13
El impacto contra el suelo fue una frenada brutal, controlada al límite.
Los gravitones del exoesqueleto de Aline se activaron en cascada, invirtiendo vectores una fracción de segundo antes del contacto. El mundo se comprimió en una presión insoportable… y luego cedió.
Aline cayó de pie, con una rodilla flexionada y una mano apoyada sobre el hormigón resquebrajado del andén.
Damond aterrizó a su izquierda con un estruendo metálico, deslizándose varios metros antes de estabilizarse. Chispas saltaron de sus botas cuando los proyectores terminaron de disipar la energía acumulada.
Joren llegó apenas un instante después.
Más torpe.
Los gravitones corrigieron tarde. El exoesqueleto reaccionó en emergencia y terminó cayendo sobre una rodilla. El impacto le recorrió la columna como un latigazo.
Gruñó… pero se puso en pie de inmediato.
—Estoy bien —dijo por el enlace antes de que alguien preguntara.
La estación estaba a oscuras.
Andenes largos y abandonados, columnas de hormigón carcomidas, carteles rotos colgando de cables oxidados. El techo, parcialmente derrumbado, dejaba pasar haces irregulares de luz contaminada desde la ciudad superior. Charcos de agua estancada reflejaban neones lejanos y distorsionados.
Algo se movía más adelante.
—Contactos visuales —informó Joren—. Tres objetivos.
Los HUD de las armaduras se ajustaron al instante. Sensores térmicos, lectura de radiación y análisis de movimiento.
Tres figuras marcadas en rojo.
Jóvenes.
Demasiado jóvenes.
La que iba al frente se movía como si el suelo no existiera bajo sus pies.
Cabellera corta y platinada. Pantalones de cuero negro ajustados. Una chaqueta roja abierta agitándose con cada desplazamiento. De su cadera emergía una cola larga y flexible que corregía el equilibrio en pleno movimiento.
Flotaba a centímetros del suelo.
—La del frente usa manipulación gravitatoria —informó Joren—. Confirmado. Zero de gravedad.
A su costado corría un chico rubio, con mechones teñidos de un tono más oscuro. Implantes decorativos en el rostro. Un brazo completamente reemplazado por una prótesis cromada. Chaqueta ligera, botas caras.
La tercera figura era una chica mutante con alteraciones genéticas evidentes: pupilas alargadas, placas dérmicas brillantes en cuello y hombros, piernas modificadas que le daban zancadas largas.
—Intentan escapar —informó Nyx-17, flotando a un metro del suelo junto a ellos—. Iniciando análisis de salto.
Los tres giraron la cabeza al mismo tiempo.
Pánico puro.
—Intento de teletransporte detectado —continuó Nyx-17—. Bloqueados.
Damond ajustó el fusil contra el hombro y esbozó una sonrisa torcida.
—Perfecto.
Aline levantó el arma.
—Modo aguja.
El fusil cambió de configuración con un chasquido seco. Aline apuntó sin detenerse, resolviendo trayectoria, velocidad y dispersión en una sola línea de pensamiento.
Disparó.
La aguja de adimarium cruzó el espacio con un silbido inaudible y se clavó en la espalda de la tercera chica.
La mutante gritó al caer, rodando sobre el suelo mientras el neutralizador de factor zero se inyectaba al instante.
—Uno fuera —confirmó Aline.
—Portal —ordenó Damond.
Nyx-17 abrió un vórtice justo delante del grupo.
—Érebo 9, informe de situación —sonó la voz de la central.
—En combate —anunció Aline.
El portal se abrió con un pliegue violento que deformó la luz de la estación.
El chico del brazo metálico se había detenido para auxiliar a su compañera caída. La chica platinada frenó en seco al ver el vórtice abrirse frente a ella. Sus ojos se clavaron en las siluetas blindadas del otro lado, armas en alto.
Damond cambió al modo aguja y disparó casi sin apuntar.
La chica se movió.
Fue un desplazamiento antinatural, como si el espacio se hubiera deslizado bajo sus pies. La aguja atravesó el aire donde había estado un instante antes.
Damond resopló.
Aline no perdió el ritmo. Giró el fusil y disparó contra el chico rezagado. La aguja impactó de lleno y se clavó en su costado.
El muchacho gritó y cayó de rodillas mientras el neutralizador hacía efecto.
Sin interrumpir el movimiento, Aline reajustó el arma y abrió fuego contra la chica platinada, coordinando ángulos con Damond a través del implante.
Al mismo tiempo, ambos impulsaron los gravitones y atravesaron el portal.
El mundo se plegó y volvió a desplegarse en un parpadeo.
Joren ya estaba en posición.
Su fusil cambió a red holográfica y disparó.
La malla energética se expandió guiada por sensores de autoapuntado, atrapando a los dos cuerpos que habían quedado juntos. La red se cerró con fuerza y liberó una descarga paralizante.
Los cuerpos se arquearon antes de desplomarse.
—Dos zeros neutralizados —informó Joren—. Adolescentes, vestidos de civil. Por patrones, posible afiliación a Gaia.
El HUD marcaba radiación residual en ambos cuerpos inmovilizados.
Pero había algo más.
Una distorsión.
La tercera señal, la de la chica de cabellera platinada, no se comportaba como las demás. El campo gravitatorio a su alrededor fluctuaba de forma irregular, como si el espacio se negara a fijarla.
Aline y Damond siguieron disparando, pero las agujas llegaban siempre un instante tarde.
