Capítulo 37
Edgar
Llevo dos días dándole vueltas en la cabeza a la propuesta de Marc. Me aterroriza lo imprudente que puede llegar a ser este chico a veces.
Pienso en cómo poder ayudarle, pero en cuanto lo intento, la voz de mi padre resuena ordenándome que deje de ser tan problemático y molesto.
Que me quite de en medio, que deje de ser idiota y mire por mí.
Que, si todo sale mal y salgo perjudicado, será solo culpa mía.
Que no estoy a la altura de lo que Marc, Astrid y el mundo necesitan…
La lluvia repiquetea contra mi ventana. Es de noche, me lo dicen los rayos de luna que se cuelan en mi habitación; y reflejan sombras en la pared que bien se asemejan a los monstruos que siento al acecho.
No puedo dormir. Pero eso no es ninguna novedad.