Expediente Serotonina Capítulo 22. MAOA-L
72%

Capítulo 22. MAOA-L

Melvin Peaks había llamado a Ivana con la intención de acercarse a ella. Aprovechó la excusa de explicarle los últimos avances sobre Nández y la invitó nuevamente a su piso en Gràcia. Esta vez, Ivana aceptó rápidamente. Estaba atemorizada y necesitaba información sobre los progresos e n el caso.

Mientras esperaba, Peaks escribía en su ordenador, detallando los acontecimientos recientes y completando la escaleta de su libro. Había titulado un borrador de capítulo como Hungría: origen de la medicación a dulterada.

Llamaron al timbre de su puerta. Ivana estaba deslumbrante, sus ojos brillaban; quizás tenía una ventana de oportunidad abierta y debía aprovecharla.

Ella atendió a todas las explicaciones del canadiense sobre los acontecimientos de esa mañana y sus deducciones acerca del Veyron.

Creía que solamente cerebros atrofiados podían ser los padres de la criatura adulterada; el comportamiento racional, socialmente aceptado, era el que entre todos, desde hacía cientos de años, había predominado para llevar a cabo una convivencia soportable.

El p lano de la realidad de esas personas lo catalogó como muy diferente al de la mayoría de los mortales, queriendo conocer las motivaciones de, supuestamente, Marga y s us socios.

—A hora necesito hablar de algo diferente. Distráeme. Explícame tú, ¿cómo va tu hijo? Pongo música, si no te importa —d ijo Melvin, buscando cambia r de tema.

De fondo comenzó a sonar The Great Gig in the Sky .

Ivana, mientras escuchaba la música, miraba a Melvin a los ojos.

Esa leve atracción que había sentido días atrás por sus acciones graciosas se convirtió en una sensación como la de la voz de Clare Torry, que entró en su corazón.

Se acercó más a él, quien se sintió reconfortado con ese leve movimient o de ella.

—¿ Cuándo acabarás el libro? —p regu ntó Ivana.

—¿ De verdad te interesa?

—S í, me interesa —d ijo, poco convencid a—. Pero estaba más centrada en tus ojos que en tus palabras.

Ivana se sentía cómoda y dispuesta a dar el paso después de tantos meses en estado de desorden y confusión.

Melvin cerró la tapa de su ordenador, la miró fijamente para encontrar algo que delatara si Ivana estaba siendo sincera o era un farol.

Pero su rostro no manifestó otra cosa que dulzura y Melvin lo vio claro.

Se acercó a ella poco a poco hasta besarla en los labios con toda la ternura que era capaz de desprender de su interior.

Era Semana Santa y Melvin pensó que pausaría su investigación durante dos o tres días para dedicarse a Ivana y a él mismo.

Sede Central de los Mossos d’Esquadra , Sabadell, 14 de abril de 2022. 16:00

El mayor Tom Bustenga estaba en su despacho con el inspector Albertí, con el capitán de la Interpol del sur de Europa, el fiscal general de la Unión Europea, el juez instructor asignado al caso y Sara Lleopol, redactora jefa de la Brigada de los Mossos d’Esquadra de Sabadell.

Albertí era el centro de las miradas, ofreciéndole consuelo por su reciente tragedia personal.

El despacho, en la cuarta planta, con vistas a Sant Llorenç del Munt, era amplio y, más que confortable, práctico, con una mesa de juntas para ocho personas y un escritorio de trabajo.

La reunión empezó puntualmente con las explicaciones del inspector Albertí, jefe del caso, quien desplegó las últimas novedades d el asunto.

—H emos detenido a Jorge Nández, una pieza clave que nos puede dar la llave para resolver e sta trama.

Alguno de los presentes preguntó acerca de esos análisis y de sus resultados, a lo que Jaume contestó seg uidamente.

—E n este punto me gustaría invitar a la reunión al doctor Melvin Peaks, neurocientífico que ha estado colaborando con los Mossos en este caso. Su trabajo de investigación sobre el origen de los comportamientos agresivos de los criminales e s crucial.

—M uy bien, que pase el doctor y nos explique —d ijo el director de la Interpol.

Melvin entró en la sala y comenzó su e xposición:

—I ntentaré ser lo más claro posible ante una temática algo compleja.

La serotonina es un neurotransmisor que presenta un papel fundamental en los procesos de agresión.

Así, bajos niveles de un metabolito terminal de la serotonina en el líquido cerebroespinal correlacionan directamente con comportamientos agresivos y suicidios en hombres y mujeres jóvenes, con trastornos de personalidad y comportamientos desviados ant isociales.

—R ebobine, doctor —d ijo el fiscal.

—P erdón. Lo explico de otra forma. Nuestro cuerpo puede alterarse por un déficit de serotonina en un circuito específico del cerebro.

Ese neurotransmisor, la serotonina, sirve para regular y gestionar las respuestas adaptativas al estrés, como la ansiedad, la agresividad o la depresión.

Si segregamos poca serotonina por un error de funcionamiento de nuestro organismo, y si no se compensa con medicación, estaremos estresados, deprimidos o seremos agresivos. ¿Vamos b ien ahora?

—S í, mucho mejor —d ijo el mayor.

—E xiste un gen denominado MAOA que, dicho sencillamente, es el responsable, en parte, de decidir la codificación de los neurotransmisores como la serotonina.

Este gen, el MAOA, se asocia con el comportamiento antisocial y se ha demostrado que ciertas mutaciones generan en sus portadores conductas violentas, como homicidios, violaciones e impulsividad agresiva por falta de serotonina.

