Factor Zero 11 #3
38%

11 #3

—En mi antigua unidad, hace un par de años, pasó algo jodido. Había varios zeros. Uno de ellos era una chica. Bonita. Como esta.

Aline tragó saliva.

—Mis compañeros se desquitaban con ella. Golpes "accidentales". Comida en mal estado. Burlas.

Inspiró hondo.

—Pero uno fue más lejos. Un especialista. Un imbécil de mierda. Le gustó esa zero. De noche manipulaba sus parámetros y se la llevaba a su habitación. Ya sabes para qué.

La imagen del clon cruzó la mente de Aline como un latigazo incómodo.

—Nadie se enteró hasta después —continuó Damond—. Le apareció un cáncer galopante por radiación. Sobre todo… ahí abajo. Saltó la investigación. Se armó un escándalo. La unidad cayó. El capitán también.

Hizo una pausa breve.

—A ese hijo de puta le fue peor. Lo echaron. Megatech no cubrió el seguro. Murió poco después.

Volvió a mirar a la darken.

—El punto es que con nosotros no va a pasar nada. Pero un zero no descansa. Sirve hasta que a Megatech le da la gana. Y no sé cómo la va a pasar con esos hijos de puta de Némesis 9 cuando no estemos aquí.

Frunció el ceño.

—No digo que vaya a ocurrir exactamente lo mismo… pero se van a desquitar. Seguro.

Aline entrecerró los ojos. Miró a la zero. Luego a Joren, concentrado en las calibraciones.

—No —dijo al fin—. No va a pasar.

Damond la miró.

—Voy a vigilarla —continuó ella—. Revisaré los chips cada vez que volvamos. Los parámetros también. Lo mínimo fuera de lugar, lo reporto. Y, si hace falta, escalo el informe.

Damond sostuvo su mirada durante unos segundos. Después soltó el aire.

—Hubiera preferido seguir siendo solo nosotros tres —murmuró—. Sin un puto zero. Sin otro problema más.

Aline no respondió.

La darken seguía allí, inmóvil, esperando órdenes.

—Ya casi está —anunció Joren—. La sincronización va limpia.

—Y bueno —gruñó Damond—, ¿cuál es su puto nombre operativo?

Aline parpadeó, saliendo de sus pensamientos.

—Nyx-17. Ese es el identificador asignado.

Damond asintió apenas.

—Bien. Al menos ya sabemos cómo llamarla.

Miró a Joren.

—¿Y cómo la vas a calibrar? ¿Modo zombi o parámetros completos? ¿Vamos a poder hablar con ella o es solo una cosa que obedece y ya?

Aline dudó.

No sabía qué era lo correcto.

Había entrenado con zeros en simuladores. En la escuela de oficiales eran blancos, amenazas y herramientas. Pero esto era distinto. Esta unidad no era una fuerza de choque. Era una unidad táctica. Y ahora tendría un zero bajo su mando directo.

—No lo sé —admitió—. Nunca he tenido uno asignado.

Hizo una pausa.

—¿Qué recomiendas?

Damond se cruzó de brazos.

—No sé bien cómo funcionan estos bichos, teniente. Ya te dije que me ponen nervioso.

Se encogió de hombros.

—Por mí, que se quede encerrada en su habitación hasta que suenen las alarmas. Que nos lleve donde tenga que llevarnos y listo. Cuanto menos la vea, mejor.

Joren levantó la vista.

—No creo que sea la mejor opción.

Aline notó la cercanía entre él y la zero. No le gustó que eso la distrajera.

—Tengo bastante conocimiento teórico sobre ellos —continuó Joren—. Aunque cueste aceptarlo, siguen siendo tan humanos como nosotros. Los chips los regulan por completo. Todo. Hasta cuándo parpadean.

Hizo un gesto mínimo.

—Son pasajeros atrapados en cuerpos que ya no controlan.

La darken no reaccionó.

—Por protocolo no pueden tener voluntad propia —añadió—. Muchos terminan enloqueciendo con el tiempo. Por eso existe el programa de simulación asistida.

Miró a Aline.

—Si queremos asignarle tareas, lo lógico es activarlo. Podrá moverse, interactuar y reportar. No será ella… será la IA del programa. Pero será útil.

Damond bufó.

Aline permaneció en silencio unos segundos. Miró a Nyx-17. Luego a Joren.

—Sí —dijo al final—. Me parece adecuado. Prefiero eso a tenerla encerrada.

Había leído los informes. Sabía perfectamente lo que implicaba ese nivel de control. Pero lo que acababa de contar Damond añadía otra capa al asunto.

La imagen se le impuso de golpe: alguien atrapado dentro de su propio cuerpo. Incapaz de resistirse. Incapaz de decir que no.

La historia del especialista volvió a su cabeza.

Era peor. Mucho peor que lo suyo.

Y aun así… era un zero.

Aline apretó la mandíbula.

No podía permitirse compasión. Sabía lo que los zeros hacían cuando estaban libres. Las muertes. La devastación. Numen.

—Bien —dijo al fin—. Cuando termines la integración, Joren, seguimos con el entrenamiento.

Miró a la darken.

—Nyx-17 también será integrada. Quiero que aprenda cómo trabajamos.

Damond la miró de reojo, pero no dijo nada.

—La usaré como apoyo —continuó Aline—. Transporte, reposicionamiento y evacuación. Quiero que nos ayude a mantenernos con vida.

Joren asintió.

—Entendido.

Aline dio media vuelta. Se obligó a dejar de mirar a la zero. A dejar de pensar más de la cuenta.

Y salió del hangar con paso firme.

El entrenamiento de la tarde fue mucho más duro.