Un honorable ladrón
UN HONORABLE LADRÓN
¿ Q ué estaba haciendo aquel tipo en Bethnal Green?, se preguntó Charlie.
Si había llegado caminando, tenía que haber empezado temprano, ya que había un trayecto de al menos noventa minutos a pie desde Covent Garden hasta allí, con los escombros y el resto de los obstáculos de la guerra.
No podía saber dónde vivía Charlie; solo lo había visto un momento.
Y todo el mundo sabía que chicos como él los había a patadas en Londres.
Por esta razón, observó con creciente consternación cómo el hombre se detenía delante de su edificio y miraba el número.
El primer instinto de Charlie fue correr.
Aquel era a menudo su primer impulso, porque que la gente lo buscara nunca era bueno.
En lugar de eso, se le ocurrió una idea.
Supuso que lo conseguiría, teniendo en cuenta lo lenta que era la gente.
Corrió hasta el callejón y la salida de incendios.
Subió apresuradamente las escaleras, se coló por la ventana y corrió a su puerta de entrada.
La abrió y se asomó. El pasillo estaba despejado, así que salió, corrió por el pasillo en la dirección contraria y se detuvo al doblar la esquina.
Miró sobre su hombro y vio que el hombre subía el último peldaño y entraba en el pasillo.
El tipo siguió caminando, mirando los números de los apartamentos al pasar.
Aun así, Charlie pensó: No puede estar buscándome a mí .
Dejó de pensar eso cuando el hombre se detuvo delante de su puerta.
Entonces, su corazón comenzó a latir tan rápido que notó el torrente sanguíneo y después la vibración del pulso en sus oídos.
Se le enrojeció la cara, y su respiración se volvió superficial y rápida.
Durante un horrible momento, Charlie creyó que los policías, con sus cascos y sus botones metálicos, subirían corriendo las escaleras y lo encontrarían y arrestarían.
Se lo llevarían de allí esposado, y entonces aparecería la abuela, de algún modo, y sollozaría a su avergonzada espalda.
El tipo ( Debe ser I. Oliver , pensó Charlie) llamó a la puerta con los nudillos y después esperó antes de hacerlo de nuevo.
Como nadie respondió, se sacó algo del bolsillo y, usando una chincheta que también buscó en su bolsillo, lo clavó a la puerta.
Después, Oliver se giró y se marchó despacio por donde había venido.
Charlie había visto el semblante del hombre y se había dado cuenta de que parecía decepcionado y triste.
Corrió a la puerta y vio lo que Oliver había clavado en la madera.
Charlie se levantó la chaqueta y le examinó el forro.
Vio allí los hilos rotos. Lo que Oliver le había devuelto era la etiqueta con el nombre y la dirección que la abuela había cosido en las escasas prendas de ropa de Charlie.
Era evidente que la etiqueta se le había caído en la tienda del hombre; por eso sabía dónde vivía.
Se la guardó en el bolsillo, con los ánimos hasta sus doloridos pies.
Sabe quién soy. ¿Y si avisa a algún poli de patrulla?
Minutos después, había salido del edificio y corría por el callejón.
Desde allí había poca distancia hasta la entrada trasera de una tienda en uno de los muchos edificios bombardeados de Bethnal Green.
En el lateral del muro de ladrillo parcialmente derruido había un anuncio de cigarrillos Chesterfield.
Charlie sabía que era anterior a la guerra, porque el hombre elegantemente vestido que había en él estaba muy contento.
Levantó las solapas metálicas de la puerta al nivel de la calle y bajó los peldaños después de cerrarlas a su espalda.
Tiró de la cuerda de una solitaria bombilla y su oración fue respondida, porque la luz de algún modo se encendió.
Se sentó en una vieja caja de verdura en cuyas grietas crecían restos de patata en miniatura.
Se sacó la etiqueta del bolsillo.
HONORABLE CHARLES ELIAS MATTERS
DAPLETON TERRACE 13, APARTAMENTO 4A
BETHNAL GREEN LONDRES E2
La palabra «honorable» siempre le hacía sonreír.
Nada en él era «honorable», ni su título ni su naturaleza.
Y era simplemente Charlie, no Charles, aunque sabía que Charles era su nombre de verdad.
Eso era una formalidad, y seguramente todo el mundo sabía que las formalidades no tenían lugar en un mundo en guerra.
Y era un ladronzuelo ordinario. No había nada ni remotamente honorable en eso.
No obstante, parecía que la abuela tenía unas expectativas para su nieto mucho mayores a las que tenía el propio Charlie.
Se tanteó el dinero del bolsillo. Ahora parecía mucho más pesado que cuando se lo llevó.
Con un suspiro, Charlie se levantó de la caja y regresó a la luz del sol.
Aunque no estaba en contra de robar cuando era necesario, había principios a los que se adhería. Por eso, había algo que necesitaba descubrir. Y se marchó para hacer justo eso.