Factor Zero 4 #3
15%

4 #3

El sabor se le quedó pegado al paladar.

—Tengo el punto —dijo Malek de pronto.

Aline levantó la cabeza.

El trazado apareció en el campo visual de los tres.

Uno de los bloques. El más cercano al estacionamiento.

Tercer piso. Ala oeste. Apartamento 3-W-17.

—Fue directo ahí —continuó Malek—. Desde que bajó del coche hasta que regresó pasaron unos veinticinco minutos. Diez, quizá doce, en el trayecto. El resto lo pasó dentro del departamento.

Aline apretó la mandíbula.

—Bien. Vamos a llamar a esa puerta y averiguar con quién estuvo hablando nuestro capitán… antes de volarse la cabeza.

Dejó la hamburguesa y dio un trago largo a la bebida para sacarse el sabor grasiento. El azúcar le golpeó la lengua.

—Advertencia —susurró la IA—. Ingesta elevada de azúcares simples. No recomendado…

—Cállate.

Se puso de pie.

Damond ya iba por la mitad de la hamburguesa.

Malek miró su plato, acabando de descubrir que tenía comida delante.

—Vamos —dijo Aline.

—Al menos déjame terminar esto —protestó Damond con la boca llena.

Aline ya caminaba.

Malek la siguió sin decir palabra.

Damond maldijo, dio una última mordida brutal, agarró el vaso y fue tras ellos, bebiendo mientras avanzaba.

Cruzaron la calle y entraron al complejo.

No había seguridad ni cámaras visibles. Solo una entrada amplia y oscura, con las paredes cubiertas de grafitis superpuestos. Capas de firmas, amenazas y símbolos sin sentido. El suelo estaba sucio, pegajoso. Olía a humedad y basura vieja.

La gente los miraba. Con desconfianza. Con cálculo.

Siguieron avanzando sin detenerse. Pasaron por pasillos estrechos, luces parpadeantes, voces tras puertas cerradas. Música filtrándose por paredes delgadas. Risas. Gritos.

Llegaron al bloque indicado y subieron por una escalera metálica que crujía bajo su peso.

Tercer piso.

Un corredor largo y angosto, iluminado apenas por un fluorescente moribundo. Puertas de distintos colores, todas maltrechas. Algunas reforzadas con placas improvisadas.

Se detuvieron frente a una en particular.

La 3-W-17.

La pintura estaba saltada, el marco torcido y el lector de acceso llevaba años muerto.

Damond dio una última calada y aplastó el cigarro contra la pared antes de guardarlo.

—Bueno. Ya estamos aquí.

Aline se plantó frente a la puerta y llamó una vez. Luego otra. Y una tercera.

Desde dentro llegó una voz seca.

—¿Quién es?

Aline miró de reojo a Damond. Dudó apenas. No era momento de chapas ni rangos.

—Aline Voss. Amiga de Darel Kessler.

Silencio. Espeso.

Después llegaron unas pisadas. Algo arrastrándose por el suelo.

La puerta se abrió de golpe.

Un genetic felinian de unos veinticinco años apareció en el umbral. Atlético, cabellera rubia corta, orejas marrones tensas hacia atrás y la cola rígida. Llevaba ropa sencilla y gastada. En las manos sostenía un bate metálico alzado con clara intención.

Detrás de él, en la sala mal iluminada, Aline alcanzó a ver a una mujer.

Otra genetic felinian. Rasgos similares. Ojos verdes.

Uno amoratado casi por completo.

Moretones recientes en el rostro.

Y un vientre redondeado imposible de ignorar.

Cinco meses, calculó Aline.

El chico dio un paso al frente con el bate en alto.

Entonces levantó la vista.

Vio a Aline. La mole de músculos. La postura firme. La calma peligrosa.

El gesto se le congeló.

Miró a Damond, sólido como una pared.

Luego a Malek.

Volvió a Aline y retrocedió un paso.

—¿Qué carajos quieren? —escupió—. Ya le dije a ese hijo de puta que no pusiera un solo pie más aquí.

—Tranquilo —dijo Aline, levantando apenas las manos—. No sabemos qué pasó entre ustedes y Kessler. Solo queremos hablar.

—¿Hablar? —La voz se le quebró de rabia—. ¿Hablar de qué? ¿Después de que le diera una paliza a mi hermana quieren hablar?

Aline giró la cabeza hacia la mujer.

La IA se activó.

—Análisis médico preliminar. Embarazo estimado en veintiuna semanas. Traumatismos faciales recientes. Al menos cuatro impactos distintos. Contusiones adicionales en costillas y brazo izquierdo. No compatibles con una caída accidental.

La mujer apartó la mirada.

Las lágrimas empezaron a caerle en silencio.

Damond dio un paso al frente.

En un movimiento rápido y preciso le arrebató el bate al chico. El felinian reaccionó con reflejos felinos, saltando hacia atrás y agazapándose, pero ya estaba desarmado.

Damond sostuvo el bate un instante y lo dejó caer al suelo con desprecio.

—Mira, imbécil. No vinimos a hacerte nada. Pero baja un cambio o te meto esto por el culo.

El chico respiraba agitado.

—Darel Kessler se voló la cabeza esta mañana… —continuó Damond—. Y estamos aquí porque lo hizo poco después de largarse de este agujero. Solo queremos saber qué carajos pasó.

El mundo pareció detenerse.

Los ojos del genetic felinian se abrieron de par en par.

—¿…qué?

La mujer soltó un sollozo ahogado. Se cubrió el rostro y rompió a llorar de verdad, el cuerpo encorvándose sobre sí mismo.

Aline sintió un nudo en el estómago.

Paliza. Embarazo. Kessler. Suicidio.

Y supo, con una certeza fría y pesada, que aquello no era una explicación.

Era otra grieta. Otra maldita pregunta.