Toda la locura reside en ello
TODA LA LOCURA RESIDE EN ELLO
—¿ T e apetece otra taza de té, Charlie?
Charlie levantó la mirada y vio a Molly observándolo. Estaban sentados en el despacho de su padre, delante de un fuego que agonizaba lentamente.
—No, señorita, estoy lleno.
La lluvia golpeaba el exterior, apedreando el cristal y haciendo aullar la chimenea.
—Solía sentarme aquí con mi padre cuando hacía frío o llovía. Encendíamos la chimenea y me leía. Mi madre se quedaba descansando, abajo.
Charlie la miró.
—¿Pasaba mucho tiempo descansando?
—No me lo parecía en su momento, pero entonces no tenía nada con lo que compararlo. Pensándolo ahora, puedo decir que probablemente fuera mucho, sí. He descubierto que es bastante… frágil.
—¿Vas a ir a Cornwall a verla?
—Sería muy difícil. Ya oíste lo que dijo el señor Oliver.
—Pero quizá mejoraría si pudiera verte. Quizá podría volver a casa, incluso.
—La cuestión es, Charlie, que mi madre estuvo a punto de quemar este sitio por accidente porque estaba un poquito ida de la cabeza.
Él se encogió de hombros.
—Mi abuelo empezó a tener olvidos y a ratos veía cosas que no existían. La abuela lo dejó en paz y volvió a ser el mismo después de un tiempo. —Se detuvo—. Si al final fueras, ¿cómo llegarías a Cornwall? ¿En tren, como dijo el señor Oliver?
—Supongo, sí, aunque no estoy segura de cuánto costaría.
Él miró la elegante habitación.
—Debes tener un montonazo de dinero.
Molly lo miró con incertidumbre.
—Mi padre dejó algún dinero, pero se está acabando.
Charlie miró su taza, sintiéndose culpable, y la dejó sobre la mesa. Después miró los zapatos usados que ella le había comprado como si fueran cosas terriblemente caras en lugar de costar apenas unos chelines.
—Mi madre me quería mucho. Quizá demasiado.
—Ya lo habías dicho antes, pero sigo sin entender qué quieres decir —le dijo Charlie.
—¿Conoces la palabra «obsesión»? —le preguntó ella con cautela.
Charlie negó con la cabeza.
—Es cuando alguien está tan preocupado por otro que eso afecta a su mente. Debido a eso, puede hacer cosas que en realidad son dañinas para sí mismo y para aquellos a los que quiere.
—¿Y crees que tu madre es así?
—Creo que podría serlo, aunque no me había dado cuenta antes. Pero ahora soy mucho mayor y veo las cosas con mayor claridad.
—Bueno, aunque tuviera eso de la obsesión, sigue siendo duro no estar con ella. Yo daría cualquier cosa por tener de nuevo a mi madre.
—Yo siento lo mismo, Charlie. Mis padres lo son todo para mí.
Charlie miró las titilantes llamas.
—Lo normal sería que tu padre quisiera estar aquí para ayudarte. Y a ella.
Molly le echó una mirada.
—Sí. Debía tratarse de algo muy importante para él, para que se marchara como lo hizo. Para que nos abandonara así.
—No parece esa clase de tío.
—Pero se marchó, Charlie —dijo Molly con voz forzada—. Sin decirme una palabra.
—No quiero decirlo, Molly, pero… —La miró con cautela.
—Sé que podría estar muerto, pero no estaba muerto cuando se marchó de casa, obviamente. Podría haberse puesto en contacto conmigo, pero decidió no hacerlo. ¡Eso no fue justo!
—¿Y si no regresa?
—Las cosas se volverán… complicadas. Incluso más de lo que ya lo son.
Se quedaron en silencio y escucharon la lluvia mientras el viento seguía lanzando las gotas contra el cristal.
Molly giró la cabeza ligeramente para mirar a Charlie.
Parecía más pequeño y, en cierto sentido, mayor que ella.
Ambos habían perdido a sus padres; él permanentemente, aunque no estaba garantizado que el resultado para ella no fuera el mismo que el que Charlie estaba soportando.
—La familia de mi madre es originaria de Yorkshire —dijo abruptamente.
—¿Yorkshire?
—Sí. Está en el norte. Bastante lejos; casi en Escocia, de hecho. Es el condado más grande de Inglaterra. Tan grande, en realidad, que está dividido en un montón de distritos y vecindarios y cosas así. Es bastante famoso. Fue allí donde tuvo lugar la guerra de las Dos Rosas.
Charlie le echó una mirada confusa.
—¿Eh? ¿Hubo gente que luchó por unas flores?
