Factor Zero 3 #3
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—Claro que no —respondió Damond—. ¿Pasó algo mientras te llevaba a casa?

Malek se tomó unos segundos para pensarlo.

—No. Me quedé dormido apenas me senté en el coche. Recuerdo que puso mi dirección en el GPS porque había tomado y no quería conducir. Me despertó cuando llegamos, me ayudó a entrar y nada más. Me desplomé en el sofá y me quedé dormido. La llamada de Recursos Humanos me despertó al mediodía.

Las imágenes volvieron a la mente de Aline.

Malek dormido. Ella en la cama con el clon. Kessler apretando el gatillo.

—El capitán Kessler no pudo hacerse esto —dijo Malek con una convicción incómoda—. No estaba deprimido. No había señales. Fue él quien nos sostuvo anoche. Sonaba sincero.

Damond dio otra calada al cigarro.

—Quizá discutió con su mujer —aventuró—. A veces basta una mala noche.

No sonó convencido.

—No me lo trago —replicó Malek al instante.

Aline tampoco.

—Voy a revisar el coche. El GPS, los registros del terminal, cualquier cosa que haya quedado. A ver si mi IA encuentra algo. Quizá pasó por algún otro sitio antes de volver a casa.

Aline asintió.

Quiso acompañarlo, pero algo la detuvo. Por una razón que no quería analizar, Malek le recordó al clon. A la noche anterior. Al error que seguía pesándole en el estómago.

Se sintió sucia. Fuera de lugar.

Así que se quedó con Damond.

Pasó un buen rato antes de que alguno volviera a hablar.

—¿Y ahora qué vamos a hacer, Voss? —preguntó el sargento al fin—. ¿Te ves capaz de dirigir la unidad?

Aline tardó unos segundos en responder.

—Me preparé para esto, sargento. No voy a mentirle. Estoy nerviosa. No sé si voy a estar a la altura de Kessler, pero voy a hacer todo lo posible.

Damond asintió lentamente.

—Bien. Porque esos hijos de puta no van a mandarnos a nadie y, siendo tres, esto va a ser complicado. Pero te apoyo, Voss. Leí tus informes. Lo del centro comercial, Kanzenji y todos esos trabajos donde acabamos cubiertos de mierda hasta el cuello.

Hizo un gesto vago con la mano.

—Voy a ayudarte en todo lo que pueda. Cuenta conmigo. Como dijo el capitán: nada de caparazones. Vamos a salir adelante. Y, si puede ser, más unidos que antes.

—Gracias, sargento.

No mucho después, Malek regresó.

Para entonces, las unidades médicas ya habían llegado y sacaban el cuerpo en una camilla cubierta. La esposa de Kessler perdió el control apenas la vio. Tuvieron que sujetarla entre varios agentes para impedir que se lanzara sobre él.

Por suerte, los niños no estaban allí.

Varios vecinos observaban desde ventanas y balcones.

—Tengo el trayecto del GPS —dijo Malek.

Su expresión era grave.

—Y no solo me llevó a mí a casa.

Proyectó los datos y el mapa apareció en los implantes de Aline y Damond.

—Antes pasó por otro sitio. Distrito Perimetral Hécate. Calles Ravel y Sótano Tres. Bloque Lázaro. Un complejo de departamentos.

Señaló el punto marcado.

—También encontré indicios de acceso al terminal del coche. Son muy leves, casi invisibles. Mi IA los detectó. La policía los pasó por alto o decidió no investigarlos.

Damond observó las imágenes satelitales.

—Qué lugar de mierda.

—Sí —dijo Malek—. Y no parece un sitio donde Kessler tuviera nada que hacer.

Aline mantuvo la vista fija en el punto marcado.

—No sé qué fue a hacer allí, pero vamos a averiguarlo. ¿Tienen tiempo para revisar esas coordenadas?

Damond soltó una breve carcajada sin humor.

—¿En serio preguntas eso? Claro que sí. Pero tendremos que ir de civil. Si aparecemos con uniforme en un sitio así, todo el barrio sabrá que estamos allí antes de que bajemos del metro.

Aline asintió.

—Ya envié la información a la policía —añadió Malek, cruzándose de brazos—. Cuenten conmigo.

—Bien —dijo Aline—. Vayan a sus casas, cámbiense y nos vemos en la estación de metro de Perimetral Hécate dentro de dos horas. Lleven lo necesario.

Damond asintió con firmeza.

—A la orden, teniente.

No estaban de servicio. Al menos no oficialmente.

Pero lo que hicieran a partir de ese momento lo harían como unidad.

—Y no olviden los escudos ni las armas —añadió Damond, mirando a Malek mientras apagaba el cigarro entre los dedos antes de guardarlo y alejarse.

Malek observó cómo se marchaba, claramente molesto por el comentario.

—Gracias, Joren —dijo Aline.

Él se giró hacia ella.

Los ojos azules de la teniente se clavaron en los suyos.

—Has hecho un buen trabajo. No sé si esto tendrá relación con lo que pasó, pero al menos sabremos si hubo algo que empujara a Kessler a tomar esa decisión.

—No tiene que agradecer nada, teniente. Somos una unidad y a mí también me molesta esto.

Hizo una pausa antes de negar levemente con la cabeza.

—Kessler no pudo haberse matado así, sin motivo. Y ese acceso al terminal del coche… no me gusta. Me da mala espina.

—Lo averiguaremos. Sea lo que sea.

Malek asintió.

—Eso espero.

Aline sostuvo su mirada un instante.

—Y si hay algo detrás de esto, lo encontraremos.

Malek asintió de nuevo y se marchó.

Aline permaneció sola unos segundos más, observando la casa.

El aire todavía olía a pérdida.

—No sé qué carajos fue a hacer allí, capitán —murmuró—. Pero voy a averiguarlo.