Exilio (Triología Rayness 1) Capítulo 39
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Capítulo 39

Camden

Entretanto, cada vez somos menos. Últimamente, Yarrow y sus perritos falderos nos han estado dando caza. Sin ir más lejos, a mí hace dos días; aún cojeo un poco por culpa de la torcedura que me provocaron.

—Agh, ¿podríais parar? —gruñe Lute hacia Ben y Zoilo, que han aprovechado la oscuridad del escondite para besarse como si fuera el último día de sus vidas—. En serio, ¡como escuche un solo besuqueo más, os juro que os corto la lengua a los dos!

—Ya —advierto.

—Pero… —protesta la rubia, que se cruza de brazos haciendo un mohín.

—Deberíamos ponernos en marcha, es por la noche; y hay que aprovechar que la guardia disminuye a estas horas. Quizá con un poco de suerte lleguemos al norte de Grayer en un día o dos.

—¿Y si no están allí los demás? —cuestiona la treintañera.

—Estarán.

En respuesta, ella suspira y se pone en pie.

—Pues hala, ya habéis oído. —Hace un gesto con la mano, y separa a los dos chicos sin siquiera tocarlos—. En marcha.

Llevamos un buen tramo recorrido por las áridas tierras de Grayer, casi nos hallamos en la frontera con la parte norte, más cercana a Rayness. Es entonces cuando Ben decide hablar:

—¿Acaso sirvieron de algo las pintadas que hicieron los de Rayness en la embajada de Croth?

—Sí, hasta donde yo sé, se limitaron a contarlo en los periódicos y borrarlo —complementa Zolio un par de metros por detrás de mí.

—Esa es la cosa, idiotas. Por lo menos tuvimos visibilidad. Cuanta más gente sepa que existimos, menos nos van a ignorar —corrobora Lute por mí.

Suspiro sin que se den cuenta, lo cierto es que me he hecho la misma pregunta que ellos tantas veces… Son años los que llevamos así, y de momento estamos consiguiendo reunir gente, aunque la mayoría son Normales antisistema. En verdad quedamos poquitos Diferentes vivos fuera de Exilio.

Hace lustros que decidimos construir nuestra sede en el sur de Grayer, una tierra ya abandonada, por culpa de los pocos recursos que hay en ella. Pero nos sirve; es más, nos conviene. Los demás creen que es imposible vivir ahí, por lo que no suele ser frecuentado por gente ajena a La Perdura.

Eso no quita para que de cuando en cuando alguien dé un paso en falso y delate cualquier mínimo detalle sobre nuestro paradero. Es entonces cuando los únicos Diferentes que quedamos, huimos.

Sin embargo, esta vez solo será por una temporada. Esta vez tenemos un propósito.