—No. Fue la Casa de York contra la Casa de Lancaster. La rosa roja era parte del escudo de armas de los Lancaster y la rosa blanca lo era de la Casa de York. Lucharon por el trono de Inglaterra.
Charlie negó tristemente con la cabeza.
—A quién se le ocurre pelearse por eso, ¿eh?
—Leí sobre ello después de que la señora Pride me contara que mi madre era de allí.
—Espera. ¿Te lo contó la señora Pride? ¿No lo hizo tu madre?
—Sí. Tinsdale. Ese era su apellido. Al parecer, eran bastante ricos.
—¿Crees que todavía tienes familia allí?
—Podría ser.
—Entonces podrías ir de visita.
—¿Por qué iba a hacer eso? —le preguntó, mirándolo con severidad.
—Porque si tienen dinero podrían ayudaros a ti y a tu madre, por eso. Incluso podrían ayudarte a encontrar a tu padre.
Molly pensó en ello unos minutos mientras Charlie observaba el fuego.
—Pero imagínate que viajara a Yorkshire y mi padre regresara a casa, o que llegara una carta de madre. Eso no sería bueno.
—Podrías escribir al lugar donde está tu madre —le sugirió Charlie.
—Es cierto. Quizá podría pedirle al señor Oliver que me ayudara a escribir la carta. Parece muy listo e informado. Y es muy amable.
—Sí, supongo —murmuró Charlie.
Ella lo miró.
—¿Pasa algo?
Él se encogió de hombros.
—Charlie, cuéntamelo.
—Es solo que he visto al señor Oliver haciendo… Bueno, haciendo cosas raras.
Ella frunció el ceño.
—¿A qué te refieres?
Charlie le contó lo del hombre y el paquete de papeles.
—Dijo que era un manescrito o algo así.
—Un manuscrito. Como un libro antes de ser un libro. Bueno, parece bastante normal que alguien que posee una librería reciba manuscritos.
—Pero después vi al señor Oliver ir a un sitio en un callejón y salir de allí con papeles. Y estaba allí ese mismo hombre.
—¿Era una editorial?
Él volvió a encogerse de hombros.
—Ni idea. No era na más que una puerta en un edificio viejo. Y parecía un poco… Yo qué sé, nervioso. Y también el tipo ese que le dio los papeles. Parecía… No sé, sospechoso, como si supiera que no estaba haciendo na bueno. Y cuando lo vi la primera vez era más de medianoche.
Molly parecía perturbada por esta información.
—Esa no es la hora a la que uno esperaría dejar un manuscrito. ¿Recuerdas dónde está ese otro sitio?
Charlie asintió y levantó su taza.
—Sí, eso creo.
Molly pensó un momento y después llegó a una conclusión que la sorprendió.
Bueno, no exactamente. En ese momento tenía la sensación de que no tenía control alguno sobre su vida.
Estaba muerta de preocupación por una madre a la que no podía visitar, se sentía abandonada por un padre al que había adorado.
Pero de aquello podía ocuparse, aunque implicara descubrir que Oliver no estaba solo visitando a un amigo.
Se levantó.
—Bueno, vayamos allí, a ver qué podemos descubrir. La señora Pride ya está en su habitación. Si nos escabullimos ahora, no se enterará.
Molly buscó botas de agua y chubasqueros para los dos, y un paraguas grande.
Charlie estaba a punto de abrir la puerta cuando la chica se tensó de repente y le agarró la mano para detenerlo.
—¿Qué? —le preguntó Charlie.
—Si esos hombres están vigilando la casa, no quiero que nos sigan.
Charlie asintió, entendiendo.
—Vale. —Se dirigió a la puerta trasera, la abrió, se asomó al exterior y vio la valla que rodeaba el patio trasero.
—¿Puedes saltar una valla? —le preguntó a Molly.
—Seguro que sí.
—Vale, entonces sígueme. Cabeza baja, no mires la calle, por si alguien tiene una linterna. Tus ojos se reflejan, ¿sabes?
Salieron y, agachados, se acercaron a la valla.
Después, Charlie aupó a Molly para ayudarla a saltar la valla.
Le tiró el paraguas, escaló la valla y cayó con agilidad al otro lado.
Le dio la mano a Molly y la condujo a través del patio trasero de la casa vecina, donde una vez más la ayudó a saltar la valla antes de trepar con destreza y aterrizar fácilmente.
Charlie la hizo caminar entonces a paso rápido, zigzagueando por las calles, girándose abruptamente de vez en cuando para comprobar si los seguían.
Llegaron a otra calle y aminoró el paso.
—Creo que ya estamos lejos.
—Tienes bastante práctica en estas… uhm… martingalas.
—No sé qué significa esa palabra, chica, pero si te refieres a que no me gusta que la gente me siga, bueno, de donde yo soy, tienes que ser un poco así.