Pero si a esos enfermos se les medica con antidepresivos como el Veyron, el bueno, claro, provoca que aumente la secreción de serotonina y se regula la química del individuo, superando, con las dosis correctas, ciertas alteraciones.

Hago un inciso: si me oyera un colega de profesión, me mataría. En fin, así me hago entender.

—D octor, muy interesante, pero puede ir al g rano —p idió el fiscal.

—G racias, y ahora explico el informe de la analítica.

De todas las muestras tomadas por los peritos en diferentes distribuidores farmacéuticos, se concluye que en algunas de las series de las pastillas de Veyron se han hallado ciertos componentes que elevaban inicialmente, en las primeras semanas, el nivel de serotonina, para luego, al cabo de pocos días, provocar un efecto rebote, disminuyendo radicalmente su nivel, llevándolo hasta el mínimo e induciendo al suicidio.

Científicamente todavía le faltaría una capa de explicación, pero, resumiendo, concluyo que tanto la escasez como el exceso de segregación de ese neurotransmisor pueden provocar comportamientos agresivos en las personas que han consumido el Veyron malo, y esos estados coléricos pueden incluso ser hacia uno mismo.

Por tanto, puedo afirmar que se están creando, no sé si por error del laboratorio, criminales y suicidas debido a una suma de factores que explosionan gracias al Veyron adulterado.

Luego inciden los factores genéticos y, finalmente, otros externos, como por ejemplo que las personas afectadas hayan tenido una infancia o juventud, digamos, terrorífica, por haber sido maltratadas.

Así, ¿los asesinos nacen o se hacen? La respuesta es: ambas.

¿Y realmente Umbert Chemicals quería fabricar un medicamento para perjudicar a la población?

¿Ha sido un error de cá lculo ? ¿Ha habido adulteración por parte de u n tercero?

—E sto es un lío, doctor. Pero quiero decirle que es de sobra conocido que la familia Umbert pertenece a un largo linaje de empresarios y hay que hablar con ellos y ver qué ha sucedido —d ijo el fisca l—.

Necesitamos pruebas más contundentes. Ahora bien, lo que sí está claro es que esas pastillas no pueden seguir a la venta en las farmacias. Estamos todos de acu erdo, ¿no?

Toda la mesa estuvo de acuerdo en dar la orden de retirar del mercado todas las pastillas Veyron de Umbert Chemicals.

—A hora quiero que compartamos algunos datos que nos va a aportar nuestro software de IA, el Indio —dijo Jaume.

—I nspector —r espondió la voz metálica.

—¿ Puedes mostrarnos la evolución desde el año 2005 hasta hoy del número de suicidios en Catalunya?

—C omo ven ustedes en pantalla, en 2005 hubo 322 suicidios en Catalunya; en 2010 fueron 325 personas; en 2015 aumentó hasta 362 personas suicidadas, y ese fue el año en que salió el Veyron. En 2022 llegaremos a las 850 personas.

—I ndio, correlación entre Veyron y suicidios, por favor —e xigi ó Albertí.

—P ara que una persona llegue a suicidarse hacen falta unos dos meses de tratamiento; eso son unos cuarenta y cinco gramos de Veyron adulterado.

Si calculamos que se han vendido unas dos mil quinientas cajas cada mes en las cuatro provincias catalanas, el cómputo exacto es que cada mes se deberían suicidar unas treinta y cinco personas, al margen de las treinta y tres personas que estadísticamente se suicidan cada mes en Catalunya.

Sumando ambos parciales, se suicidan en Catalunya sesenta y ocho personas mensualmente, la mitad de ellas debido al Veyron.

—Q ué barbaridad —e xclamó el juez i nstructor.

—¿ Pero hasta qué punto esa inoculación se ha realizado a conciencia por parte de Umbert Chemicals? —p reguntó el fiscal.

—L as sospechas las tenemos desde hace semanas, pero ha sido imposible aclararlo con la dirección de la empresa.

Nos han cerrado las puertas constantemente.

Podría ser un fallo de la producción y no han querido retirarlas del mercado por los altos costes que entendemos que ello supondría —r espondi ó Albertí.

—B obadas. Eso vale cuatro euros a precio de coste. Ha habido mala intención —i ntervino el director de la Interpol.

—M e refiero a los costes de degradación que supondría para la marca. Lo cierto es que hemos citado a los responsables y, de momento, no han dado señales de vida —dijo Jaume.

—V oy a llamar personalmente al her mano de Anita Umbert, el alcalde de El Masnou —d ijo Tom Bustenga, mayor de los Mossos d ’Esquadra .

Todos los presentes de la sala se marcharon al levantarse la sesión y se quedaron solamente Tom Bustenga, Jaume Albertí y Mel vin Peaks.

—¿ Nos vam os, Jaume?

—E spera, que me queda un tema pendiente. ¿Indio, estás ahí?

—S í, inspector, ¿qué se le ofrece?

—¿ Qué sabes de ese principio activ o húngaro?

—F ue prohibido por la Agencia Europea de Medicamentos hace cuatro años —c ontestó el software.

—¿ Por qué? —r eplic ó Albertí.

—E ra un principio activo destinado a tratar la depresión, pero el exceso de concentración de ácido D-aspártico en la fórmula hizo que fuera rechazado.

—A hí está. Qué imbécil soy. Testosterona. Le han metido testosterona al Veyron. Por eso el subidón y luego la agresividad —c onclu yó Melvin.

—¿ Y eso no podían conseguirlo aquí? —a puntó Bustenga.

—N i idea. Supongo que no a ese precio o concentración… Ya lo sabremos —r espond ió Melvin.