11 #4
Aline exigió a Joren el doble, sin saber muy bien por qué.
Lo empujó a acelerar, a equivocarse, a caer y levantarse una y otra vez.
Lo obligó a forzar los gravitones hasta el límite.
Saltos mal calculados. Rebotes tardíos. Descensos controlados repetidos hasta el agotamiento, sin darle apenas respiro entre un ejercicio y el siguiente.
Nyx-17 fue integrada de inmediato. Al principio, Aline la utilizó como apoyo táctico, abriendo portales para obligar a Joren a reposicionarse constantemente, a pensar más rápido y a no acomodarse.
Más tarde cambió el entorno y convirtió a la zero en una oponente.
No para derrotarlo, sino para mantenerlo bajo presión continua y obligarlo a reaccionar mientras acumulaba cansancio.
Damond permaneció en silencio durante toda la sesión.
Ejecutó órdenes. Observó. Nada más.
Cuando el entrenamiento terminó, Joren estaba exhausto. Respiraba con dificultad y tenía el traje empapado de sudor. Con ese ritmo no había sentido progreso alguno.
Solo cansancio.
Nyx-17 tampoco mostró señales visibles de agotamiento. Sus chips no se lo permitían. Aun así, incluso dentro de la simulación, su pecho subía y bajaba con un ritmo acelerado.
—Estás flojo —dijo Aline—. Necesitas más horas. Muchas más.
Joren asintió.
No discutió. No intentó justificarse.
Simplemente se desconectó y salió en dirección a las duchas.
Aline dio la orden a Nyx-17 de retirarse, alimentarse y continuar con la rutina asignada.
La zero obedeció sin una palabra.
Damond se quedó en la sala de simulación, fingiendo revisar parámetros que ya estaban correctos.
Esperó.
Aline permaneció inmóvil unos segundos después de que los otros se marcharan. La espalda recta. El rostro inexpresivo.
La Aline de antes.
Damond lo notó enseguida.
—¿Puedo ser franco con usted, teniente? —preguntó.
No la tuteó.
Sabía que, cuando Aline se ponía así, era lo correcto.
—Por supuesto, sargento —respondió ella sin darse vuelta.
Damond la observó un instante más de la cuenta antes de hablar. Luego soltó el aire.
—Bien. Entonces voy a decirlo sin rodeos. ¿Qué carajos le pasa, teniente?
Aline se giró despacio y le sostuvo la mirada.
—Ahí está —continuó Damond—. Esa mirada. La mirada de la teniente Voss. ¿Está de regreso?
Ella parpadeó apenas.
—Si las cosas van a volver a ser como antes, prefiero saberlo ahora —siguió él—. Porque desde que llegó esa zero parece que la vieja teniente volvió a instalarse en la base.
Aline no respondió.
—¿Qué fue esa sesión de entrenamiento? —insistió—. Se supone que estamos formando al chico, no triturándolo. No estamos en la escuela. No era estrés controlado. No le dio un solo consejo. Solo lo empujó hasta romperlo.
Hizo una pausa.
—Y eso no tuvo nada que ver con lo que hizo ayer.
La miró fijamente.
—Así que se lo pregunto otra vez. ¿Qué carajos le pasa?
Aline tragó saliva.
No lo había visto así. No hasta escucharlo en voz alta.
Pensó en la zero. Pensó en Joren. Pensó en aquella punzada incómoda que le había atravesado el pecho durante el entrenamiento.
Damond bajó ligeramente el tono.
—Voss… —empezó. Luego corrigió—. Aline.
Ella no se movió.
—Sé que tiene la cabeza hecha un desastre —continuó—. Ha pasado por una mierda tras otra. Pero aun así… como unidad mejoramos. Desde el bar. Desde lo de Kessler.
La miró con seriedad.
—Y voy a decirle algo que quizá no quiera escuchar. Me gusta la Aline que hemos tenido estos días. La que aflojó un poco. La que confía.
Guardó silencio un instante.
—Pero verla así otra vez… fría, distante… me hace pensar que la vieja Aline Voss era una mierda. Y que la nueva es la que necesitamos.
Aline cerró los ojos apenas.
—Joren no se merece que lo trate así —añadió Damond—. No sé qué le pasa exactamente, pero yo daría un paso atrás. Pensaría un poco. Evaluaría las cosas.
Se encogió de hombros.
—A mí también me molesta la zero. Me incomoda. Pero solo porque es un zero. Nada más. Puedo convivir con eso.
Volvió a mirarla de frente.
—La pregunta es si a usted le molesta solo por eso… o por algo más.
Aline seguía observando un punto perdido de la sala.
—Y si necesita ayuda —concluyó Damond—, recuerde que puede contar conmigo.
Esperó una respuesta.
Un reproche. Una orden.
No llegó nada.
—Siento haber dicho todo esto, teniente —añadió al final—. Si cree que merezco una sanción, lo entenderé. ¿Me autoriza a retirarme?
Aline asintió sin mirarlo.
Damond dio unos pasos hacia la salida, pero se detuvo al pasar junto a ella.
Dudó un instante.
Luego apoyó una mano en su hombro.
La notó rígida. Demasiado rígida.
—Estamos contigo, Aline —dijo en voz baja—. No somos el enemigo.
Y se fue.
Aline se quedó sola en la sala.
—Detecto un aumento brusco de carga emocional —informó la IA—. Frustración y conflicto interno. ¿Deseas regular parámetros?
Aline apretó los dientes.
No respondió de inmediato.
Pensó en el entrenamiento. En Joren. En Nyx-17. En aquella reacción que no había sabido explicar.
Dos lágrimas le rodaron por las mejillas. Una por cada ojo.
Se maldijo en silencio.
—No —dijo al fin—. Mantener parámetros.
—Confirmado.
Aline permaneció allí, respirando hondo, obligándose a pensar.
Obligándose a admitir que algo dentro de ella se había desordenado.
Y que todavía no tenía idea de cómo volver a ponerlo en su lugar.