Extraños en el tiempo Un legado otorgado
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Un legado otorgado

UN LEGADO OTORGADO

— O s ha dejado a ambos el Bastión de los Libros —dijo el hombre con el severo traje marrón y el bigote retorcido mientras miraba los documentos mecanografiados.

Sentados en el despacho, Molly y Charlie miraron sin expresión al abogado de Ignatius Oliver, mientras este repasaba el contenido de la última voluntad y testamento del hombre.

Molly se movió, inquieta.

—¿Sí?

—Sí, a partes iguales. Cuando seáis mayores de edad, se escriturará a vuestro nombre. También está el pago de un seguro de vida que tenía. Será suficiente para mantener la tienda en marcha y ayudar con vuestros gastos.

—¿Cuándo hizo todo eso? —preguntó Molly.

—El día después de Boxing Day [1] . Vino a verme y me dijo lo que quería. Me dijo que no quería que ninguno de vosotros temiera quedarse sin hogar.

—Eso fue muy amable por su parte —dijo ella, mientras un lloroso Charlie asentía.

—Fue muy triste, lo que ocurrió —repuso el abogado, con seriedad—. Dicen que estaba a menos de un minuto del refugio. Las casualidades de la vida son bastante… extrañas.

—Sí, sí, lo son —asintió Molly.

Después cerró los ojos e intentó forzar a su mente a apagarse porque sencillamente no podía procesar haber perdido a su amigo para siempre.

Charlie solo miraba la máquina de escribir Crown.

El funeral se celebró en privado. El comandante Bryant estuvo allí, como algunos otros hombres del gobierno.

Algunos colegas libreros y un par de amigos de Oxford también asistieron, como lo hizo el hermano mayor de Oliver, Francis, que se parecía a su hermano menor aunque no tenía su espíritu amable y empático.

No obstante, les dijo que quería mucho a su hermano y que este le había escrito hablándole de ellos, y les aseguró que, si alguna vez necesitaban algo, los ayudaría en lo que pudiera.

Les estrechó la mano, miró el ataúd de su hermano y después regresó a su casa en Glasgow.

El comandante Bryant habló con Molly después.

—Quería que supieras que, aunque no podemos aprobar lo que tu padre hizo, los tres soldados a los que mató eran hombres horribles. Habían estado involucrados en robos y otras agresiones tanto a hombres como a mujeres, y estaban a punto de presentarse ante un tribunal militar.

—¿Y aun así la policía no hizo nada?

—Han rodado cabezas, Molly, desde el policía que estaba de servicio hasta el mismo Scotland Yard.

—Entonces algo bueno ha salido de esto —dijo.

Bryant miró de soslayo el ataúd.

—Es una pérdida terrible, tanto personalmente como para el país. Fue vigilante antiaéreo cuando debería haber estado haciendo cosas más importantes. Podría haberse hecho un nombre, te lo aseguro. En su campo, teníamos a muy pocos.

—¿Y qué campo era ese, exactamente? —le preguntó. Él la miró con frialdad y ella añadió—: Ya, no puede contármelo.

—Lo siento.

—Entonces, ¿por qué no trabajó en esas otras cosas? —le preguntó.

—Habría tenido que separarse de Imogen. No podía hacer eso.

—Debía quererla mucho, si renunció a sus sueños por ella.

—¿Sabes? Eran la pareja más extraña de todo Oxford. Ella era fuego y furia, con ideas que rompían todas las normas sociales. E Ignatius era tranquilo y callado y…

—Los opuestos a veces se atraen —señaló Molly.

—Totalmente.

—Él siempre hablaba bien de ella. Y le perdonó muchas cosas —afirmó. Bryant tosió y miró a los demás—. No se preocupe, no revelaré ningún secreto, comandante. Solo desearía que el señor Oliver se hubiera dado cuenta de que él también era muy especial.

—Sí, bueno. Pero no era de esos que piensan demasiado en sí mismos.

—No obstante, su memoria se mantendrá viva a través de nosotros.

—Eres realmente madura para tu edad, Molly.

—Y muy afortunada, porque conocí a Ignatius Oliver.

Después del entierro, Molly y Charlie se sentaron en el despacho, delante de un pequeño fuego con el que calentarse.

—¿Cuándo nos vamos a Yorkshire? —le preguntó él.

Se había organizado todo para que se mudaran a Yorskhire y vivieran con los Tinsdale en un previsible futuro.

—La semana que viene, en tren. Está todo confirmado.

—¿Estás segura de que también quieren que vaya yo? —le preguntó Charlie.

—Están muy seguros. Y si tú no vas, yo tampoco.

Él miró el fuego.

—Es muy raro estar aquí sin él.

—Siempre será raro, supongo. Este era su lugar, en realidad. No puedes imaginarte a uno sin el otro.

—Era un buen tío.

—Ojalá le hubiera dicho algo —dijo Molly.

—¿Qué?

—Él siempre hablaba de lo brillante que era Imogen, de que era mucho más lista que él, de cómo lo superaba en todo, en realidad.

Y aunque hablamos un poco de esa costumbre suya, me gustaría haberle dicho mucho más a menudo que él también era extraordinario.

—Miró a Charlie con sinceridad—. ¿Tú qué crees?

—Consiguió que pareciera que trabajaba pa los jerries cuando en realidad trabajaba pa nosotros.

Eso es muy fuerte. Era un tipo realmente valiente, en to lo que hacía, lo de la vigilancia antiaérea y lo demás.

Quiero decir, que supongo que Imogen fue valiente al tirarse de ese acantilado.

Yo nunca habría podido hacerlo. Pero… Pero creo que era más valiente quedarse aquí, intentando hacer lo correcto. Como hizo el señor Oliver.

—Creo que has sido mucho más elocuente de lo que yo podría haberlo sido, Charlie.

—Además, él sabía lo que pensabas de él, Molly. Claro que lo sabía. Nos queríamos mucho. Eso era lo único que nos mantenía en pie. No teníamos a nadie más.

Ella suspiró y miró la máquina de escribir Crown con la página en blanco.

—Entonces, ¿volveremos aquí cuando seamos mayores?

—Sí —dijo Molly—. Este es nuestro hogar, Charlie.