La llamada del inspector
LA LLAMADA DEL INSPECTOR
M olly no pudo evitar sonreír durante todo el camino de vuelta al Bastión de los Libros.
Ahora solo tenía que convencer al señor Oliver para que le escribiera esa carta.
Si no lo hacía, Molly confiaba en que conseguiría imitar bien la letra de su padre.
De todos modos, la enfermera Tweedy no tendría nada con lo que compararla.
Al doblar en el callejón, reparó en el hombre robusto que había ante la puerta de la librería.
Llevaba un sombrero arrugado y una larga gabardina marrón, y su postura era rígida y oficial.
El señor Oliver estaba en la entrada y el hombre le estaba enseñando lo que parecía una fotografía.
Cuando Molly se acercó a ellos, el inspector Willoughby se giró para mirarla y se quitó el sombrero.
—¿Y tú quién eres, jovencita?
—El inspector Willoughby es de la policía, Molly —le explicó Oliver rápidamente—.
Está aquí preguntando por un chico llamado Charlie Matters.
Cree que ese chico podría haber intentado entrar a robar en mi tienda con algunos otros muchachos.
Y cuando huyeron, uno de ellos y el policía que los perseguía murieron atropellados por un camión.
Molly palideció mientras Oliver continuaba:
—Le he dicho al inspector que no conocemos al tal Charlie Matters, y que no tengo ni idea de por qué podría haber intentado robar en mi tienda.
Willoughby, que estaba observándolos a ambos con atención, le preguntó:
—¿Y cuál es su relación con esta chica Molly?
—Es la sobrina de una de mis primas, que vive en el campo. Molly se está quedando un tiempo conmigo.
Willoughby, miró a la muchacha.
—¿Puedo preguntarte por qué estás en Londres?
—Hay un colegio femenino privado al que mi madre está pensando en enviarme —dijo Molly rápidamente.
—¿Cuál?
—Santa Isabel.
—¿Qué? ¿En Chelsea?
—Ese es. —Molly había elegido ese porque, antes de marcharse al campo, se había decidido que iría allí—. ¿Lo conoce?
—Sé que cuesta una fortuna. La nieta del comisario Quigley va allí. Entonces tu familia debe tener dinero —añadió.
—Bueno, a mi abuelo materno le fue bastante bien con los… cerdos… y las cosechas antes de la guerra. Y mi otro abuelo era bastante bueno fabricando cosas. Mi madre considera que la educación es la piedra angular de la vida. De hecho, algún día espero llegar a ser médico.
—Enfermera, querrás decir —la corrigió Willoughby.
—Oh, sí, no hay duda de que eso era lo que quería decir —dijo Molly con amabilidad.
—Entonces, ¿no conoces a este chico, Charlie Matters?
—He llegado a Londres hace muy poco. En realidad, no he tenido la oportunidad de conocer a nadie.
—Va… Vale —dijo Willoughby, que seguía mirándolos a ambos con recelo—. ¿Y otro chico llamado Lonzo Rossi? Aquí tengo una fotografía suya. —Se la mostró a Molly.
Molly reconoció el nombre de cuando Charlie le había contado que era el chico que le había robado su diario, pero miró la fotografía y negó con la cabeza.
—Nunca lo había visto —dijo con sinceridad—. ¿Quién es?
—Uno de los amigos de Matters. —Se giró hacia Oliver—. Le he dado una descripción del chico. Si lo ve, llámeme a este número de inmediato. —Willoughby le entregó una tarjeta.
—Por supuesto, inspector. Por supuesto.
Willoughby se marchó, pero miró atrás una vez. Oliver le dijo adiós con la mano. Cuando desapareció, entraron en la tienda.
—Por eso ha estado Charlie tan triste —le dijo Molly a Oliver—. El que murió era su amigo.
—Y es evidente que el otro ha hablado con la policía.
—Lonzo Rossi.
Oliver asintió.
—Sí. Está en la cárcel en este momento, o eso me ha dicho Willoughby. Lo atraparon cuando intentaba alistarse en el ejército.
—Charlie me había mencionado a Lonzo. Él le robó el diario que le regalaste.
—Entiendo.
—¿Cuáles son los cargos? —preguntó Molly con temor.
—Ha mencionado una amplia variedad, me temo. Entorpecer el curso de la justicia, uso indebido de recursos policiales, pero los más graves son propiciar la muerte de un agente de policía, intento de robo y evasión del arresto. El inspector Willoughby dice que serían muchos años en prisión.
Molly parecía horrorizada.
—Eso es absurdo. Charlie es solo un niño.
—Sin embargo, me temo que la ley dice otra cosa, ya que ambos chicos son adolescentes. Y estamos en guerra y al parecer aplican normas diferentes.
—Y aun así le ha mentido al inspector, como lo he hecho yo —señaló Molly.
—No me gusta nada haberte involucrado, pero no quería que lo delataras.
—No pasa nada, señor Oliver. Yo jamás traicionaría a Charlie.
—Pero es evidente que el inspector sospecha.
—¿Dónde está Charlie? —preguntó Molly.
—Como tú, se marchó para buscar un empleo remunerado. De verdad, ojalá no tuviera la sensación de que tiene que hacer eso. Yo puedo manteneros a los dos.
—Bueno, acaban de contratarme como enfermera auxiliar.
—¿En serio? ¿Dónde?
—En la clínica médica Covent Garden.
—¿De verdad? Durante las rondas de vigilancia antiaérea, a menudo llevo allí a la gente herida. Son bastante buenos.
—Bueno, necesito que escriba una carta, como si fuera mi padre, dándome permiso para trabajar allí.
—Oye, Molly, ¿de verdad crees que eso es necesario? Yo puedo…
—Pagan cuatro libras a la semana.
Oliver contuvo el aliento.
—¿Cuatro libras? ¿A la semana? ¿Hablas en serio?
—Y también me dan de comer.
Oliver se llevó un dedo a los labios y miró la caja registradora, donde quedaban menos de veinte libras después de pagar varias facturas.
—Bueno, a ver… Si estás totalmente segura…
—Lo estoy. Pero, señor Oliver, tenemos que aseguramos de que Charlie y el inspector Willoughby no se encuentren nunca.