Factor Zero 12 #2
42%

12 #2

Esa forma de hablar, tan rígida, seguía incomodándola más de lo que quería admitir.

Se concentró en su desayuno y abrió las noticias. Metro. Numen. Avances lentos. Cifras que ya no sorprendían a nadie.

Cuando llegó la alerta de uso del baño, se levantó junto a Nyx-17 y ambas se dirigieron a las duchas.

Kessler había establecido aquel horario estricto: hombres primero, mujeres después. Una decisión práctica, según él, para no perder operatividad. Aline nunca la había modificado. Sabía que Helm no había tenido esas restricciones, pero tampoco era una prioridad.

Ducharse junto a Nyx-17 resultó extraño.

La zero seguía cada paso con precisión, sin distracciones ni gestos innecesarios. Terminó rápido y salió a cumplir sus tareas.

Antes de entrar se habían cruzado con Joren y Damond en el pasillo, y Aline había aprovechado para pedirle a Joren que coordinara el trabajo de la zero durante el día.

El resto de la jornada transcurrió sin sobresaltos.

El entrenamiento avanzó. Joren mejoró, paso a paso.

Damond no lo dijo en voz alta, pero se le notaba conforme.

Por la tarde, Aline encontró un momento para sentarse con Joren en el comedor. Hablaron de cosas simples. Comentarios técnicos. Anécdotas menores. Tonterías sin importancia.

A ella le bastaba.

Damond apareció durante un rato, hizo algún comentario y volvió a marcharse, dejándolos solos.

Esos momentos la hacían sentirse mejor.

Cada noche redactaba su informe y, poco a poco, los impulsos que la habían atormentado en su departamento empezaron a perder fuerza. No desaparecían, pero ya no dominaban cada pensamiento.

Pasó un día. Luego otro.

El viernes llegó acompañado de una nueva sesión con su psicólogo. Fue correcta. Le habló de la semana, de que se sentía más estable. No mencionó las noches ni aquella necesidad de contacto que seguía apareciendo de vez en cuando.

No se atrevió.

El sábado fue especialmente bueno.

El entrenamiento salió fluido. El ambiente era agradable. Aline dejó la tarde libre y aprovecharon para almorzar con calma, conversar y relajarse un poco. Incluso integró a Nyx-17 en la mesa.

La zero hablaba poco. Pero escuchaba.

Damond estuvo incómodo al principio, aunque no tardó demasiado en volver a ser él mismo.

Finalmente llegó el domingo.

El último día.

El momento de dejar la base lista para el relevo y entrar, por fin, en la semana de descanso.

Entre los cuatro dejaron la base impecable.

No fue una limpieza superficial, sino una revisión completa de sistemas, armamento, simuladores, cámaras y registros. Aline se aseguró de que Hale no tuviera ni el más mínimo resquicio que pudiera utilizar en su contra.

Cada protocolo.

Cada registro.

Cada sello de mantenimiento.

Todo quedó en orden.

Antes de terminar, volvió a comprobar, por tercera vez, los protocolos de vigilancia y resguardo asignados a Nyx-17.

La encontró en el hangar, terminando de limpiar la cabina del Revenant. Los paneles negros relucían bajo la luz artificial.

—Nyx —dijo Aline al acercarse.

La zero se giró al instante.

—¿Sí, teniente Voss?

—Tengo una orden para ti.

Nyx-17 quedó inmóvil, atenta.

—Mañana por la mañana llega nuestro relevo. Durante una semana vas a operar con esa unidad.

Hizo una breve pausa.

—Son muy distintos a nosotros.

La zero no reaccionó.

—Si se presenta cualquier abuso hacia tu persona —continuó Aline—, cualquier violación de las normas de seguridad o de conducta del Código Operativo Anti-Zero o del Manual de Integración de Activos Zero, me lo informas. De inmediato.

Nyx-17 la observó en silencio.

—Sé que no tienes autorización para emitir mensajes ni los medios para hacerlo —añadió Aline—. Entonces lo harás en cuanto yo vuelva el lunes y retome el turno. ¿Quedó claro?

—Quedó claro, teniente Voss.

—Y te prohíbo terminantemente mencionar esta orden a cualquier miembro de Némesis 9 —agregó—. Bajo mi estricta responsabilidad.

Aline tragó saliva antes de continuar.

—No pienso permitir que nadie se meta contigo, Nyx.

—Afirmativo, teniente Voss. ¿Alguna otra directiva?

Aline la sostuvo un segundo más de lo necesario, como si esperara algo diferente.

Una duda.

Una reacción.

Cualquier cosa.

No hubo nada.

—No —dijo al final—. Nada más.

Desvió la mirada hacia la cabina del Revenant, brillante bajo las luces del hangar, preguntándose por qué aquella conversación le había dejado una sensación tan incómoda en el pecho.

—Déjalo. Está bien así. Ve a descansar.

—Recibido, teniente Voss.

Nyx-17 salió del hangar con paso preciso y silencioso.

Aline regresó al interior de la base.

Una semana tranquila.

Eso era lo normal.

A veces pasaban meses enteros sin una sola alarma.

Aun así, hizo una última ronda completa, revisando cada sector como si fuera ella quien iba a recibir el relevo. Sabía exactamente qué miraría Hale… y también qué pasaría por alto.

Al llegar al comedor encontró a Damond charlando con Joren. Ambos tenían café delante. Cuando se cruzó con la mirada de Joren, Aline no pudo evitar dedicarle una sonrisa. Se dio cuenta demasiado tarde de que estaba sonrojándose: Damond ya la observaba de reojo.

—¿Te sientas un rato con nosotros, Voss? —preguntó el sargento, bajando la vista hacia su taza.

El cigarro ya iba por más de la mitad.

Aline se sirvió café y tomó asiento.

—Por fin te estás terminando esa cosa —comentó, señalando el cigarro.

Damond sonrió.

—Cuesta más de lo que parece fumar esta mierda. Poco más de dos semanas.

Tosió levemente.

—Me tiene la garganta hecha polvo.

—¿Y por qué fuma eso, sargento? —preguntó Joren.

—Regalo de una de mis precarias —respondió Damond—. Una especial. Ya lo vas a entender.

Miró a Aline de reojo y sonrió con malicia.

Aline sintió el calor subirle al rostro. Joren también la miró durante un instante, aunque no dijo nada.

—Cuando te…

Damond no llegó a terminar la frase.

La alarma Anti-Zero estalló en toda la base.

ALERTA ZERO DETECTADA. DISTRITO KORYU.

Las luces de emergencia se activaron al instante.

Koryu.

Zona baja.

Periferia.

Un sector saturado de bares, pasajes estrechos y estructuras envejecidas, con cámaras destruidas y visibilidad mínima. Un lugar perfecto para desaparecer…

—Mierda —soltó Damond, poniéndose de pie de golpe.

—Todos al hangar. ¡Ya! —ordenó Aline.

No hubo más palabras.

Los tres salieron a la carrera. Las tazas quedaron atrás, el café olvidado sobre la mesa, mientras la alarma seguía golpeando los pasillos de Centinela 9.

Las luces rojas bañaban los corredores.