9 #2
—Sí —dijo él—. Duerme con un ojo abierto, teniente. Yo pienso hacer lo mismo.
Miró a Joren, asintió y le envió algo por el implante que consiguió que se sonrojara al instante.
El Revenant despegó poco después y desapareció entre las luces de la ciudad.
Aline permaneció inmóvil unos segundos.
En su visor aparecieron los datos del nuevo alojamiento.
TORRE KAGAYAKI
PISO 197 — DEPARTAMENTO 187-B
Un departamento vacío. Mobiliario básico. Nada más.
Tendría que comprar ropa, equipo, comida. Empezar de nuevo.
Miró a Joren.
Él le devolvió la mirada con una sonrisa tímida.
—El nivel de seguridad aquí es mucho más alto que en el bloque anterior —dijo—. Torre de lujo. Blindaje completo, monitoreo constante y redundancia de sistemas.
Dudó un instante antes de continuar.
—¿Te molesta si te acompaño a echar un vistazo?
Aline arqueó apenas una ceja.
—No. Claro que no. Vamos.
Y juntos entraron en la torre.
El ascensor era otra cosa. Cristal ahumado, iluminación integrada y superficies sin una sola marca. El suelo absorbía el sonido de los pasos. El sistema reconoció sus implantes y cerró las puertas en silencio.
Comenzaron a descender.
—Espero que no me cobren más por esto —dijo Aline, observando su reflejo difuso en el cristal—. No puedo permitirme mucho más alquiler.
—No te preocupes —respondió Joren—. Seguro es temporal.
Hizo una breve pausa antes de continuar.
—Cuando todo esto se aclare, te reasignarán. Aquí no solo no te van a encontrar. Tampoco podrán acceder a cámaras ni sistemas. Y si lo intentan… —esbozó una sonrisa seca— Megatech sí que se va a poner seria.
El ascensor siguió bajando, estable y silencioso.
—La actualización ya se está instalando —añadió—. Seguramente te asignen una nueva casilla y ajustes en tu identidad de red para cortar cualquier posible rastreo.
Aline asintió. No le molestaba. Fuera de la unidad apenas tenía contactos. Solo el hermano de la genetic felinian. Ya le escribiría más tarde, cuando estuviera un poco más tranquila.
Las puertas se abrieron.
El pasillo era amplio y limpio, con una alfombra oscura recorriéndolo de extremo a extremo y líneas de luz empotradas en las paredes.
Se detuvieron frente a la puerta.
El marco metálico reforzado incorporaba un lector biométrico discreto. Aline apoyó la palma y el sistema reconoció de inmediato huellas, retina y patrón neural. Un tono suave confirmó el acceso.
La puerta se abrió.
El interior era claramente superior a su departamento anterior, aunque sin llegar a resultar ostentoso. Dos habitaciones amplias, una sala de estar integrada con la cocina, superficies impecables, electrodomésticos nuevos y un baño moderno de líneas sobrias.
Pero lo mejor estaba al fondo.
Un ventanal enorme dominaba toda la pared principal.
Ciudad Metro se desplegaba ante ellos en capas de luces, tráfico aéreo y torres que se perdían en la distancia.
Joren soltó un silbido sincero.
Aline avanzó unos pasos, recorriendo el lugar con los ojos bien abiertos, como si todavía no terminara de creerse aquello. Joren no pudo evitar fijarse en ella. Era asombro genuino, algo que jamás había visto en el rostro endurecido de la teniente Voss.
Al menos eso era algo bueno en medio del desastre en que se había convertido la semana.
Una semana que debía haber sido de descanso y que no había dado tregua en ningún momento.
Le quedaban apenas tres días antes de volver al servicio.
Pensó en la cita.
En esa palabra que él nunca había llegado a pronunciar, pero que Aline sí. Y que jamás habían tenido oportunidad de concretar.
¿Tendría el valor de volver a invitarla?
No.
Con todo lo que había pasado y con el estado en el que ella se encontraba, sería un imbécil si lo intentaba ahora.
Esta vez debía esperar de verdad.
Aline terminó de recorrer el departamento y acabó frente al ventanal, observando el entramado de luces y tránsito muy por debajo.
—Lamento que arruinaran nuestra cita —dijo sin girarse.
Joren sintió cómo se le tensaba la espalda.
Justo estaba pensando en eso.
Durante un segundo absurdo llegó a preguntarse si había dejado algún canal abierto, como si ella hubiera podido escuchar sus pensamientos.
Cita.
Lo había dicho otra vez.
¿De verdad lo veía así?
Él se había refugiado en la idea de llamarlo una salida, algo parecido al bar. Algo informal.
Pero ambos sabían que no era eso.
—No importa —respondió, tragando saliva.
Y, maldiciéndose porque apenas unos segundos antes se había prometido no hacerlo, añadió:
—Si quieres… podemos pedir algo de comer. Ver una película. Aprovechar que…
Aline se giró hacia él.
Joren no supo interpretar aquella mirada. El pulso se le aceleró de inmediato.
Idiota. Eres un idiota. ¿Cómo se te ocurre proponerle eso ahora?
Recordó los reguladores emocionales.
Solo limitan los picos. No anulan el criterio.
Estaba convencido de que ella pensaba exactamente lo mismo.
Pero Aline sonrió.
Apenas un poco. Un gesto cansado, sincero.
Y asintió.
—Claro. Me parece buena idea. No tengo… no tengo ganas de quedarme sola.
