hacia el terminal de su muñeca.
El enlace se estableció al instante.
—Conectado a chips neurales —anunció el operador.
Una barra de progreso apareció sobre la imagen.
—Cargando…
Los segundos se estiraron.
—Listo. NOX-SHARD cargado y en espera de ejecución.
—Procede.