17 #3
Sus dedos se cerraron alrededor de la taza por primera vez.
—Gente que terminó suicidándose después de que Red Noctis los agarrara.
Riven suspiró largo.
—Mira… no sé quién manda ahí. Pero si nos ayudas a mi hermana y a mí a salir del distrito, puedo darte información. Lugares. Nombres. Gente que sabe cosas.
Guardó silencio unos segundos antes de añadir:
—Y me estoy arriesgando. En Bloque Lázaro no se juega con ellos. No se los nombra. Tienen ojos y oídos en todas partes.
Aline permaneció en silencio.
Los implantes le devolvían una lectura clara: miedo real, estrés elevado y ninguna señal apreciable de engaño.
La voz de Joren llegó por el implante.
—Estoy buscando datos, pero no encuentro nada sólido.
Aline exhaló despacio y se inclinó hacia adelante, apoyando los antebrazos sobre la mesa.
—Voy a ser clara contigo, Riven. No sé cuánta ayuda puedo darles. Ahora mismo no estoy precisamente en una buena posición dentro de mi unidad.
Él escuchó sin interrumpirla.
—Pero puedo darles créditos. Para alquilar algo. Para comer durante un tiempo.
Hizo una breve pausa.
—No soy Kessler. No puedo mantenerlos.
Riven apretó la mandíbula.
—Moveré algunos contactos —continuó Aline—. Veré si puedo ayudarlos a salir del distrito. O incluso de Metro, si eso es lo que quieren. Pero no puedo prometer más.
Alzó la mirada.
—El bebé, el trabajo, rehacer sus vidas… eso va a depender de ustedes… Si tienes nombres, quiero conocerlos. Y si tienes algo más concreto, también.
Riven esbozó una sonrisa breve, sin humor.
—Te los voy a dar. Eso seguro.
La sostuvo con la mirada.
—Pero no confío en los corpos. Ni en Megatech. Ni en nadie, salvo en mi familia. Ayúdanos… y tendrás la información.
Aline no respondió enseguida.
—Tengo tres nombres —continuó él—. Dos lugares donde suelen moverse. Y un número que los chicos del vecindario usan para contactarlos.
Esperó.
—¿Qué piensas? —preguntó Aline por el implante.
—No miente —respondió Joren—. Y si esto es real, no nos queda otra si queremos avanzar.
Hubo una breve pausa.
—Y "Red Noctis" solo devuelve ruido en la malla. Por ahora no hay nada sólido.
Aline activó su terminal sin decir una palabra.
Un instante después, una transferencia quedó completada.
Mil créditos.
—Por ahora, toma eso.
Riven bajó la vista al terminal.
—Alquila un lugar. Compra comida. Consigue atención médica para tu hermana.
Aline sostuvo su mirada.
—Después hablaremos de lo demás. No tienes que darme nada ahora si no quieres. Pero si esperas algo más de mí, vas a tener que cooperar. Tienes mi número.
Riven observó la cifra en silencio.
Era más dinero del que habría ganado trabajando un mes entero.
—La semana que viene entro en servicio completo —continuó Aline—. Cuando termine turno tendré algo de tiempo para mover esto.
El chico levantó la vista, inquieto.
—¿Vas a mandar a los corporativos?
—¿Por qué lo preguntas?
—Porque si vuelven a Bloque Lázaro, Red Noctis nos va a buscar. Y si nos encuentran…
—No.
Aline lo cortó antes de que terminara.
El tono no admitía discusión.
—No puedo entregarle esto a Megatech y esperar que lo resuelva.
Se acomodó en la silla.
—Reforzaron la seguridad de nuestros implantes. Pero no hicieron nada más. Para ellos, Kessler ya es un caso cerrado. Investigar cuesta dinero, y no les compensa.
Riven la escuchó sin apartar la vista.
—Voy a moverme por mi cuenta. Después decidiré qué hacer.
Hizo una breve pausa.
—Y para entonces ustedes ya estarán lejos.
Alzó la mirada.
—Si doy algún paso, no podrán rastrearlos.