A Joren el corazón le dio un vuelco tan fuerte que casi le cortó la respiración. Su IA lanzó una advertencia inmediata y la bloqueó antes de que llegara más lejos.
Por suerte.
Aline era su oficial superior. Ese tipo de alertas no debían terminar en su registro.
—Bien… —respondió, intentando sonar normal—. Yo me encargo.
Activó el terminal y pidió comida a través del sistema del edificio. Algo sencillo: ramen sintético, arroz especiado, brochetas de proteína vegetal y bebidas calientes.
Mientras esperaban, puso una película al azar. Lo bastante ligera como para no exigir demasiada atención.
Aline aprovechó para recorrer el departamento con más calma, abriendo armarios vacíos, comprobando espacios y tocando superficies.
—Me daría un baño si tuviera ropa —comentó desde el pasillo—. Voy a encargar algo.
Joren asintió. Ella ya estaba realizando el pedido.
La comida llegó pocos minutos después.
Un compartimiento junto a la cocina se abrió y un dron interno dejó las bandejas selladas. Joren las recogió y proyectó una mesa holográfica frente al sofá.
Terminaron sentados uno junto al otro, dejando entre ambos una distancia prudente.
Joren fue colocando la comida sobre la superficie luminosa del holograma.
—No sabía muy bien qué pedir —dijo—. Pensé que algo así serviría para ver una película.
Aline tomó una de las bandejas, la abrió despacio y asintió.
—Está bien. Gracias.
La película siguió avanzando casi ignorada.
Comieron en silencio, con la mirada perdida en la pantalla. Ninguno habría sido capaz de explicar después de qué trataba exactamente.
Entonces volvió a sonar la alerta de entregas.
Joren dio un pequeño respingo.
Aline se levantó, fue hasta el compartimiento de recepción y recogió un paquete compacto y sellado.
La ropa que acababa de comprar.
Lo dejó sobre una silla y regresó al sofá.
—Me bañaré luego —dijo—. Ahora mismo no tengo ganas de moverme.
Se acomodó un poco mejor, cruzó las manos sobre el regazo y soltó un suspiro largo.
—Siento no estar muy conversativa, Joren. Tengo la cabeza hecha un revuelo. Con todo lo que pasó… no sé ni de qué hablar.
Se quedó mirando la pantalla, aunque siguió hablando.
—No dejo de pensar en los videos. En la gente que los está mirando. Me muero de vergüenza… y de rabia. Cuando Megatech dijo que me apoyaba, que se iba a encargar de borrarlos, no tienes idea del alivio que sentí.
Giró apenas la cabeza hacia él.
—También tengo que darte las gracias. Otra vez. Por estar ahí para mí. Por haber llegado temprano. Por evitar que me desarmara del todo. Por salvarme.
Joren tragó saliva.
Sí, había llegado temprano. Mucho más temprano de lo razonable. Pero no sabía qué responder si ella le preguntaba por qué.
Pensó en su relación anterior. En lo mal que había terminado. En lo difícil que había sido volver a confiar en alguien, volver a abrirse. Recordó a aquella mujer posesiva y celosa que lo había dejado vacío.
Luego pensó en Aline.
En lo distinta que era.
En cómo, sin darse cuenta, le había tomado cariño incluso antes de que todo se rompiera.
Se aclaró la garganta.
—Tengo unos programas de seguridad —empezó, dudando un momento—. Los diseñé yo.
Aline giró la cabeza hacia él.
—Los llevo instalados en mi propio hardware. No están al nivel de Megatech, claro, pero ayudan. Detectan intrusiones, anomalías, intentos de acceso… Me han salvado más de una vez.
Volvió a tragar saliva antes de continuar.
—Si quieres… si te hace sentir más segura… puedo calibrarlos e instalarlos en tu sistema. Te darían una capa extra de protección.
Aline lo observó en silencio.
Aquella mirada otra vez. Evaluando.
Joren sintió cómo se le tensaban los hombros. Pensó que estaba siendo un idiota. Que no era momento para ponerse técnico. Recordó cómo su ex lo miraba con fastidio cada vez que empezaba a hablar de esas cosas.
Pero Aline terminó respondiendo.
—¿En serio? ¿Eso no violaría los parámetros de seguridad de la corporación?
Joren se encogió ligeramente de hombros.
—Técnicamente no deberíamos hacerlo. Pero sigue siendo una capa adicional. Megatech no se ha enterado hasta ahora… y me ha funcionado.
Se quedó callado, esperando.
Aline siguió observándolo unos segundos más antes de asentir.
—Si puede mejorar mi seguridad y crees que no va a causarme problemas… hazlo.
Joren abrió los ojos como platos.
—¿De verdad?
La pregunta se le escapó antes de poder detenerla.
Aline arqueó apenas una ceja y sonrió, divertida por su reacción.
—¿No hablabas en serio?
—Sí. Sí, claro que hablaba en serio.
—Entonces te estoy dando permiso.
Joren asintió, todavía sorprendido, mientras el pulso volvía a acelerársele.
—Bueno… para hacerlo necesito acceso a tu computador neural. Tendré que revisarlo a fondo. Vamos a tener que conectarnos mediante un enlace cableado.
Sonó mucho más nervioso de lo que le habría gustado.
Aline lo calmó con una sonrisa leve.
—Joren, confío en ti. Me salvaste. Si no hubiera sido por ti, todavía estaría atrapada. No sé si me habrían dejado salir de la central… ni si habría terminado como Kessler.
Hizo una breve pausa.