La chica giró sobre sí misma y extendió una mano.
El aire se hundió.
La gravedad alrededor de ellos se multiplicó de golpe.
Fue un impacto brutal, como si varias toneladas invisibles cayeran al mismo tiempo sobre sus cuerpos.
Las armaduras entraron en alerta.
Sobrecarga gravitatoria, advirtió el sistema. Activando compensación.
Los proyectores gravitónicos de los exoesqueletos se encendieron al máximo para contrarrestar la fuerza, pero aun así moverse era como arrastrarse bajo una losa.
Damond forzó un paso y luego otro. Los servomotores protestaron bajo el esfuerzo.
—Mierda… esta no es una cría cualquiera.
Aline apretó los dientes, obligando a la armadura a responder mientras empujaba contra aquel núcleo de presión invisible.
Cada movimiento costaba.
Cada paso parecía arrancado a la fuerza.
—Evadiendo —anunció Nyx-17.
El mundo volvió a plegarse.
En un parpadeo, Nyx-17 apareció junto a ellos y los arrancó del campo gravitatorio. Reaparecieron justo detrás de la chica.
La zero de gravedad se giró al instante, alarmada.
La cola se tensó al sentirlos a su espalda.
Por primera vez pareció perder la calma.
Sus ojos recorrieron a los tres Anti-Zero… y se detuvieron en Joren.
Solo un instante.
Fue suficiente.
La gravedad colapsó sobre él.
Joren no llegó a reaccionar del todo.
La variación de fuerzas le atravesó el cuerpo como un golpe seco, apenas amortiguado por la armadura.
El mundo pareció doblarse.
El aire desapareció de sus pulmones.
Las alarmas inundaron el visor mientras los compensadores intentaban responder a una carga que cambiaba demasiado rápido.
Aquella chica no estaba actuando como los otros dos.
No corría.
No reaccionaba por pánico.
Estaba pensando.
Y acababa de elegirlo como objetivo.
—¡Joren! —gritó Aline por el enlace.
—Sigo operativo —respondió él, forzando la respiración—. Pero esa chica pega fuerte.
—Enviando apoyo —anunció la central.
La chica platinada los observó un segundo más.
Evaluó.
Clavó un pie en el suelo.
Y la gravedad se invirtió.
Fue un vuelco completo del vector. El pavimento dejó de ser suelo y pasó a comportarse como un techo que rechazaba todo lo que tocaba.
Aline vio el gesto y reaccionó al instante.
—¡Ahora!
Damond y ella cambiaron a fuego Anti-Zero al mismo tiempo. Los cañones se reconfiguraron con un zumbido grave.
—Táctica Yunque Abierto —ordenó Aline.
Joren asintió mientras cambiaba su fusil a modo aguja, esperando una ventana limpia.
El impulso los arrancó del suelo.
Aline, Damond, fragmentos de hormigón, vigas oxidadas… incluso los dos zeros atrapados en la red fueron lanzados en una gravedad negativa inestable, girando como muñecos rotos.
La chica platinada se impulsó directamente hacia ellos.
Aline corrigió trayectoria en pleno aire, disparando microexplosiones gravitatorias desde los proyectores del exoesqueleto. Damond hizo lo mismo, estabilizándose apenas lo suficiente para abrir fuego en ráfagas.
Los disparos iluminaron la estación.
La zero esquivó.
Pero no se apartaba realmente. Deslizaba el cuerpo entre los vectores, torciendo la gravedad local cada vez que una trayectoria estaba a punto de alcanzarla. Caía hacia arriba, luego hacia un costado, luego avanzaba otra vez.
—Nyx-17, apoyo a Joren —ordenó Aline al ver que él no lograba estabilizarse.
Joren giraba fuera de eje. El impulso lo había sacado completamente de control.
Nyx-17 abrió un portal a su lado y lo arrancó del campo gravitatorio antes de que se estrellara contra una columna.
La chica platinada extendió ambos brazos.
La gravedad se concentró en un único punto.
Un arco aplastante cayó sobre Aline y Damond como una bóveda invisible.
Las armaduras Anti-Zero chillaron mientras compensaban fuerzas.
Ambos se apartaron a la fuerza, disparando mientras caían y ascendían al mismo tiempo.
Y aun así ella seguía esquivando.
Demasiado bien.
Damond apretó los dientes.
—¿Quién carajos es esta chica? Nyx-17, neutraliza.
—Negativo —respondió la zero—. Prioridad: extracción y estabilización de Joren Malek.
Joren reapareció varios metros más allá. Logró estabilizarse lo justo para disparar dos agujas desde el aire.
Falló ambas.
Entonces el suelo tembló.
Fue como si algo despertara debajo de la estación.
El metal se abrió.
De él emergió una figura femenina, erguida y silenciosa.
Su cuerpo estaba recubierto de madera. Placas de corteza superpuestas formaban una especie de armadura natural. La cabellera, completamente verde, caía en mechones que parecían lianas. Sus pies brotaban del suelo como raíces.
Joren intentó fijarla con los sensores.
—¡Nuevo contacto! Zero de tierra detectado.
El HUD trató de marcarla.
Nada.
Radiación no emitida, informó la IA. Patrón Gaia confirmado.
—¡Esme! —gritó la platinada sin dejar de moverse.
El suelo volvió a deformarse.
De debajo de la zero de madera emergió un brazo colosal, formado por metal arrancado de la estación, doblado y compactado como si fuera arcilla.
El golpe fue instantáneo.