CAPÍTULO 29 #2
—Sarah lo pasó mal en Wellesley. Algunas de nosotras descubrimos una capacidad de resistencia que no sabíamos que teníamos, mientras que a otras…
casi las destrozó. Sarah tardó mucho tiempo en superarlo.
Se rodeó de malas compañías, tanto en Wellesley como fuera de allí.
Gente despreciable que se aprovechó de sus vulnerabilidades.
Estuve años sin verla… Cayó en rutinas que, bueno…
, digamos que podrían haberla llevado a cruzarse en su camino, por ejemplo.
Sobrevivió gracias a ingresos inmorales.
—¿Está diciendo que se prostituyó?
—Desarrolló una carrera como trabajadora sexual, creo que así es como se dice de forma más moderna, ¿no?
—dijo Abigail tras inclinar la cabeza hacia un lado y bajar el tono de voz, a pesar de que estaban los dos solos.
La mujer dejó la taza sobre la mesa y juntó las manos sobre su regazo—.
No se dedicó a la prostitución callejera, diría yo, pero desde muy temprana edad se dio cuenta del efecto que ejercía sobre los hombres y…
, en fin, trató de explotarlo. De darle la vuelta a la tortilla, por así decirlo.
Explotar la estupidez de los hombres, del mismo modo que ellos la habían explotado a ella desde los trece años.
Janssen se inclinó hacia delante y apoyó los codos sobre las rodillas mientras procesaba la información.
—¿Y qué sabía exactamente James, su marido?
—¿Cómo cree usted que se conocieron? —la preguntó Abigail, abriendo las manos—.
Ella era perfecta para él. James es bastante mayor que ella, así que consiguió una mujer joven y atractiva para poder presumir ante sus amigos.
Sarah sabía cómo funcionaban las cosas. Sabía cómo mantenerlo feliz y, del mismo modo, él sabía cómo hacer lo propio con ella.
Una combinación casi perfecta. Además, él puede dominarla la mayor parte del tiempo, y ella ha aprendido a aceptarlo y está acostumbrada a ello.
Janssen sintió ganas de coincidir con aquella conclusión, pero se abstuvo de hacerlo. A él no le correspondía juzgar.
—Lo único que conseguimos sacarle a Sarah esta mañana, después de encontrarla, fue su nombre, Abigail. Ha sido lo único que ha podido decir antes de que se la llevaran al hospital. ¿Por qué cree que fue así?
Abigail Thomas respiró hondo, levantó las cejas y orientó las comisuras de su boca hacia abajo. La mujer se encogió de hombros.
—Pues la verdad es que no tengo ni idea. Lo siento.
Janssen sintió que le vibraba el móvil en el bolsillo. Lo sacó por si era Tamara, pero vio que se trataba de una notificación de un mensaje de texto. Lo pulsó sin mirar quién era el remitente y lo leyó.
No he sabido nada de ti, Tom. Necesito saber qué está pasando. Un beso.
Cerró el mensaje y volvió a guardarse el móvil en el bolsillo.
—No parecen buenas noticias —dijo Abigail, leyendo la expresión del rostro del inspector. La mujer parecía preocupada—. ¿Se trata de Sarah?
El inspector negó con la cabeza.
—No tiene nada que ver con ella, aún no hay noticias de Sarah. Dígame, ¿por qué fingió no conocer a Susan Cook?
—No soy consciente de haber hecho tal cosa.
—Cuando vinimos a visitarla la otra vez, era Susan la persona a quien habíamos encontrado en Thornham.
—Y creo recordar que ustedes no sabían de quién se trataba en aquel momento, inspector.
—Entonces, ¿no la visitó a usted antes de su muerte?
Abigail negó con la cabeza, sin apartar los ojos de los de Janssen.
—No. Susan no se puso en contacto conmigo antes de su muerte. Si lo hubiera hecho, se lo habría contado. Llevo décadas sin verla, inspector. ¿Han logrado dar algún paso para averiguar cómo murió? ¿Cree que su asesinato está relacionado con lo que le pasó a Sarah anoche?
—¿Lo cree usted?
Una vez más, Abigail se encogió de hombros.
—No lo sé. Ojalá lo supiera.
Janssen decidió tomar un camino diferente en la conversación.
—¿Puede recordarme una cosa sobre su época en Wellesley, por favor? Estamos al tanto de las acusaciones contra Nicholas Levy…
—¡Nicholas! —exclamó Abigail, incorporándose y negando con la cabeza—. ¿Quién demonios está señalando a Nicholas? Era un hombre encantador. Qué tontería.
