Exilio (Legado de Fuego 1) CAPÍTULO 15 VANGUARDIA #5
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CAPÍTULO 15 VANGUARDIA #5

Isolde se levantó con las piernas temblando.

—No voy a abrir la puerta como queréis.

—Entonces no la abriréis.

—Encontraré otra forma.

La mujer de la máscara sonrió con pena.

—Eso es lo que dijo vuestra madre.

La obsidiana volvió a oscurecerse. La figura desapareció. Ydrael quedó detrás de la puerta, encadenado y despierto.

La montaña tembló con más fuerza.

Desde arriba llegó un estruendo nuevo: no trompas. Gritos. El sonido de una parte del paso derrumbándose.

Lysandra miró el corredor.

—Tenemos que volver.

Isolde se quedó un instante más junto a la puerta. Apoyó la palma sobre la obsidiana.

—No voy a dejarte —dijo.

Ydrael no respondió con palabras.

Pero el calor que sintió bajo la mano era una brasa.

La cara norte

Cael no logró detener a Varyn.

Logró retrasarlo.

Había una diferencia, y en la cara norte de Cendral esa diferencia costó siete caballos, tres puentes de cuerda y demasiada sangre sobre la nieve.

Varyn descendía con sus compañías en formación cerrada, convencido de que la toma del paso justificaría cualquier precio.

Cael y Sigrid atacaban los flancos, cortaban rutas de suministro, hacían caer rocas donde podían y se retiraban antes de que los superaran.

Era una batalla para impedir que el otro lado llegara a tiempo.

—¡No entiendes lo que estás protegiendo! —gritó Varyn desde la ladera opuesta.

Cael levantó la espada, helada hasta la empuñadura.

—Entiendo que no te importa quién muere mientras puedas llamarlo victoria.

—¡Mi rey ha dado una orden!

—Tu rey ha dado una llave a personas que creen que una prisión es un reino.

Varyn se quedó quieto. Durante un momento, la nieve cayó entre ambos sin ruido.

—Hablas como un hombre que ha elegido a la heredera de Fuego por encima de su sangre —dijo al fin.

Cael sintió que el golpe era preciso. El golpe resultaba preciso porque Cael había puesto la vida de una mujer de Caleryon en la misma escala que los juramentos de su Casa. Ignoraba cuándo había ocurrido, y la acusación de Varyn deformaba aquella verdad.

—He elegido a la gente que está debajo de tus caballos —respondió.

Varyn dio la orden de cargar.

La nieve se convirtió en hielo bajo los pies de Cael.

Levantó una barrera. Sigrid derribó al primer jinete.

Morna, que había dejado la evacuación en manos de Lysandra y volvía con cuatro soldados, apareció por una grieta y disparó contra las correas de los carros de Varyn.

Las provisiones cayeron ladera abajo, arrastrando a varios hombres.

La confusión, antes que la derrota, rompió la línea de Skarde.

Cael aprovechó el hueco para llegar hasta Varyn.

Sus espadas chocaron una vez, dos, tres.

Varyn era más fuerte. Cael era más rápido cuando dejaba de intentar demostrar nada.

Peleó con el hielo bajo los pies, con el cansancio en los hombros y con la certeza de que si perdía, el paso se llenaría de hombres convencidos de estar haciendo lo correcto.

Varyn le cortó el brazo. Cael respondió con un golpe al costado. Ninguno cayó.

—Halvar te desheredará —dijo Varyn.

—Entonces al menos habrá hecho una cosa útil.

El comentario provocó una furia que Varyn no supo esconder. Atacó alto. Cael cedió, giró y golpeó la muñeca del jarl con el plano de la espada. El arma de Varyn cayó sobre la nieve.

Cael podría haberlo matado.

No lo hizo.

—Vuelve a Skarde —dijo—. Diles que Cendral no es una conquista.

Varyn escupió sangre.

—No eres rey.

—Gracias a los dioses.

Sigrid llegó antes de que los hombres de Varyn pudieran recuperar a su comandante. Puso una espada en el cuello del jarl.

—Retiraos —ordenó a las compañías—. O vuestro héroe vuelve a casa sin voz para dar órdenes.

Los soldados dudaron. Algunos bajaron las armas. Otros miraron a Varyn, esperando una señal. Él no dio ninguna. Únicamente miró a Cael con un odio tan personal que casi parecía dolor.

Al final, la fuerza del norte se retiró unos cientos de metros hacia una posición defensiva. No habían terminado. Únicamente habían dejado de avanzar.

Cael cayó de rodillas en la nieve cuando ya no podía verlos de cerca.

Sigrid se arrodilló junto a él.

—¿Estás herido?

—Apenas.

Ella lo miró con una mezcla de afecto y ganas de golpearlo.

—Aprendes frases extrañas cuando viajas al sur.

Morna apareció con un mensajero de Caleryon. El hombre llevaba una carta sin sello.

Cael la abrió. No reconoció la letra, pero sí el contenido.

La heredera ha entrado a la cámara. El Círculo prepara la última señal. Si quieres salvarla, vuelve al río antes de que la primera nieve cubra el fuego.

Cael levantó la vista. La nieve ya estaba cayendo más espesa.

—Sigrid —dijo—. Deja a Varyn con sus propias dudas. Tenemos que volver.

—¿A la cámara? —preguntó ella.

—Al río. Si el Círculo quiere que la heredera entre, quizá no tenga que abrir la puerta. Quizá solo tenga que hacer que no pueda salir.

Cael se puso de pie a pesar del dolor.

Detrás de él, la cara norte de Cendral seguía llena de hombres armados.

Delante, bajo la montaña, ardía un dragón que no podía defenderse solo.