Expediente Serotonina Capítulo 4. Zürich #4
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Capítulo 4. Zürich #4

—E se hombre —q ue os ha dado place r— ha seguido sin parar, porque son l as reglas.

—¿ Reglas? ¿Pero qué puñetera mierda m e cuentas?

—S i vienes, juegas. Y si juegas, puedes perder: o el dinero o la vida. Y ya sabéis que la sesión ha sido grabada, precisamente para que nadie explique nada. Amanda ha tenido un accidente de coche, volviendo del trabajo a casa. Olvidaos del resto.

—¿ La vida? ¿Qué dices? ¿Cómo quieres que nos olvidemos? —d ijo Lanine, otra de las invitadas.

Marga avisó a Jürgen, y este a su ayudante, quien llevó a Amanda, ya sin vida, hasta el maletero del coche con el que habían venido las cuatro.

Lanine, Marie y Sophie no sabían qué hacer.

Acababan de ver morir a su amiga en medio de una fiesta y, ¿sin más, se iban a casa? Sophie le susurr ó a Marie:

—N os vamos directas a la policía. Prefiero que me llamen puta qu e asesina.

Jürgen acompañó a las tres mujeres hasta el ascensor.

A Lanine la cogió del brazo, le hizo una señal de amenaza y le dio un beso en la boca a modo de despedida.

Lanine le escupió en la cara y él se limpió con la manga.

El trío se marchó en el coche en el que habían venido, aterradas y arrepentidas de haber acudido a aque lla orgía.

Marga tenía el teléfono pegado a la oreja.

Lanine estaba llamando a su marido para explicarle lo sucedido.

Cuando este descolgó y ella empezó a hablar, el coche que conducía Sophie empezó a fallar: motor, frenos…

El veh ículo se aceleró de pronto y, a pesar de que Sophie pisa ba el freno con todas sus fuerzas, cada vez iba más rápido.

No había nadie en las avenidas. Lloviznaba.

Frente a ellas, una larga calle y un semáforo en rojo a cien metros.

Jürgen observaba toda la escena desde su tablet .

Se saltaron el semáforo a noventa por hora.

La recta llegaba a su fin; el puente Rudolf-Brun apareció frente a ellas.

Sophie intentó hacer un trompo para frenar, pero el BMW empezó a dar vueltas de campana y estalló en mil pedazos.

Jürgen cerró el iPad y preparó la maleta de Marga: debía marcharse rápidamente del país.

Marga se fue sola en uno de sus coches con matrícula italiana y atravesó la frontera suiza en un Lamborghini Huracán blanco de 2018 que, de forma camuflada entre las capas de su carrocería, estaba cargado de billetes de euros, libras, dólare s y joyas.

El dinero evadido poco a poco a Suiza era su salvación. A pesar de que lo llevaba consigo, nunca se habría planteado ir en coche si no llega a ser por la muerte de Amanda. Su plan era viajar en el jet alquilado desde Zúrich, pero la urgencia la obligó a cambiarlo.

Había dejado atrás la seguridad de su casa y el poco control que aún retenía sobre su vida. Ahora todo dependía de un coche y de un destino incierto.

Mientras conducía, la radio anunció una noticia alarmante: la policía suiza investigaba un trágico accidente de tráfico en el que cuatro mujeres habían perdido la vida, aparentemente por exceso de velocidad y alta tasa de alcoholemia.

Marga apretó el volante con fuerza; su rostro permanecía impasible, pero sus pensamientos la tra icionaban.

En Milán la esperaba un pequeño avión Embraer Legacy 450 para ocho pasajeros que la llevaría hasta el aeroclub ubicado entre Torroella de Montgrí y Pals.

Un coche la trasladaría hasta su casa de Torrent, la única que no quedaba afectada por un más que posible embargo, ya que estaba a nombre de sus padres.

Era una antigua masía del siglo XVII, totalmente restaurada y decorada con un gusto exquisito, hasta el punto de haber sido publicada en varias revistas de interiorismo y arquitectura.

Aunque alguna productora cinematográfica había solicitado rodar allí, Marga siempre se hab ía negado.

Cuando llegó al aeroclub, reinaba la calma. Sus hombres, desplegados estratégicamente, vigilaban la pist a y la casa club con d iscreción.

En la masía de Torrent, su fortaleza más protegida, Marga accedió a una cámara acorazada cuya existencia solo ella conocía. La puerta se abría mediante reconocimiento de iris. Allí dejó las joyas y los casi doce millones de euros, met iculos amente clasificados en diferente s monedas.

Antes de volver al aeroclub, se permitió un breve respiro. Preparó un zumo de tomate y lo bebió lentamente mientras repasaba mentalmente los siguientes pasos. Sin demora, regresó a la pist a para tomar el mismo avión privado con destino a Londres.

Comisaría de los Mossos d’Esquadra , Barcelona. Martes, 11 de febrero de 2022

—¿ Me acompañas a Londres, Melvin? —p reguntó Jaume, con un tono que mezclaba urgencia y dete rminación.

—¿ Para qué? —r espondió Peaks, levantando la mirada de sus notas.

—M arga parece e star allí.

—¿ Cuándo nos vamos? —r eplicó Melvin sin dudar.

—M añana. Quizá aún lleguemos a tiempo.

Melvin Peaks esbozó una sonrisa torcida, casi e mocionado.

—F ascinante. Vamos a Londres a buscar a esta obra maestra de la brutalidad. Nunca había visto un espécimen tan grotesco y despiadado. Es… un prodigio de la de pravación.