—Tenemos entendido que Nicholas Levy solía aislar a las chicas en lo que ustedes llamaban…
—«El agujero» —terminó Abigail por él—. Lo de ese sitio es real, pero no tenía nada que ver con Nicholas. Rara vez estaba en Wellesley, pues tenía muchos otros intereses empresariales. No, el hogar lo dirigía Neil Baker. Era un lobo con piel de cordero. Un personajillo realmente perverso.
La expresión que adquirió el rostro del inspector, que normalmente disimulaba muy bien, debió resultar muy reveladora.
—No lo sabía, ¿verdad? Usted creía que era Nicholas quien… nos hacía esas cosas.
—No hay ninguna mención a Baker en los archivos que he leído. Las acusaciones de Kirsty Davies citaban a Levy.
—Kirsty tenía muchos problemas, pero era una chica inteligente. Pensó que lo mejor para ella era alejarse de aquel lugar y que la forma más fácil de hacerlo era lanzar toda la mierda posible sobre Nicholas. Sin importarle lo que eso supusiera para la reputación de ese pobre hombre.
—Pero podría haber incriminado a Baker. Todas ustedes podrían haberlo hecho.
—Inspector, lo hace parecer muy sencillo —dijo Abigail, moviendo la cabeza de lado a lado en un gesto de frustración—.
Por mucho que valore lo que Nicholas Levy nos ofreció a todas, un hogar cuando ninguna otra persona nos quería, él protegería la reputación de Wellesley por encima de cualquier otra cosa.
Por encima incluso de nuestro bienestar.
El escándalo habría acabado con aquel lugar.
¿No lo comprende? Apartaron a Neil Baker, que se marchó de allí discretamente, sin hacer ruido.
Así fue como se resolvió el asunto. Nadie quiso saber la verdad en aquel momento y dudo mucho que ahora sea diferente.
Janssen se levantó y sacó su móvil.
—Discúlpeme un momento —le dijo a Abigail, y salió al pasillo. Buscó el número de Eric y lo llamó—. Eric, ¿dónde estás ahora mismo?
—Acabo de dejar a James Caseley en el hospital. No quería que condujera en el estado en el que está. Me parece que anoche le dio a la botella. Supongo que no puedo culparlo por ello.
—¿Cómo está Sarah?
—Sin cambios. Sigue inconsciente. Sufre hipotermia aguda. Menos mal que llegamos pronto. Su estado es crítico, pero, si hubiéramos tardado un poco más en encontrarla, sin duda habría muerto.
—De acuerdo. Escucha, quiero que te pases a recoger a Neil Baker. ¿Sabes dónde encontrarlo?
—Sí… Eh… —respondió Eric, que parecía confundido—. ¿Para qué?
—Dile que tengo que hablar con él —le explicó—. Y, si no quiere ir voluntariamente, detenlo.
—¿Detenerlo por…? —repitió Eric.
—Empieza por secuestro si es necesario y a partir de ahí ya lo vamos viendo.
—Secues… —comenzó a decir el oficial, deteniéndose a continuación. Sabía que no era buena idea discutir—. ¿Crees que fue él quien atacó a Sarah Caseley?
—En este momento no estoy seguro —dijo, bajando la voz para asegurarse de que Abigail no lo oyera.
—Vale, lo haré.
—Y, Eric…
—¿Sí?
—Que te acompañe algún agente, por si acaso… Y ten cuidado.
Janssen colgó y se llevó el móvil a los labios.
—Neil Baker —murmuró para sí mismo en voz baja.
Volvió junto a Abigail, que estaba sentada frente a la chimenea, y empezó a buscar entre sus contactos mientras reanudaba la conversación con ella.
—Dadas las circunstancias, creo que sería sensato, por su seguridad, ponerle un coche frente a la casa para…
—No hará tal cosa, inspector —dijo la mujer.
—Sería solo por precaución. Teniendo en cuenta lo que les ha ocurrido a dos de sus amigas, creo que necesita…
—No pienso aceptarlo —repitió la mujer, rechazando la oferta con un gesto de una mano—.
De verdad. Si estuviera en peligro, sería el blanco más fácil que existe.
Pero sigo aquí. No, sea lo que sea lo que esté investigando, por favor, siga adelante con ello.
Mientras tanto, yo seguiré haciendo mi vida habitual.
Janssen desistió. No iba a ser capaz de conseguir el consentimiento de Abigail.