Expiar nuestros pecados (Inspector Tom Janssen 3) CAPÍTULO 25
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CAPÍTULO 25

—Ahora, si me disculpan, tengo que seguir trabajando —dijo Neil Baker, mirando a ambos detectives.

El callado, aquel gigante mudo que estaba junto a su jefa, no dijo una sola palabra.

Permaneció allí de pie, como había hecho durante toda la conversación, observando y escuchando.

La mujer, por su parte, lo miró fijamente.

Sintió que ella intentaba leer entre líneas, observando sus expresiones faciales.

Al fin y al cabo, aquel era su trabajo, pero había algo más.

La mujer buscaba alguien a quien culpar.

Él conocía a las personas como la inspectora jefe.

Si había alguna posibilidad de responsabilizarlo por lo ocurrido, ella la aprovecharía.

Pero eso no iba a suceder. Por muy poco tiempo que le quedara, seguía teniendo mucho que perder.

—Puede irse —le dijo Tamara.

Él asintió en señal de agradecimiento y se alejó de los detectives, sintiendo la mirada de la mujer clavada en su nuca mientras se dirigía hacia Kyle.

El grandullón también lo siguió con la mirada, pero él ignoró la atención y anduvo por la arena hasta reunirse con su hijo a la orilla del mar, con cuidado de que el agua no le mojara las botas.

—¿Qué querían, papá?

Miró hacia atrás y vio las siluetas de los dos detectives, que continuaban alejándose.

—Eran policías, hijo, tratando de remover asuntos del pasado. Ya veremos si llega a algo, pero lo dudo.

—¿Has hecho algo malo?

—No. Nada de lo que preocuparse.

En ese momento, una de las principiantes se cayó de la tabla y se estrelló de cara contra el agua. Consiguió enderezarse y salir del agua para respirar justo cuando llegaba la siguiente ola, que la empapó y la arrastró hasta cerca de la orilla.

—Creo que te necesita —dijo, indicándole a Kyle que fuera a ayudarla.

—¿Estás seguro?

—Sí, sí. Ve —lo instó, empujándolo ligeramente para que acudiera a socorrer a la chica accidentada.

Kyle echó a correr y avanzó a toda prisa hasta que el agua le llegó por las rodillas para acudir en su ayuda.

Dándole la espalda al viento, miró hacia la playa.

Los agentes de policía casi habían desaparecido de su vista, pues ya habían subido las dunas y estaban a punto de regresar por la pasarela.

Abrió la cremallera del bolsillo de su chaqueta y sacó su móvil.

Buscó el número entre sus contactos y lo marcó. Tras un par de tonos, le respondieron.

—Tenía la sensación de que me ibas a llamar en cualquier momento —dijo la voz a modo de saludo.

—¿Ya lo sabías? —preguntó él, molesto.

—Sí, por supuesto.

—Supongo que no se te pasó por la cabeza ponerme sobre aviso —dijo con amargura.

—¿Hombre prevenido vale por dos y todo eso?

—Exacto —replicó, sin intentar ocultar su frustración—. ¿A qué estás jugando?

—¿Cómo iba yo a saber que empezarían a atar cabos tan pronto?

La voz sonaba segura, quizá demasiado. No era algo inusual.

—¿Eso es lo que crees? ¿Que están atando cabos?

Ahora estaba preocupado. Por la conversación que acababa de mantener con los agentes, había supuesto que solo estaban tanteando el terreno, sondeando.

La poca información que les había dado no era más de la que podían obtener con facilidad a través de otras fuentes.

Esa había sido siempre la estrategia que pensaba adoptar si alguna vez le hacían preguntas.

No podía negarlo todo rotundamente, pues eso solo serviría para señalar su culpabilidad.

Y un escándalo como aquel, incluso habiendo transcurrido tantos años, todavía podía causar un daño inmenso a su vida actual.

Y era muy consciente de que eso podía suceder si no actuaba de forma proactiva.

—Era inevitable que hicieran preguntas cuando encontraran el cuerpo de Susan. Era de esperar.

La mirada de Neil Baker se dirigió hacia donde estaba su hijo con la chica principiante. Ambos se estaban riendo; ella tenía el brazo alrededor del hombro de Kyle y él la ayudaba a estabilizarse sobre la tabla.

—Creo que tenemos que vernos para hablar —dijo. Hubo un momento de silencio al otro lado de la línea. Comprobó el móvil por si se había cortado la llamada. La conexión seguía activa—. ¿Me has oído?

—No me parece que sea una buena idea. Sobre todo, con la policía merodeando por ahí.

—Precisamente por eso tenemos que hacerlo. Cuanto menos hablemos por teléfono, mejor. Escucha, tenemos mucho que perder si todo se tuerce y…

—Vale, vale… Deberíamos vernos. ¿Cuándo?

Neil lo pensó. La policía estaba sin duda investigando, preguntando a los que estuvieron presentes en aquella época. Si eran diligentes, y él creía que lo eran, sobre todo la mujer, entonces la atención que recibirían iría en aumento con el paso del tiempo.

—Esta noche, antes de que se acerquen demasiado. ¿Te viene bien?

Esperó una respuesta mientras escuchaba la respiración constante al otro lado de la línea, a pesar del sonido de las olas rompiendo de fondo.

—Tengo algunas cosas que atender antes, pero… sí, podemos vernos.

—Bien. Creo que deberíamos quedar en algún lugar apartado, por si acaso. ¿Qué te parece?

—De acuerdo. Conozco el sitio perfecto.

Kyle comenzó a correr de nuevo por el agua en su dirección, sonriéndole al llegar a la orilla. Tenía el pelo empapado, al igual que la ropa desde el pecho hacia abajo. Debía haberse caído al agua mientras ayudaba a la chica.

—Tengo que dejarte. Envíame luego un mensaje con la hora y el lugar —dijo, y colgó sin despedirse.

—¿Quién era? —le preguntó Kyle.

—Nadie, era algo sin importancia. ¿Está bien? —le preguntó a su hijo, señalando con la cabeza hacia la chica, que ya estaba de nuevo sobre su tabla.

Kyle miró y vio a su pupila gritando de alegría mientras sentía que cogía de nuevo el viento y empezaba a ganar velocidad. La chica los saludó con la mano. Kyle aplaudió y le devolvió el saludo.

—Creo que me siento parte de eso —dijo Kyle, esbozando una amplia sonrisa.

Neil le dio una palmada en la espalda a su hijo y le devolvió la sonrisa. Se sintió aliviado tras haber hecho la llamada. No había motivo para que aquello saliera mal. Lo único que tenían que hacer era gestionar la situación. Tal y como habían hecho en el pasado.