CAPÍTULO 7 #3
—¡Entonces, ha estado viva todo este tiempo!
—exclamó Simon, más como una afirmación que como una pregunta, con un tono incrédulo—.
Eso… —comenzó a decir, pero no terminó el comentario que parecía a punto de hacer sobre su mujer, conteniéndose a tiempo.
Aunque, por el tono de su voz y la mirada fulminante que lo acompañaba, era poco probable que el comentario fuera a ser positivo.
Su ira, apenas disimulada, parecía ir en aumento—.
¿Se hacen una idea de lo que hemos tenido que pasar Connor y yo…
creyendo que estaba muerta? Ha sido una pesadilla.
—Me lo puedo imaginar —afirmó Janssen.
—¿De verdad? ¿Puede? El puto banco no me dejaba acceder a su cuenta bancaria… No podía cancelar las domiciliaciones, pagar el alquiler ni nada de nada. Esos cabrones nos desahuciaron. Los del ayuntamiento fueron unos completos inútiles. ¡Estuvimos un año viviendo en un estudio!
Cook apretó los puños y los presionó contra la encimera de la cocina.
—Sé que puede ser difícil vivir unas circunstancias como esas —dijo Janssen.
—¿Difícil? Estaba en la puta ruina. A ver, que tampoco es que tuviéramos mucho dinero en aquella época, pero ahora tenemos aún menos.
Mi situación financiera es tan lamentable que ni siquiera puedo alquilar un lugar donde vivir.
¿Por qué cree que vivimos aquí? ¿Cree que me gusta fregar retretes?
¡Esa egoísta de mierda! Ella quería a Connor.
A mí, quizá no tanto… Probablemente yo me lo merecía, pero el niño…
¡Ella lo adoraba! Pensé que si ella ya había tenido suficiente, si ya no podía soportarlo más…
Pues bueno, pero abandonarlo así… De tal palo, tal astilla, ¿eh?
Janssen no pudo evitar pensar que aquello era un reflejo del hombre que Simon había sido en el pasado. Se podía justificar su reacción dadas las circunstancias.
—Me aseguraron que, si creía que se había suicidado, podía hacer algo para que la declararan muerta, pero, por mucho que pensara que lo estaba, no era capaz de hacerle eso a nuestro hijo.
¿Cómo se le dice a un niño de seis años que crees que su madre está muerta si no estás completamente seguro?
Lo fui posponiendo todo lo que pude… —explicó Simon, mirándolos a los dos—.
Pero al final inicié los trámites judiciales.
Era hora de que pasáramos página, de poner punto final a todo esto.
Y no me malinterpreten, seguía sin querer hacerlo, incluso ahora.
¡Y entonces aparecen ustedes, después de todo lo que hemos pasado, y me dicen que ella ha estado viva todo este tiempo!
Cook elevó el puño y golpeó varias veces la encimera. Por muy enfadado que estuviera, aquello tenía que haberle dolido. Miró a Janssen con los ojos llenos de lágrimas.
—¿Cómo pudo hacerme eso a mí? ¿Y a Connor?
En aquel preciso instante, se abrió la puerta de la caravana y entró un chico que vestía un uniforme escolar.
Tendría unos quince años, era bastante alto para su edad y tenía una maraña de pelo voluminoso y rizado, que era la moda de la época entre los adolescentes.
Pareció conmocionarse al ver la expresión del rostro de su padre.
Miró a Tamara y a Janssen, y luego se centró en Simon.
—Papá, ¿qué pasa?
Simon apartó la mirada, se llevó una mano a la cara y se secó los ojos con el pulgar y el índice. Janssen pensó que no le correspondía a él decir nada. Era una conversación que padre e hijo debían tener a solas.
—Ellos son… policías, Connor —explicó Simon, acercándose a su hijo, y le puso una mano tranquilizadora sobre el hombro mientras el crío dejaba caer su mochila al suelo—. Han venido por tu madre.
—¿Qué pasa? ¿Saben dónde está?
Simon asintió lentamente.
—Sí, la han encontrado.
Connor entreabrió la boca y abrió mucho los ojos. No hizo falta que su padre le dijera nada, pues la expresión de su rostro lo decía todo.
—Lo siento, hijo —dijo Simon, atrayendo a Connor hacia su pecho.
El rostro del adolescente quedó oculto, pero Janssen supo que ya estaba llorando. Miró a Tamara y levantó una ceja. Ella asintió en respuesta a la pregunta tácita.
—Vamos a darles un poco de espacio —le dijo el inspector a Simon.
Sacó una tarjeta de contacto y la dejó sobre la encimera, junto a Simon, que seguía abrazando con fuerza a su hijo —.
Tendremos que volver a hablar con ustedes.
Hasta que lo hagamos, si tienen alguna pregunta, pueden llamarme a este número.
El inspector señaló la tarjeta de contacto y dio unos golpecitos sobre ella con el dedo índice.
Simon no prestó atención a la tarjeta ni a su marcha.
Mecía suavemente a su hijo de un lado a otro mientras emitía sonidos para intentar reconfortar al niño, que no dejaba de sollozar.
Connor lloraba por la madre que no recordaba y a la que ahora nunca conocería.
Janssen siguió a Tamara al exterior, bajó de la caravana y sacudió la cabeza.
Estaba decidido a descubrir cómo había muerto Susan.