CAPÍTULO 26 BAJO EL AGUA NEGRA #4
—Basta —dijo junto a su oído—. Si sigues, Varek hará caer el puente con todos encima.
—Lo hará cuando ya no me necesite.
—Puedo controlarlo.
Isolde miró la sangre que cubría la mano de Darian.
—Ni siquiera puedes controlar lo que te has convertido.
Varek entregó a Darian una tira de tela blanca.
—Átala.
Darian la rodeó con la tela por encima de la herida. Apretó hasta contener parte del sangrado. El gesto conservaba la precisión de las veces en que le había vendado las manos después del entrenamiento. Después anudó sus muñecas.
—Esto te mantendrá viva.
—Esto me mantendrá quieta.
Cael golpeó la barrera otra vez. El hielo entró por una grieta y cubrió el suelo. Morna disparó hacia la esfera que Varek sostenía. La flecha rozó el metal. Rheskan descendió desde la ladera y golpeó la luz con el ala sana.
La barrera se quebró.
Isolde clavó el hombro contra Darian. Ambos cayeron. Cael atravesó la abertura y chocó con Varek. Morna cortó la tela de las muñecas de Isolde.
—El núcleo está en el barranco —dijo—. Las líneas convergen allí.
Varek retrocedió hacia el conducto y sonrió.
—Exactamente.
Activó la esfera. El puente de Halen tembló en la distancia. Cael vio a sus soldados y a los refugiados sobre la estructura.
—Ve —ordenó Isolde.
—Estás herida.
—Ellos todavía pueden salir.
Cael quiso discutir. Morna le lanzó la llave de Skarde.
—Congela los pilares antes de que la crecida los alcance.
El príncipe miró a Isolde. Entre ellos había respeto, deuda y una guerra que ninguno podía resolver en aquel círculo.
—Encontraré otra ruta hacia el barranco.
—Saca a tu gente.
Cael corrió hacia el puente con Sigrid. Morna se quedó junto a Isolde.
Darian se incorporó. Tenía el labio partido y el anillo de compromiso colgando de una cadena en el cuello.
—El conducto termina en una plataforma sin salida —dijo—. Varek te está llevando allí.
—Tú cerraste todas las demás.
Isolde montó sobre Rheskan. El dragón apenas podía volar, pero la sostuvo. Morna subió detrás para mantener presión sobre la herida.
Darian levantó la mano hacia ella.
—Si cruzas el barranco, la Guardia te considerará enemiga de la regencia.
—Ya me quitaste el reino. Ahorra la ceremonia.
Rheskan se lanzó al vacío.
* * *
El núcleo brillaba dentro de una jaula de hierro sobre la plataforma del barranco. Las líneas azules descendían hacia el río, el puente y las torres de Caleryon. Cada pulso movía el agua unos centímetros más arriba.
Rheskan aterrizó con las patas delanteras y se desplomó sobre un costado. Morna ayudó a Isolde a bajar. La herida bajo las costillas ardía con cada respiración.
—Quédate con él —dijo Isolde.
—Mi trabajo consiste en quedarme contigo.
—Hoy consiste en evitar que el último dragón que podemos ver caiga al río.
Morna miró al núcleo y luego a Rheskan. Cedió con una maldición.
Isolde avanzó hacia la jaula. El vacío dejado por Ydrael latía dentro de ella. La máquina confundía aquella ausencia con una puerta y tiraba de su sangre para abrirla.
Varek salió del conducto.
—Llegas tarde —dijo.
—El puente sigue en pie.
—Durante unos minutos.
La plataforma tembló. A lo lejos, Cael levantó una franja de hielo sobre los pilares de Halen. Los refugiados avanzaban por encima mientras el río golpeaba la base.
Isolde apoyó una mano en la jaula. El metal le quemó la palma.
—La red utiliza mi sangre. Puedo cortarla.
—Puedes ocuparla —corrigió Varek—. Una heredera conectada al reino, incapaz de abandonarlo y dócil por el miedo a que cada desobediencia mate a alguien. Tu madre resistió años. Tú podrías durar más.
Isolde vio el eco de Maelia en la superficie del núcleo. Su madre seguía presa en otro lugar, quizá sintiendo el mismo tirón. El Círculo había perfeccionado una forma de convertir el amor en una cadena y llamar sacrificio a la persona atrapada dentro.
—Tendrás que buscar otra reina.
Sacó la daga que llevaba en la bota y cortó la línea más cercana. El río rugió. Varek atacó la jaula con la palanca de control. Una descarga derribó a Isolde y abrió de nuevo la herida.
Morna disparó. Varek usó la palanca para desviar la flecha.
Rheskan intentó levantarse. Una línea azul se enroscó en el ala herida y tiró de él hacia el borde. Morna dejó el arco y corrió a sujetar la cadena.