Riven dudó unos segundos.
—¿Puedes conseguirnos identidades nuevas?
Aline negó despacio.
—No lo sé. Ese tipo de cosas no son precisamente mi especialidad.
Pensó un instante.
—Dependerá de lo que me entregues… y de cuán peligroso resulte ser todo esto.
Hizo una pausa.
—Y de si realmente conecta con Kessler.
El silencio volvió a instalarse entre ambos. Los cafés seguían intactos sobre la mesa.
Aline sostuvo la mirada de Riven sin suavizar el gesto.
—Esto es lo que puedo ofrecer ahora. Sin promesas.
Riven bajó la vista hacia el terminal.
Los créditos seguían allí.
Pesaban.
Cerró la mano alrededor del dispositivo.
Los aceptó.
—No esperaba esto —admitió—. Pensé que me mandarías a la mierda… o que dirías que no era tu problema.
—Lo es —respondió Aline.
Su voz fue tranquila.
—Aunque no debería.
Riven apretó los labios.
—Lara…
La palabra salió cargada de cansancio.
—Tiene miedo todo el tiempo. No duerme. Cualquier ruido la hace saltar de la cama.
Alzó la vista.
—Si te estoy contando todo esto es porque no tengo otra salida.
Aline asintió.
—Lo sé.
Riven apagó el cigarrillo en el cenicero y manipuló varios archivos en su terminal.
Un instante después los datos llegaron al implante de Aline.
Ella empezó a revisarlos.
—Los nombres no son importantes por sí solos —explicó él—. Son intermediarios. Reclutadores. Mensajeros.
Se inclinó ligeramente hacia adelante.
—Pero uno de los lugares…
Bajó la voz.
—Hay un nodo de mantenimiento abandonado cerca de los túneles de carga. No aparece en los mapas públicos. A veces se reúnen ahí.
Hizo una pausa.
—No siempre. Pero lo suficiente.
Aline no lo interrumpió.
—El número tampoco es directo —continuó—. Es un filtro. Un bot que deriva mensajes. Pero en el bloque lo usan mucho. Si alguien quiere "arreglar" algo… suele empezar por ahí.
Volvió a recostarse, agotado.
—Eso es todo por ahora. Si no te sirve… lo entiendo.
La voz de Joren volvió a sonar en el implante.
—Es poco, pero no es nada.
Aline tomó aire.
—Está bien.
Lo miró fijamente.
—Haz esto: hoy mismo váyanse de donde estén. No vuelvan a Bloque Lázaro. Ni siquiera para recoger cosas.
Su tono se endureció.
—Si alguien pregunta, no me conocen. Nunca nos vimos.
Riven asintió sin vacilar.
—Eso ya lo tenía claro.
—Y es mejor que no volvamos a reunirnos en persona —continuó Aline—. Con todo el escándalo, cualquiera puede reconocerme.
Señaló los datos que acababa de recibir.
—Cuando tengas los nombres y direcciones bien confirmados, me los envías por el canal que te voy a indicar. Nada de llamadas.
Hizo una breve pausa.
—Y si notas algo raro… cualquier cosa… me avisas. Aunque sea solo para decirme que tienes miedo.
Riven tragó saliva.
—Gracias.
La palabra sonó sincera.
—No solo por los créditos.
Aline se puso de pie.
—Cuida a tu hermana. Eso es lo primero.
Riven también se levantó.
Dudó apenas un instante.
—Nos vamos hoy. Y voy a cumplir.
Aline asintió una última vez y se dio media vuelta.
Mientras se alejaba de la mesa, abrió su canal privado.
—Joren.
—Aquí estoy.
—Mantente sobre el chico.
Hubo una pausa mínima.
—Ya estoy dentro. Terminal intervenido. Posición en tiempo real. Veremos qué hace y con quién habla.
—Bien.
—Y… Aline.
—¿Sí?
—Hiciste lo correcto.
Ella no respondió.
Se ajustó la capucha al salir a la calle y se perdió entre la gente, con la incómoda sensación de haber abierto una puerta que quizá nunca debió tocar.