Capítulo 9. Cloudadvanced MV2022
Tras la inesperada y repentina muerte de Wildford Jenkins, todos los planes de desmantelamiento de Tygone Barcelona habían quedado congelados.
El Consejo de Administración nombró temporalmente a una nueva directora general para España: Júlia Martinet, la antigua responsable de Recursos Hu manos , quien asumió el cargo como directora interina.
Aunque había sido una persona muy cercana a Marga, no compartía su estilo de liderazgo y dirección. Sin embargo, nunca lo expresó abiertamente; prefería obedecer sin rechistar por temor al carácter represivo de Vilanova.
Para Melvin, Tygone representaba una mina de información sobre Marga.
Movió los hilos necesarios y consiguió concertar una reunión con Júlia Martinet.
Percibía una mezcla de emociones que lo desconcertaba: por un lado, el anhelo de comprender la mente compleja y fascinante de Marga Vi lanov a, una auténtica obra de arte a sus ojos; por otro, el peso de su propia historia, esos años de infancia y adolescencia en Canadá que habían dejado cicatrices profundas.
A menudo sentía que su soberbia y su necesidad de destacar no eran más que ecos de una batalla interna por llenar los vacíos que su pasado había dejado en él.
Los gritos que a veces salían de su boca, sin control, le recordaban a su padre, un hombre cuya figura detestaba.
Esa frialdad que proyectaba al mundo no era más que una máscara; su fortaleza era aparente, y en la soledad de su apartamento encontraba refugio en un vaso de whisky canadiense, el Northern Harvest Rye, que solía acompañarlo en las noches má s oscuras.
Pero, a la mañana siguiente, volvía a levantarse con energía renovada, decidido a conquistar el mundo, a perseguir respuestas que llenaran ese vacío que tanto lo at ormentaba.
El ascensor se detuvo con un suave tintineo. Melvin salió y cruzó la recepción con pasos firmes, siguiendo al asistente que lo condujo al despacho de Júlia Martinet. Al entrar, su mirada se dirigió inmediatamente hacia el ventanal que ofrecía una vista panor ámica del Tibidabo.
—E s una vista espectacular del Tibidabo —c omentó Melvin, con un tono genuino, dejando que la observación rompiese el hielo.
Júlia, sentada tras el escritorio, levantó apenas la vista de unos d ocumentos.
—¿ Qué necesita? —p reguntó, con un tono i mpersonal.
—P refiero que hablemos de tú, si no te importa —r espondió Melvin, añadiendo una leve sonrisa para suavizar e l momento.
—D e acuerdo, tú dirás, Malvin —r eplicó ella, sin mucho e ntusiasmo.
—E s Melvin —c orrigió él, manteniendo una postura tranquila.
—M elvin, no quiero ser maleducada, pero no tengo muc ho tiempo.
Melvin notó la tensión en su voz y decidió relajar el ambiente.
—N o te preocupes, prometo ser breve —a seguró, adaptando su tono para transmitir empatí a—. Quería hablarte sobre Marga Vi lanov a. Estoy colaborando con los Mossos d’Esquadra e n su caso.
La expresión de Júlia cambió, mostrando ahora una mezcla de curiosidad y pre ocupación.
—¿ Caso? ¿De qué ca so hablas?
—E s sospechosa de varios asesinatos —r espondió Melvin con firmeza, pero dejando espacio para que Júlia asimilara la in formación.
—¿ Varios a sesinatos?
—E ntre siete y diez —c onfirmó él, con un tono que buscaba ser más informativo que i mpactante.
—Madre mía.
—S é que es difícil de creer. Por eso busco más contexto sobre ella. ¿Cómo la des cribirías?
Júlia pareció tomarse unos instantes para pensar, su mirada perdida por un momento en el ventanal y aún chocada.
Júlia, que era una chica joven, de unos treinta y cinco años y con un carácter más bien letárgico, ostentaba, sin embargo, una carrera de Matemáticas y un máster en Harvard de los auténticos, de los presenciales, realizado durante va rios años.
—A utoritaria, déspota, con mal carácter... Pero ¿asesina en serie? Me cuesta p rocesarlo.
Melvin asentía lentamente, observándola con atención.
—¿ Dirías que su comportamiento afectaba al ambiente lab oral aquí?
—L a gente está aliviada, aunque sigue nerviosa. Su manera de dirigir... siempre generab a tensión.
Melvin dejó que el silencio se asentara unos segundos antes de continuar, procurando no pr esionarla.
—¿ Alguna vez notaste que se metiera en la vida personal d e alguien?
Júlia bajó la mirada. Sus labios se apretaron, como si estuviera conteni endo algo.
—P referiría no hablar de eso... —m urmuró, con un tono casi inaudible.
Melvin mantuvo su tono suave, pero su mirada reflejaba interé s genuino.
—E ntiendo que pueda ser difícil. Pero cualquier detalle, por pequeño que sea, podría ayudarme a entender mejo r el caso.
Júlia respiró profundamente, y sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
—I ntentó meterse en mi relación con mi pareja. Fue... una manera de probarme.
—N o tienes que entrar en detalles si no quieres —r espondió Melvin con calma, bajando ligeramente la intensida d—. Qué manera de extender sus tent áculos, pensó.
Melvin cambió de tema con cuidado, buscando aliviar la in comodidad.
—¿ Y en cuanto a sus documentos? ¿Has podido revisar los ficheros que dejó?
—N o. Pero Albertí, el inspector, ya me preguntó lo mismo —d ijo mientras se secaba las lágrimas.