Isolde alcanzó otra vez el núcleo. A través del metal oyó las voces de la red: órdenes de Darian, sellos de Rhyne, nombres de capitanes obligados a obedecer. Encontró el hilo que descendía de la marca del regente.
Darian llegó a la plataforma con una docena de guardias.
—Apártate de la jaula —ordenó.
La magia obedeció. El metal expulsó a Isolde con un golpe que la lanzó contra la barandilla.
—Has venido a tiempo —dijo Varek—. Ella puede cortar tu autoridad si alcanza el centro.
Darian vio la sangre de Isolde sobre la piedra. Su rostro se contrajo.
—Entrégate. Los sanadores esperan al otro lado del puente.
—El puente está cayendo.
—Cael lo sostendrá el tiempo suficiente.
—Y después quedará aislado con su gente. Exactamente como queríais.
Varek giró la palanca. Las líneas que sujetaban a Rheskan se tensaron. El dragón arañó la piedra.
Isolde se incorporó usando la barandilla.
—Darian, si queda algo de la persona que conocí, suelta al dragón.
Él miró a Rheskan. Durante años había llevado carne a los patios para ganarse su tolerancia. Había reído cuando el dragón le quemó una capa. Había apoyado la mano sobre sus escamas la noche del compromiso.
—Si lo libero, atacará a la Guardia.
—Está intentando sobrevivir.
—Eso no cambia lo que puede hacer.
Darian colocó la palma marcada sobre el control. La red arrastró a Rheskan hacia una grieta lateral. Morna clavó los pies y aguantó la cadena hasta que un guardia la golpeó por detrás. Cayó sin soltarla.
Isolde se lanzó sobre la jaula. La daga penetró entre dos placas. Varek agarró su cabello y tiró de ella. Darian ocupó el otro lado del mecanismo.
—Detente —dijo él.
—Abre el puente.
—Primero entrega la red.
—Abre el puente y suelta a Rheskan.
Varek sonrió.
—La heredera aún cree que negocia.
El río cubrió los pilares de Halen. Cael mantuvo el hielo mientras el último carro alcanzaba la orilla. Después el centro del puente cedió y separó a Skarde del resto del valle.
Varek tiró de la palanca.
La jaula se abrió.
Isolde hundió la mano dentro del núcleo. El fuego le recorrió el brazo. Encontró el hilo de Darian y lo apretó. La marca de su muñeca se resquebrajó.
Él gritó.
Durante un latido, los capitanes recuperaron sus propios nombres. La Guardia vaciló. Morna se levantó y cortó la cadena de Rheskan. El dragón abrió el ala sana y golpeó a los soldados con una ráfaga de aire.
—¡Ahora! —gritó Isolde.
Rheskan saltó hacia la ladera. Morna se agarró a una de sus correas. El dragón buscó a Isolde con el hocico.
Darian recuperó el control antes de que ella pudiera alcanzarlo.
La agarró por la muñeca.
—No puedo dejar que vuelvas a Caleryon —dijo.
—Ya no quiero volver contigo.
—Si apareces viva, la regencia se convertirá en una guerra civil. Miles morirán por tu nombre.
—Morirán porque tú se lo entregaste a Varek.
Los ojos de Darian se llenaron de dolor. Su mano siguió cerrada.
Varek activó la última línea. La plataforma se inclinó hacia el río. Rheskan arañó el borde, intentando regresar. Morna gritó el nombre de Isolde.
Darian podía tirar de ella hacia la zona segura. También podía soltar la marca y permitir que Isolde destruyera el núcleo. Miró el valle, el puente roto y los estandartes de la regencia.
Eligió.
Golpeó con la espada el soporte que unía la plataforma al camino.
La piedra se partió entre Isolde y Rheskan.
—Darian —susurró ella.
Él le quitó la daga y la empujó hacia el lado que se derrumbaba.
—Perdóname.
Isolde cayó de rodillas sobre la placa inclinada. Varek retrocedió hacia el conducto. Los guardias cerraron la salida. Darian sostuvo la mirada de Isolde mientras la distancia crecía entre ambos.
—La heredera ha muerto en Cendral —ordenó—. Retirad a los hombres. Dejad que el río se lleve el cuerpo.
Rheskan lanzó un rugido que hizo temblar la montaña. Morna intentó saltar hacia Isolde, pero el dragón la apartó del derrumbe con el ala sana. La línea azul tiró de él hacia la grieta. Isolde extendió la mente y encontró silencio.
La placa cedió.
El río negro subió a recibirla.
Durante la caída vio a Darian junto a Varek, la marca rota encendiéndose otra vez alrededor de su muñeca. Vio a Rheskan desaparecer entre vapor y piedra. Vio el cielo reducido a una franja gris.
Después el agua la golpeó.