Expiar nuestros pecados (Inspector Tom Janssen 3) CAPÍTULO 2 #2
6%

CAPÍTULO 2 #2

—¿Hay algún Ford aparcado por aquí cerca? —preguntó el inspector, mirando hacia atrás, en dirección al aparcamiento.

—No, no hemos tenido tanta suerte —respondió Tamara con resignación en su tono de voz—. La tarjeta está a nombre de Abigail Thomas. ¿Ha oído hablar de ella?

Janssen negó con la cabeza.

—No. ¿Debería?

—Es una artista. Vive por aquí. Por lo que tengo entendido, goza de muy buena reputación.

—No la conozco —reconoció, mirando a Eric—. ¿Tú sabes algo?

—Creo que tiene una galería en Brancaster, si no me falla la memoria. No la conozco, la verdad, pero el nombre de la galería me suena.

—¿Podría ser ella? —preguntó Janssen.

Tamara asintió.

—No podemos descartarlo. Tendremos que ir a la galería.

Si Abigail Thomas está viva y en buen estado, podría ser una de las pocas pistas de las que disponemos para descubrir quién es nuestra desconocida.

A menos que, entretanto, encontremos una identificación.

Sin duda podremos rastrear el vehículo a partir del número de serie del mando, pero eso llevará algo de tiempo.

—¿Hay algún indicio de que hayan lastrado el cuerpo? —preguntó Janssen, mirando alternativamente a Tamara y a la forense.

—Hay señales de que se le colocaron ataduras alrededor de las muñecas.

No sabría decir si eso tiene alguna relación con el motivo por el que se encuentra en el agua, pero le sugiero que lo examine —explicó la doctora Williams—.

No me da la sensación de que todavía tuviera esas ataduras cuando entró en el agua.

—¿Alguna idea sobre la naturaleza de esas marcas? —preguntó Tamara, que se agachó de nuevo y se metió en el agua para acercarse a verlas por sí misma.

—Pues justo atendiendo a su naturaleza, yo descartaría cualquier cosa tan eficiente como unas bridas —afirmó la doctora Williams, inclinándose para señalar una zona de la muñeca izquierda de la víctima con el bolígrafo que llevaba en la mano—.

¿Ven aquí? Las hendiduras son casi circulares.

Eso sugiere algún tipo de tejido, pero no tiene el patrón estriado que cabría esperar de…

—Hizo una pausa para pensarlo bien—. Digamos, de una cuerda de nailon o algo similar.

—¿Qué quiere decir con eso? —preguntó Tamara.

—Obviamente, no soy detective, pero, si sus muñecas estaban atadas en el momento de la muerte, entonces yo sugeriría que para hacerlo se utilizó algo que estuviera a mano, tal vez una bufanda u otra prenda de vestir.

—Eso implicaría una ausencia de planificación o una acción impulsiva —dijo Janssen—. De ser así, ¿por qué quitársela después?

—Para que no diera tanta impresión de ser un asesinato —respondió Tamara.

—Aun así, podría ser algo accidental —intervino Eric—. Podría haber sido un juego sexual que salió mal.

Todas las miradas se volvieron hacia el joven, y Janssen arqueó las cejas ante el comentario. Una vez más, el oficial investigador intentó desarrollar su idea.

—Hoy en día ocurre muchas veces, ¿no? A la gente le gusta ese tipo de cosas y… Bueno…, a veces sucede.

Eric miró a todos los allí reunidos, pero nadie decía nada.

—De verdad, es algo bastante frecuente —añadió, bastante cohibido y con mucha menos confianza que antes.

—Es una posibilidad, Eric —respondió Janssen, dándole una palmada en el hombro—. No existiendo una denuncia de persona desaparecida, yo sugeriría que, aunque no se pueda afirmar, no se trata de un accidente. O es un suicidio, o una desgracia…, o tal vez alguien la haya dejado aquí.

Tamara miró a su alrededor, escudriñando aquel lugar.

—En esta zona sube y baja la marea, ¿verdad?

Janssen asintió.

—Así que cabe la posibilidad de que la marea la arrastrara hasta aquí, en vez de que la dejaran en este punto de forma deliberada.

—No es descartable. Podría haberla arrastrado la marea y que luego un barco que pasara cerca hubiera hecho el resto.

Si estaba sumergida, existe la opción de que ocurriera eso —admitió Janssen—.

Pero también hay que tener en cuenta que este lugar está bastante aislado.

En mitad de la noche se pueden ver con total nitidez los faros de un coche que se aproximara, lo que podría llamar la atención de cualquiera.

Pero afrontemos la realidad, aquí vienen aficionados al avistamiento de aves a cualquier hora del día o de la noche con la intención de ver la fauna migratoria.

No sería demasiado extraño ver un coche circulando por aquí en plena noche.

Me parece una localización ideal para deshacerse de un cadáver.

—Aunque solo hay una carretera de entrada y salida —apuntó Tamara—. Valdrá la pena llevar a cabo un sondeo casa por casa. En lugares como este… siempre hay alguien mirando a través de las cortinas.

—Sí, merece la pena que lo hagamos. Pero seamos también realistas con respecto al hecho de que solo exista una carretera.

Habiendo un campo de visión tan claro hasta prácticamente donde terminan los árboles, dispondrías de mucho tiempo para ver venir a alguien.

El riesgo de que te pillaran in fraganti sería bastante bajo —explicó.

—¿Y quién sabría un dato como ese?

—Sería esencial conocer la zona o, al menos, haber explorado el lugar con antelación. Eso cuestionaría la sugerencia de la espontaneidad —respondió Janssen.

Tamara reflexionó durante unos instantes, hasta que se dio cuenta de que el equipo forense quería ponerse ya en marcha y ella les estaba estorbando. La marea comenzaría a subir pronto y aún les quedaba mucho por hacer.

—Eric, quédese aquí y supervise el operativo. Tom y yo iremos a visitar la galería de Abigail Thomas. Tenemos muchas teorías, pero para mí gusto no contamos con suficiente información. Quizá ella pueda ponerle un nombre a nuestra víctima.