Expediente II: Casos de la Santa Compaña (La Santa Compaña 2) CAPÍTULO 12 - EL PASILLO DE LAS CAMPANAS
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CAPÍTULO 12 - EL PASILLO DE LAS CAMPANAS

INFORME PRELIMINAR

Después de las reapariciones registradas durante la semana anterior, comenzaron a detectarse alteraciones físicas dentro del edificio de archivos.

Pasillos que no figuraban en planos.

Puertas inexistentes.

Escaleras que conducían a niveles no registrados.

Y siempre…

Campanas.

Montenegro ya no abandonaba el edificio.

Había intentado salir dos veces.

Ambas terminaron igual.

Niebla.

Calles vacías.

Y finalmente…

el mismo edificio apareciendo otra vez frente a él.

Como si el lugar ya no estuviera conectado completamente con el exterior.

REGISTRO PERSONAL - MONTENEGRO

“Creo que el archivo está creciendo.”

Las paredes crujían durante la madrugada.

Los pasillos parecían desplazarse lentamente.

Y algunas puertas desaparecían al amanecer.

Pero lo peor comenzaba a las 03:13 AM.

Siempre a la misma hora.

INCIDENTE PRINCIPAL

La primera vez que apareció el pasillo ocurrió durante una caída eléctrica parcial.

Montenegro recorría el segundo nivel cuando escuchó las campanas.

No lejanas.

Dentro del edificio.

REGISTRO PERSONAL

“Sonaban detrás de una pared.”

El investigador siguió el sonido hasta encontrar algo imposible.

Un corredor donde antes no existía nada.

Largo.

Estrecho.

Cubierto completamente por humedad negra.

Y al fondo…

luces.

Velas.

Montenegro permaneció inmóvil observando la abertura.

Porque el aire que salía desde allí era helado.

Y olía a tierra mojada.

INFORME INTERNO

Ningún empleado reconoció posteriormente la existencia del corredor.

Sin embargo, varias cámaras de seguridad registraron interferencias exactamente en esa zona.

Montenegro ingresó.

Sabía que era un error.

Pero ya casi todo lo que hacía lo era.

El pasillo parecía interminable.

Las paredes estaban cubiertas por fotografías pegadas directamente sobre la humedad.

Miles de fotografías.

Todas de personas distintas.

Y todas tenían algo en común.

En cada imagen aparecía la procesión.

A veces al fondo.

A veces reflejada.

A veces apenas visible.

Pero siempre presente.

REGISTRO VISUAL

Las fotografías más antiguas parecían datar de finales del siglo XIX.

La Santa Compaña había sido registrada mucho antes de que Montenegro naciera.

Y entonces vio algo peor.

Fotografías recientes.

Tomadas dentro del edificio.

Él aparecía en ellas.

Durmiendo.

Caminando.

Leyendo expedientes.

Y detrás…

cada vez más cerca…

la figura del hombre vivo.

TRANSCRIPCIÓN - REGISTRO PERSONAL

“Ya no sé cuándo comenzaron a seguirme.”

Las campanas sonaban más fuerte conforme avanzaba.

El pasillo comenzó a descender lentamente.

Como una pendiente imposible.

Y entonces aparecieron las puertas.

Decenas.

Puertas antiguas alineadas a ambos lados del corredor.

Cada una marcada con nombres.

Montenegro sintió un escalofrío.

Porque reconoció muchos.

Lucía Peralta.

Marcos Fernández.

Tomás Rivas.

Los desaparecidos.

INCIDENTE SECUNDARIO

Una de las puertas comenzó a moverse lentamente sola.

Desde dentro…

alguien respiraba.

Montenegro retrocedió.

Entonces escuchó golpes.

Suaves al principio.

Después desesperados.

VOZ DESDE EL INTERIOR

“No abras.”

El investigador quedó paralizado.

La voz continuó.

“Si abres… ellos entran.”

Montenegro reconoció inmediatamente aquella voz.

Era la del fotógrafo francés desaparecido.

Las campanas sonaron violentamente.

Y todas las puertas comenzaron a temblar al mismo tiempo.

Golpes.

Gritos.

Llanto.

Decenas de voces atrapadas detrás.

REGISTRO PERSONAL

“Las puertas no contienen personas.”

Otra línea.

“Contienen caminos.”

El investigador avanzó desesperadamente por el corredor.

Y entonces encontró la última puerta.

Negra.

Sin nombre.

Cubierta completamente por cera endurecida.

Y detrás de ella…

silencio absoluto.

El peor silencio de todos.

Montenegro sintió inmediatamente la presión insoportable sobre sus brazos.

Porque sabía lo que había detrás.

La puerta de la Sala 14.

O algo conectado con ella.

TRANSCRIPCIÓN - REGISTRO DE AUDIO

respiraciones múltiples arrastres campanas cercanas

Y entonces una voz habló desde el otro lado.

La voz de Clara.

“No dejes que abran.”

Montenegro sujetó la manilla temblando.

La puerta estaba tibia.

No.

Latía.

Como un corazón.

Las luces del corredor comenzaron a apagarse detrás de él.

Una por una.

Oscuridad avanzando lentamente por el pasillo.

Y dentro de esa oscuridad…

aparecieron las velas.

La procesión.

Moviéndose hacia él entre las sombras.

Decenas.

Tal vez cientos.

Montenegro intentó correr.

El corredor había cambiado.

Ahora era más largo.

Mucho más largo.

REGISTRO PERSONAL

“El pasillo no quiere dejarme salir.”

Las figuras continuaban acercándose lentamente.

Sin apuro.

Como si supieran que el final era inevitable.

Y entonces vio algo imposible.

Las fotografías pegadas a las paredes comenzaron a moverse.

Las personas dentro de las imágenes golpeaban el cristal desde adentro.

Intentando salir.

Algunas gritaban.

Otras lloraban.

Y todas señalaban hacia el fondo del corredor.

La oscuridad estaba llegando.

Las campanas comenzaron a sonar ensordecedoramente.

La puerta negra empezó a abrirse sola.

Muy lentamente.

Y desde el interior…

emergió una mano cubierta de barro y cera blanca.

Después otra.

Y finalmente…

el rostro del hombre vivo apareció entre la abertura.

Pero esta vez no llevaba el peso invisible.

Porque algo más enorme se movía detrás de él dentro de la oscuridad.

Algo respirando.

Algo intentando cruzar.

Montenegro escuchó entonces la voz de Clara una última vez.

Desesperada.

“CIERRA EL PASILLO.”

Las luces explotaron.

Oscuridad total.

Y las campanas dejaron de sonar abruptamente.

Como si algo hubiera terminado de despertar.