—¿ Cuándo vino Jaume por aquí?
—H ace unos diez d ías, creo.
—¿ Revisó el ordenador de Marga?
—N o.
Melvin asintió ligeramente, calculando su próximo m ovimiento.
—E ntendido. Quizás pueda ocuparme de eso, con t u permiso.
Júlia pareció incómoda, pero no lo in terrumpió.
—P uedo ayudarte a agilizarlo —a ñadió Melvin, con un tono más conciliado r—. Solo necesito uno s minutos.
Melvin estaba sentado en el asiento del confidente del antiguo despacho de Marga.
Tras unos segundos de reflexión, se levantó y, con calma, ocupó el exasiento de Marga.
Sus dedos comenzaron a manipular el teclado y el ratón del ordenador con precisión.
Júlia, algo inquieta, cogió una silla y se sentó a su lado.
—¿ Tienes el password de su Cloudadvanced? —p reguntó Melvin, sin apartar la vista de la pantalla.
—S i el policía no lo hizo, ¿por qué tú sí? —r espondió Júlia, con un tono que mezclaba desconfianza y cansancio.
Melvin giró ligeramente la cabeza hacia ella, suavizando su expresión.
—T ranquila, llamemos al inspector Albertí. Él puede aclararlo —d ijo, sacando su móvil y marcando el número de Jaume.
En pocos segundos, Jaume apareció en la pantalla por videocall .
—J úlia, necesitamos tu colaboración —d ijo Jaume, con un tono firme pero conciliado r—. ¿Quieres que venga, Melvin? —p reguntó Jaume, notando la incomodida d de ella.
—N o, pero te dejo conectado para tranquilidad de Júlia —r espondió Melvin, manteniendo la calma.
—¿ Las claves, Júlia? —p idió Jaume desde la pantalla del móvil de Peaks.
—N o las sé. Solamente las sabe ella —r espondió Júlia, visiblemente nerviosa.
Melvin inclinó la cabeza, evaluando la situación.
—P iensa, Júlia. ¿Alguna vez viste algo que pudiera ser útil? —p reguntó, con un tono más suave.
Júlia respiró hondo, intentando recordar.
—U na vez vi cómo guardaba una libreta pequeña en la ca ja fuerte.
Melvin esbozó una lev e sonrisa.
—F antástico. ¿Sabes la combinación de la caja? —p reguntó, con un tono alentador.
—N o.
—E ntonces llama a Londres, por favor, y pídela —s ugirió Melvin, mientras continuaba buscando en el ordenador.
Júlia hizo la llamada y, tras unos minutos, consiguió la co mbinación.
—932480331 —d ijo, con un tono que reflejaba tanto alivio com o tensión.
—Á brela, por favor —p idió Melvin, con a mabilidad.
Júlia abrió la caja fuerte, pero dentro no había ninguna libreta d e códigos.
—¿ Cómo? Déjame ver, por favor —d ijo Melvin, acercándose co n cuidado.
—M elvin, mira si hay un doble fondo —s ugirió Jaume desde la pantalla.
Melvin palpó las paredes internas de la caja fuerte y, tras unos segundos, encontró una pequeña trampilla.
—A quí está. ¿Es esta? —p reguntó, mostrando l a libreta.
—S í, lo es —r espondió Júlia, visiblemente más calmada, aunque aún agobiada por la situación.
Melvin abrió la libreta y leyó en voz alta:
—C loudadvanced MV2022, password : Theshinning1980. Pedazo de mujer retorcida —c omentó, con una mezcla de asombro y sarcasmo.
Con el ordenador frente a él, Melvin introdujo las credenciales y accedió a la carpeta de Cloudadvanced. Dentro encontró varias su bcarpetas:
• Escrituras/docs oficiales
• F otos 00-10
• F otos 11-19
• Fotos 20
• Empleados
• Patrimonio
• Finanzas
• Fede
Melvin descargó todo el contenido y lo guardó en un pendrive .
—B ueno, Júlia, creo que con esto podré avanzar bastante —d ijo, levantándose de l asiento.
—¿ Pero te lo puedes llevar? —p reguntó ella, con cierta pre ocupación.
—S í, tranquila. Respondo yo —a firmó Jaume desde el otro lado del teléfono.
Júlia asintió, y Melvin se marchó con su botín, reflexionando sobre la situación. Mientras caminaba hacia el ascensor, pensó en la fragilidad de Júlia. Pobre chica, la van a echar en cuatro días, comentó a Jaume antes de cerrar l a llamada.
De pronto, su mente se desvió hacia Ivana.
Se habían visto un par de veces y habían estado chateando con frecuencia en los últimos días.
Ivana, que al principio lo había encontrado insoportable, ahora parecía verlo con otros ojos.
Melvin lo notaba, y decidió invitarla a abrir los archivos de Marga juntos, hecho que Jaume seguro no hubiera aprobado, pero ahora necesitaba arriesgarse sentime ntalmente.
Barcelona, 19 de marzo de 2022
Melvin estaba nervioso. Ningún asesino al que había entrevistado fuera de prisión le había provocado el pavor que sentía al recibir a Ivana en su casa. Un científico de mi nivel debería comportarse con más aplomo, pensó, riéndose con amargura de sí mismo.
Su piso , exageradamente de soltero, pero limpio, estaba ubicado en una travesía cercana a la Plaça del Sol . Era un ático amplio, con una gran terraza decorada con sofás tapizados en tonos azul verdoso y un toldo de kevlar co lor crudo.