La reversión de todo
LA REVERSIÓN DE TODO
E l Humber Snipe gris de cuatro puertas avanzaba despacio por las calles oscuras y vacías con Cedric al volante. A su lado estaba Oliver. En el asiento trasero, un hombre alto de hombros anchos vestido de oscuro apuntaba a Molly y a Charlie con una Luger.
Cedric los miró a través del espejo.
—Esto no me gusta nada, Ignatius. Tengo hijos.
—¿Crees que a mí me hace feliz? —replicó Oliver—. Les había tomado bastante cariño.
—Pero esto ha sido culpa tuya. Tú los metiste en tu casa. Y ahora lo han oído todo. Eso no nos deja elección, ¿lo entiendes?
—Lo entiendo demasiado bien —contestó Oliver en voz baja.
—Señor Oliver… —comenzó Molly, con tono de súplica.
Él levantó una mano para que se callara. Miró a Cedric.
—El siguiente giro a la izquierda. Hay árboles, es tranquilo y el río se curva en el ángulo adecuado para nuestro propósito. La corriente es muy rápida allí, y pasarán Southend-on-Sea en muy poco tiempo.
Molly comenzó a llorar en silencio mientras Charlie miraba a Oliver con incredulidad.
Oliver le dio a Cedric más indicaciones, y este detuvo el Snipe en un pequeño claro a las afueras de Londres donde podía oírse claramente el torrente de agua.
Todos bajaron y Oliver miró a Cedric.
—Olvida lo de la orilla del río. Podemos hacerlo aquí.
El hombre de la Luger miró primero a Molly y después a Charlie.
—No os dolerá. Será como dormir, pequeños.
—Vete al infierno. —Esto no lo dijo Charlie, sino Molly, y no se lo dijo al hombre que estaba a punto de matarlos, sino a Ignatius Oliver.
Un impasible Oliver le dijo a Cedric:
—Aquí, en este claro.
Habían caminado apenas unos pasos más cuando los golpearon los haces de intensa luz de muchas linternas.
—¡Policía! —gritó una voz—. ¡No os mováis! ¿Qué estáis haciendo con esos niños?
—¿Qué está pasando? —gritó Cedric, sacando un arma y apuntando alrededor.
Oliver se la quitó de la mano, se acercó a él y le dijo:
—No seas estúpido. Es la maldita policía. Debieron vemos metiendo a Molly y a Charlie en el coche y nos han seguido. Llévalos al río, yo los entretendré.
Disparó a los haces de las linternas, como lo hizo el otro hombre.
Después se oyeron varios disparos.
El hombre corpulento tiró su Luger, se agarró el vientre y cayó al suelo.
Molly había caído de rodillas y observaba horrorizada los disparos. Vio que Oliver se sacudía una vez y después otra, retorciendo el cuerpo bajo los impactos. Gritó de dolor y su arma cayó en la tierra.
—¡Alejaos de los niños! —gritó un hombre uniformado, que apareció bajo la luz—. ¡Malditos explotadores!
Oliver hizo una mueca y se agarró el pecho; su camisa se estaba tiñendo de escarlata rápidamente. Miró a Cedric, desesperado.
—El li… libro. Hu… Huye. Vuelve al co… coche. An… Antes de que todo se eche a perder. —La sangre manó de la boca de Oliver mientras Cedric huía hacia los árboles.
Tambaleándose, el librero miró a Charlie y a Molly. Ambos estaban mirándolo con incredulidad y conmoción.
—Lo… Lo… siento… mucho. —Después, se desplomó y se quedó inmóvil.
Un hombre uniformado corrió hacia Molly y Charlie.
—¿Estáis bien? ¿No estáis heridos?
Negaron con la cabeza, con las miradas fijas en el cuerpo de Oliver.
—¿A dónde ha ido el otro tipo? —gritó alguien mientras llegaba hasta ellos el sonido de un coche que arrancaba.
Charlie y Molly apartaron la mirada del cadáver de Oliver cuando el comandante Bryant entró en el claro y los alumbró con una linterna que después dirigió hacia sí mismo, para que pudieran verlo.
Miró al muerto, el hombre de la Luger, y después al ensangrentado Oliver.
—No pasa nada, niños. Ahora estáis a salvo —dijo en voz baja.
—El señor Oliver estaba trabajando para los alemanes —gimió Charlie.
—Le han… Le han disparado. Está muerto —añadió Molly, llorosa.
Bryant movió su recortado bigote.
—De acuerdo, la costa está despejada. Ya puedes resucitar.
Oliver se sentó despacio y se quitó la «sangre» de la boca con un pañuelo.
—Espero que Cedric haya conseguido escapar —dijo, tras incorporarse.
Bryant asintió.
—Lo tenemos atado en corto, por supuesto.
Después el librero miró a los aturdidos Charlie y Molly con expresión culpable.
—Quizá podría explicaros todo esto mejor en el Bastión de los Libros.